Batalla de Aguadulce: el triunfo liberal que redefinió la Guerra de los Mil Días
- 01/02/2026 00:00
Durante tres días de combate, las fuerzas liberales cercaron Aguadulce y tomaron el cerro El Vigía, sellando la derrota del principal bastión conservador del interior panameño
La Batalla de Aguadulce, librada entre el 21 y el 23 de febrero de 1901, constituye uno de los episodios militares más decisivos de la Guerra de los Mil Días en el istmo de Panamá.
Este enfrentamiento armado, que culminó con una victoria contundente del ejército liberal, marcó un quiebre estratégico en el control del interior panameño y consolidó el liderazgo militar del general Benjamín Herrera, una de las figuras más influyentes del liberalismo colombiano y panameño de finales del siglo XIX e inicios del XX.
La Guerra de los Mil Días (1899–1902) fue una guerra civil que enfrentó a los partidos Liberal y Conservador en Colombia, país del cual Panamá formaba parte en ese momento. El conflicto se originó en profundas tensiones políticas, económicas y sociales, exacerbadas por la exclusión liberal del poder, el centralismo conservador y una prolongada crisis económica.
Panamá ocupaba un lugar estratégico dentro de la contienda. Su posición geográfica, las rutas comerciales y la expectativa internacional sobre la eventual construcción de un canal interoceánico convertían al istmo en un territorio clave para ambos bandos. En el interior panameño, ciudades como Aguadulce, en la actual provincia de Coclé, se transformaron en bastiones militares de gran importancia.
A inicios de 1901, Aguadulce se había consolidado como el principal enclave conservador en el interior de Panamá. Desde allí, las fuerzas gubernamentales controlaban rutas, abastecimientos y ejercían presión sobre los movimientos liberales. El ejército conservador apostado en la ciudad estaba bajo el mando del general Francisco Castro, quien contaba con una posición defensiva sólida y con tropas bien pertrechadas.
Frente a este escenario, el alto mando liberal identificó la toma de Aguadulce como una prioridad estratégica para debilitar al enemigo y extender su influencia territorial.
En enero de 1901, el general Benjamín Herrera, comandante de las fuerzas liberales en el istmo, se desplazó hacia Aguadulce acompañado por destacados líderes panameños, entre ellos Belisario Porras, futuro presidente de la República de Panamá, y Victoriano Lorenzo, líder indígena y campesino cuya participación en la guerra representó una expresión de las tensiones sociales profundas del periodo.
Herrera intentó inicialmente una salida negociada. Según diversas crónicas históricas, exigió la rendición total del ejército conservador, ofreciendo condiciones que consideraba justas y orientadas a evitar un enfrentamiento sangriento. La propuesta fue rechazada por el general Castro, lo que selló el camino hacia la confrontación armada.
Tras el fracaso de las negociaciones, Herrera puso en marcha una estrategia cuidadosamente planificada. Entre el 21 y el 22 de febrero de 1901, ordenó el desplazamiento de sus tropas hacia Pocrí y el cerro El Vigía, una elevación estratégica desde la cual se dominaba visual y tácticamente la ciudad de Aguadulce.
El control del cerro El Vigía resultaba clave: desde allí se podía artillar la ciudad y quebrar las defensas conservadoras. Esta maniobra revela la experiencia militar de Herrera y su comprensión del terreno interiorano, donde la topografía jugaba un papel decisivo en los enfrentamientos armados.
La batalla decisiva comenzó el 23 de febrero de 1901 y fue descrita por historiadores como una de las más cruentas libradas en territorio panameño durante la Guerra de los Mil Días. El enfrentamiento se extendió durante varias horas, con intensos intercambios de fuego y maniobras de infantería.
Las fuerzas liberales lograron finalmente tomar el cerro El Vigía, lo que provocó el colapso de la defensa conservadora. Superadas en número y posición, las tropas bajo el mando del general Francisco Castro fueron derrotadas. Castro logró escapar junto a algunos oficiales, mientras que el resto del contingente conservador se rindió ante los liberales.
La victoria fue total y simbólicamente poderosa: Aguadulce, el principal bastión conservador del interior panameño, caía en manos liberales.
La victoria liberal en Aguadulce tuvo repercusiones inmediatas. Militarmente, permitió a los liberales consolidar su control sobre amplias zonas del interior del istmo y debilitó significativamente la capacidad operativa del ejército conservador en Panamá.
Desde el punto de vista político, la batalla fortaleció la figura de Benjamín Herrera como líder militar y estratégico, y posicionó a Belisario Porras como un actor clave del liberalismo panameño. Para muchos historiadores, Aguadulce demostró que el liberalismo contaba con apoyo popular y capacidad de organización en el istmo, un elemento que años más tarde influiría en los acontecimientos que condujeron a la separación de Panamá de Colombia en 1903.
La Batalla de Aguadulce ocupa un lugar destacado en la historiografía panameña como uno de los enfrentamientos más significativos de la Guerra de los Mil Días en el istmo. Más allá de su dimensión militar, representa un momento en el que confluyeron luchas políticas, tensiones sociales y liderazgos locales que marcaron el rumbo del país.
Hoy, más de un siglo después, Aguadulce sigue siendo recordada como escenario de una batalla que redefinió el equilibrio de fuerzas en Panamá y dejó una huella profunda en la construcción de su historia republicana.