‘Estados Unidos pretende crear un nuevo protectorado en Venezuela’

Luis Bonilla:
Luis Bonilla Molina es analista político y experto en pedagogía, nacido en el estado Táchira, en Venezuela. Además, es autor de obras sobre política venezolana y educación. | Cortesía
  • 10/01/2026 16:05

El analista político y pedagogo venezolano considera que el ataque militar que depuso a Maduro es el primer paso de una era colonial en la región. Advierte que, aunque el madurismo se escuda en un discurso “antiimperialista”, su fractura interna y su disposición a negociar con Washington revelan una élite preocupada por preservar poder y renta petrolera

La detención de Nicolás Maduro tras una incursión directa de Estados Unidos en Venezuela no solo sacudió la política interna del país, sino que, a juicio del analista Luis Bonilla, hizo estallar el orden jurídico internacional y abrió un escenario inédito para toda América Latina y el Caribe. En entrevista con El Polígrafo de La Estrella de Panamá, el docente, pedagogo y analista político venezolano advierte que la operación marca un punto de quiebre histórico: el paso de la presión diplomática y las sanciones a una intervención abierta que, bajo el pretexto de retomar el control del petróleo a favor de Washington, amenaza con convertir a Venezuela en un protectorado en pleno siglo XXI. Bonilla no esquiva matices. Lanza duras críticas al gobierno de Maduro, al que acusa de perseguir opositores y defenestrar la economía. Sin embargo, subraya que esto no puede ser justificación de la agresión estadounidense, que enmarca en una expansión imperial de Trump en el continente. La aparente facilidad con la que se ejecutó el asalto en el corazón del poder militar venezolano, las muertes que dejó la operación y el silencio posterior de las Fuerzas Armadas alimentan, según Bonilla, dudas sobre negociaciones previas y una élite dispuesta a pactar antes que resistir. Mientras tanto, una sociedad golpeada por la migración masiva, el colapso del salario y la represión enfrenta lo que el entrevistado define como un “desafío existencial”: salvar la república con democracia o resignarse a ser una colonia de Estados Unidos.

La intervención de EE. UU. en Venezuela y la detención de Maduro abrieron un escenario desconocido en el país. ¿Cómo analiza las implicaciones de este nuevo panorama?

Lo primero es que todo el orden jurídico internacional ha estallado por los aires. Lo que ocurrió fue una violación flagrante, desproporcionada e injustificada de la soberanía venezolana, bajo el pretexto de capturar a Maduro y a su esposa. Lo segundo es que Estados Unidos pretende crear un nuevo protectorado en Venezuela, que se abandone la concepción republicana y se pase a ser una colonia, algo inadmisible e inaceptable. No solo es una puñalada a la independencia de América Latina, sino también el inicio de un asalto a las riquezas de los países de la región, en una actuación en la que Estados Unidos desconoce toda norma. Yo he sido un duro crítico del gobierno de Maduro, pero nada justifica la violación de la soberanía.

¿Un protectorado en América Latina en pleno siglo XXI?

Nuestra reacción ha sido lenta en la región. A finales de noviembre, el Departamento de Estado publicó la Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos, donde relanzó la Doctrina Monroe: “América para los americanos (estadounidenses)”. Allí establece que las fronteras de Estados Unidos se extienden por todo el hemisferio occidental, lo que significa que los países de la región tienen que pedirle permiso a Washington para vender su energía y riquezas, comprar sus mercancías: todo pasa por la exclusividad de las empresas e intereses estadounidenses. Nada sin su autorización. Se lo dijo así a la ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, con las exigencias sobre la venta del petróleo y la advertencia de que habría colaboración. Entonces, sí, es posible la instalación de protectorados en la región.

Pero en esas condiciones se plantearía una colaboración en términos de subordinación a Estados Unidos; eso sería una contradicción del discurso antiimperialista del chavismo...

Es que hay que separar el proceso chavista del madurismo. El madurismo es la traición del proyecto con compromiso social que encargó Hugo Chávez entre 1999 y el año 2013, cuando fallece. Con el madurismo se rompió esa tradición y, por lo tanto, es de naturaleza distinta. Entonces, con el madurismo estamos ante una nueva burguesía que surge al calor de la riqueza petrolera y que, en consecuencia, prefiere la negociación con los Estados Unidos antes que el enfrentamiento. Antes del 3 de enero eso se venía dando: Trump dijo que había conversaciones con Maduro y este último lo confirmó, aunque no llegaron a un acuerdo. Dos semanas antes del asalto hubo registros de ingresos de aeronaves militares estadounidenses en el Caribe venezolano, sin respuesta ni denuncia del gobierno. Días antes, EE. UU. destruyó una fábrica de químicos, pero tampoco hubo respuesta. Es decir, en la cúpula madurista no había una actitud antiimperialista, sino una negociación para llegar a un acuerdo sobre el reparto del excedente de la renta petrolera.

Llama la atención la aparente facilidad con la que se dio el asalto y la detención de Maduro. Se habla de que fue entregado o de traiciones palaciegas. ¿Cuál es su lectura?

Lo primero a destacar, con mucho respeto, es que hubo muertos; algunos de ellos entregaron su vida en defensa de la patria. También murieron funcionarios cubanos que trabajaban en un esquema de cooperación en la guardia presidencial; es decir, sí hubo una respuesta hasta donde pudieron, pero aún no se ha dado una explicación satisfactoria sobre qué ocurrió con el conjunto de las Fuerzas Armadas. El secuestro del presidente Maduro no ocurrió en una urbanización civil ni privada: era su residencia, enclavada en la más importante base militar de Venezuela, el Fuerte Tiuna. Las numerosas baterías antiaéreas no tuvieron capacidad de respuesta. Estos helicópteros tienen que volar rasante, pudieron ser derribados con distintos tipos de armamento y no ocurrió.

Por el momento no hemos visto un desmoronamiento institucional ni tampoco grandes manifestaciones de la población. ¿Cuál cree que podrían ser los próximos caminos del devenir de la crisis en el chavismo o madurismo?

Dentro del madurismo, aunque con un discurso “antiimperialista”, posiblemente buscarán privilegiar recomponer la relación con los Estados Unidos para evitar más confrontación, lo que facilitaría la instauración de una situación colonial para Venezuela. El gobierno, ahora dirigido por Delcy Rodríguez, tiene que entender que para defender la soberanía deben tomar medidas que promuevan la unidad nacional. Eso implica la liberación de los más de 800 presos políticos; al menos 200 de estos son dirigentes sociales, sindicales y comunitarios. Hay detenidos tanto de derecha como de izquierda; además, muchos de los presos no militaban en ningún partido, eran personas comunes que fueron detenidas solo por expresar críticas al gobierno de Maduro. Lo segundo es devolver la legalidad a los partidos en general. Quizás en Panamá no se sabe, pero hay partidos de izquierda ilegalizados, como el Partido Patria para Todos, Tupamaros y hasta el Partido Comunista, intervenidos para luego imponerles dirigencias desconectadas de sus bases. El madurismo prefirió ser más duro con la izquierda que con el imperialismo norteamericano. Tiene que permitir que regrese la representación política real de los partidos políticos, el derecho a la movilización, la huelga y los derechos sociales y políticos.

En el caso de la oposición, especialmente de la encabezada por María Corina Machado, Trump la dejó a un lado. ¿Cómo ve su situación?

Hasta ahora, en la política venezolana, siempre ha habido fuerzas a favor y en contra de un mayor posicionamiento norteamericano en el país. El sector que representa María Corina siempre jugó a representar los intereses de Estados Unidos dentro del sistema electoral venezolano; el problema es que, al Estados Unidos plantear el fin de la república en favor de una colonia, ya no los necesita. A pesar de que tanto ella como Edmundo González gozan de algún liderazgo social importante, ahora Washington prefiere una junta de administración e intervención directa. Esa es la gran tragedia de las fuerzas políticas de derecha en el país: apostaron a ser fieles a los Estados Unidos, pidiendo sanciones que solo golpeaban a la población y no al madurismo, como en la primera administración de Trump, en el año 2017. Ahora que no los necesita, Washington los desechó y apuesta por los que considera que le dan más estabilidad; eso ha descolocado totalmente a la oposición de derecha. Queda ver si los remanentes del madurismo, representados en Delcy Rodríguez, deciden ser esa junta administradora colonial o plantean un gran acuerdo nacional con todas las fuerzas del país, de izquierda y derecha, que mantenga viva la república.

El presidente de la Asamblea, Jorge Rodríguez, anunció la liberación de un grupo de detenidos. ¿Sería esa la señal del camino que menciona de una supuesta apertura?

Hacemos votos para que cambien el rumbo y así salvar la república. Aún no se sabe; en las próximas semanas veremos si en los hechos cambian las cosas, pero hasta ahora no se ha dado ningún cambio. Al contrario, Delcy Rodríguez emitió un decreto de conmoción exterior, que manda a prisión a quien opine críticamente de la situación actual. Es decir, una profundización de la represión contra los sectores críticos, lo que confirma el rumbo del madurismo a favor de acercarse a los estadounidenses.

Así como lo describe, sería una suerte de “desafío existencial” de los venezolanos. ¿Qué puede hacer la población venezolana en condiciones tan adversas?

Parte del problema es que todos estos años de madurismo han mermado la potencialidad de resistencia del pueblo. Más de ocho millones de venezolanos y venezolanas están en situación de migración, de un total de 32 millones de habitantes que tiene el país; eso es enorme. Es decir, casi más del 25 % de la población está en situación de migración. No hay una familia en Venezuela hoy que no esté afectada por la migración, por lo menos de uno de sus miembros. Hemos vivido la destrucción absoluta del salario y de las condiciones materiales de vida. Eso implantó una dinámica de supervivencia que ha generado una terrible despolitización, la gente está solo concentrada en sobrevivir, no han tenido otra opción. Es otro de los resultados negativos de esa tragedia que ha sido, políticamente también, el período madurista, que canceló la agenda social del primer período del chavismo. El gobierno de transición de Delcy Rodríguez tiene la oportunidad de cambiar eso, pero está por verse. Si alguien no gana salario suficiente para comer, para cubrir sus necesidades básicas, está pensando en sobrevivir; no se le puede pedir que haga una opinión política coherente. Es una tragedia enorme que también le cuesta entender a América Latina.

Trump amenazó también a Colombia, México, Cuba y Groenlandia; en su momento, a Panamá, con quitarnos el Canal. ¿Cómo analiza la intervención en Venezuela en el contexto regional?

El problema es que la clase política latinoamericana, sea de derechas o de izquierdas, pareciera no tomar en serio a Trump; hay que tomarlo en serio. Lo que hizo es solo el comienzo. Piensan que es una cuestión extravagante y excéntrica que será coyuntural, pero ya estábamos advertidos con la publicación, a finales de 2025, de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Eso ya nos debió convocar a todos los latinoamericanos a hacer un frente en defensa de la región, pero nuevamente creímos que era solo papel, tinta sobre papel, y no la expresión de una política que incluso va mucho más allá de lo que está impreso en esa declaración de estrategia nacional. Ellos ven todo el hemisferio occidental como su frontera extendida y lo consideran su prioridad. Esto va más allá de la intromisión en Venezuela: es el inicio de toda una operación de reconfiguración que hay que entender también en el surgimiento de un nuevo orden mundial. Algunos analistas han planteado la decadencia de Estados Unidos y que podría surgir un nuevo orden liderado por China; pues ahora Washington está diciendo que sí, que el orden mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial (1945) se acabó, pero que ahora será un orden de repartos por zonas de influencia, donde para poder negociar con potencias emergentes como China lo harán con los territorios dominados, como América Latina y el Caribe. Lo mismo avanza en Rusia y Europa, donde la Unión Europea es la primera víctima en el reparto de Ucrania. Lo que buscan en Venezuela es un escenario de colonias; solo la unidad de los pueblos de la región puede frenar ese nuevo escenario colonial.

Luis Bonilla Molina
analista político y pedagogo venezolano
A finales de noviembre, el Departamento de Estado publicó la Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos, donde relanzó la Doctrina Monroe: “América para los americanos (estadounidenses)”. Allí establece que las fronteras de Estados Unidos se extienden por todo el hemisferio occidental”