Janaina Tewaney: ‘Panamá debe mantener una política exterior de balance y no alineamiento’

  • 21/09/2026 00:00

A las puertas del inicio de la Asamblea General de la ONU, la excanciller advierte que el país necesita una diplomacia que fije los intereses nacionales por encima de los extranjeros y con defensa activa de su neutralidad en tiempos de crisis internacional

La exministra de Relaciones Exteriores, Janaina Tewaney, coincide con otros analistas en que el escenario internacional atraviesa una transformación profunda que ha dejado desfasado el orden construido tras la Segunda Guerra Mundial. La distribución del poder entre las potencias ha cambiado, pero la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU, creada en 1945 y dominada por Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China, permanece prácticamente intacta. “Los centros de poder del mundo ya no compaginan con la realidad del Consejo de Seguridad”, sostiene. Aunque en la Asamblea General cada Estado tiene un voto, las decisiones coercitivas dependen del Consejo, donde persiste esa contradicción institucional.

Esta semana comienza la semana de alto nivel del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), donde se espera la participación del presidente de la República José Raúl Mulino. Sobre la mesa pesan el avance de la guerra, la crisis climática, los riesgos que plantea la inteligencia artificial y la urgencia de renovar los organismos multilaterales. En ese escenario, Panamá llega al encuentro mientras ocupa un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU y enfrenta amenazas a su soberanía, temas que analiza la exministra en entrevista con La Estrella de Panamá.

Transición turbulenta

China ocupa ahora un lugar mucho más importante, mientras otras potencias y actores regionales han adquirido mayor peso, como India o el propio Brasil en América Latina. Para Tewaney, cuando los centros de poder dejan de coincidir con las estructuras institucionales, también comienza a desaparecer la unidad de objetivos que permitió crear esas instituciones. El resultado es que la ONU está cada vez más limitada frente a conflictos como la guerra en Ucrania e Irán o el genocidio en Gaza.

Tewaney utiliza una imagen particularmente gráfica para describir este momento: “Es un parto doloroso que va a crear un nuevo bebé, un nuevo orden internacional”. Bajo esta lectura, señala que esa transición todavía no tiene una forma definida, en la que el nuevo sistema internacional no ha terminado de abandonar el orden anterior, pero tampoco ha terminado de construir el que viene. Un contexto en el que, subraya, no se puede descartar la aparición de nuevos conflictos o el agravamiento de algunos en curso.

Esa transformación también explica, desde su perspectiva, el debilitamiento del actual esquema multilateral y el cambio de comportamiento de Estados Unidos.

“Estados Unidos no puede tener el control ya del mundo, ha sido desafiado en el control de los océanos, sobre las líneas marítimas y en otras partes del mundo. Washington está atravesando un proceso de repliegue después de décadas en las que ocupó una posición central en el orden internacional”, afirma, parecido a lo que le ocurrió a Gran Bretaña a finales del siglo XIX.

No se trata solamente, sostiene, de una decisión asociada a un gobierno determinado como la actual administración de Donald Trump, sino de un fenómeno más amplio. El poder estadounidense ha sido desafiado en ámbitos que durante décadas fueron fundamentales para su influencia, tanto en lo comercial como en lo político e ideológico, poniendo en cuestión su capacidad para establecer las reglas del sistema internacional.

El vacío que deja una potencia en retirada, sin embargo, no necesariamente es ocupado inmediatamente por otra. Para Tewaney, esa es precisamente una de las características más complejas del momento actual. En lugar de una sustitución ordenada de un centro de poder por otro, están apareciendo múltiples potencias regionales que buscan ampliar su influencia.

China e India son parte de ese proceso, pero no son los únicos actores. Turquía también aparece como un actor regional con capacidad de influir. Un escenario que, subraya la exministra, no necesariamente se vaya a solucionar con una “única gran confrontación” entre Estados Unidos y China. Además, advierte que está el riesgo de la proliferación de más conflictos regionales vinculados con la competencia entre diferentes centros de poder.

En medio de esta fragmentación, Tewaney identifica un área en la que Naciones Unidas podría recuperar capacidad de convocatoria: la inteligencia artificial.

Esa tecnología podría convertirse en uno de esos objetivos comunes porque sus riesgos trascienden las fronteras nacionales, como han reconocido algunas de las grandes empresas que desarrollan esas herramientas. La excanciller considera que existe una necesidad urgente de establecer mecanismos universales de regulación y que Naciones Unidas podría asumir un papel de liderazgo en esa discusión. “La inteligencia artificial sin regulaciones y control ya es una amenaza real, ya no es un cuento del cine ni ciencia ficción”, advierte.

Panamá, el desafío de la neutralidad

Para la exdipómática, que durante su gestión al frente de la Cancillería Panamá fue elegido como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, señala que el país no puede observar el reordenamiento mundial como un espectador distante porque “su propia geografía e historia” lo coloca en el centro de las relaciones entre las grandes potencias. Considera que el país debe tener un rol de balance y defensa activa de la neutralidad en estos momentos de crisis.

Recordó que Panamá fue elegido con una “propuesta basada en el equilibrio”. Durante su gestión como canciller, explica, la candidatura panameña se construyó alrededor de la idea de que el país podía desempeñar un papel balanceado y contribuir a la generación de consensos. “Para conseguir el respaldo de los países al Consejo de Seguridad fuimos con la promesa de hacer como honor a nuestro rol en los años 70, con neutralidad y balance. Muchos países se sintieron cómodos con esa propuesta y por eso nos respaldaron”, señala.

Por esa razón, insiste en que el presidente Mulino debe aprovechar el espacio para reafirmar la postura de Panamá sobre la defensa de su soberanía, en momentos en que avanza la disputa chino-estadounidense y en un contexto en el que Washington ha amenazado directamente al país con tomarse el Canal.

“Pienso que el presidente debe reafirmar las verdades que han sido desafiadas por otros gobernantes en algún otro momento. Reforzar verdades acerca de la sociedad panameña y su progreso y buena gestión del Canal, que seguimos siendo una ruta segura”, dijo.

Piensa que, en el caso de los vínculos con China, no resulta conveniente analizar la relación bilateral exclusivamente desde la coyuntura de la rivalidad con Estados Unidos.

“El 80 % de la política exterior es lo que pasa tras bastidores. Yo hubiese tenido una discusión franca con ellos para explicarles la situación geopolítica nuestra. China es uno de los países más pragmáticos del mundo, aunque desde fuera aparenten ser dogmáticos en muchas cosas, se pudo llevar mejor este momento”, sostiene la exministra, quien piensa que, dadas las largas relaciones entre ambos países, que tienen en Panamá una de las diásporas más antiguas y arraigadas de la región, habría espacio para enfrentar las tensiones con mejor diplomacia, utilizando esas raíces como activo político. Algo que, subraya, puede darse sin negar la relación “histórica” con los Estados Unidos.

Tewaney destaca que debe distinguirse entre la neutralidad del Canal y la posición internacional del Estado panameño. El Canal tiene una condición jurídica de neutralidad establecida por los tratados internacionales, pero Panamá, como Estado, no es necesariamente neutral en todos los asuntos de política exterior. Ahí aparece una de las principales contradicciones estratégicas que el país debe resolver.

“Los panameños debemos tener esa conversación sobre lo que queremos. ¿Queremos ser o no un país neutral? ¿Qué tipo de neutralidad queremos: activa o pasiva? Pero el hecho es que el Canal sí es neutral y hay un tratado que firmamos que así lo establece y estamos obligados a cumplir. Es una situación compleja que debemos definir”, sostiene.

En un contexto tan particular de Panamá, con un Canal neutral, Tewaney insiste en que la política exterior del país debe ser “balanceada” y sin alineamientos.

“Tú no puedes alinearte a un país o una potencia. Tú puedes coordinar, cooperar, pero no alinearte a sus intereses. Porque tu interés nacional es la neutralidad (...) Panamá no puede darse el lujo de aislarse, radicalizarse y ser imprudente”, dijo.

La exministra enfatiza que, al final, la política exterior es una expresión de la política interna, mientras no se defina con claridad y como política de Estado cuáles son los intereses nacionales del país, en el que estén representados la voluntad del conjunto de la sociedad panameña, difícilmente se podrá construir una política exterior robusta y consistente.

“Lo que ocurre adentro del país se ve afuera, si existe mediocridad a lo interno, pues se proyectará mediocridad hacia fuera. Si existe falta de entendimiento de quiénes somos y hacia dónde vamos, eso mismo se transmite afuera”, señala.

También advierte sobre otro problema: Panamá podría perder relevancia si no utiliza adecuadamente su principal activo, que no es únicamente el Canal, sino su capacidad de conectar.

Esa conectividad, explica, es también diplomática. Panamá puede convertirse en un espacio donde distintos actores puedan conversar y establecer relaciones. Para ello, sin embargo, necesita una política exterior constante. “La política exterior es un trabajo sistemático y constante. Es predictibilidad, cuando eso se pierde, allí tenemos un problema”, afirma.