Después del 9 de enero: así se reescribió la relación bilateral de Panamá y Estados Unidos
- 19/04/2026 00:00
El restablecimiento de relaciones en abril de 1964 marcó el inicio de negociaciones que transformarían el vínculo bilateral y abrirían el camino hacia nuevos tratados
En abril de 1964, apenas tres meses después de los enfrentamientos del 9 de enero, que sacudieron al istmo y rompieron relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados Unidos, ambos países dieron un paso que cambiaría el rumbo de su relación. El restablecimiento de vínculos diplomáticos y la decisión del presidente estadounidense Lyndon B. Johnson de iniciar conversaciones para eliminar las causas del conflicto marcaron el inicio de un proceso histórico que, años después, conduciría a la recuperación del Canal de Panamá.
Aquel acuerdo no fue un simple gesto protocolar. Fue la respuesta a una crisis que puso en evidencia el agotamiento del modelo de relaciones heredado de principios del siglo XX y la creciente presión del nacionalismo panameño por ejercer soberanía plena sobre su territorio.
La tensión entre Panamá y Estados Unidos llevaba décadas gestándose. Desde 1903, Washington ejercía control sobre la franja territorial conocida como la Zona del Canal, donde administraba y defendía la vía interoceánica con amplios poderes políticos, militares y económicos.
Para muchos panameños, la existencia de esa zona representaba una herida abierta: un enclave extranjero dentro del país que simbolizaba desigualdad, exclusión y dependencia. Las protestas contra esa situación habían surgido desde las primeras décadas del siglo XX, pero en los años sesenta el reclamo tomó una dimensión nacional.
El detonante inmediato fue el incumplimiento de un acuerdo alcanzado con el presidente estadounidense John F. Kennedy, que permitía izar la bandera panameña junto a la estadounidense en la Zona del Canal. La negativa de sectores estadounidenses residentes en la zona a cumplir el compromiso generó una indignación creciente.
El 9 de enero de 1964, estudiantes panameños marcharon hacia la Zona del Canal con la intención de izar la bandera nacional. Lo que comenzó como una manifestación simbólica terminó en enfrentamientos violentos con civiles y fuerzas estadounidenses.
Los disturbios se extendieron durante varios días y dejaron decenas de muertos y centenares de heridos. El país quedó conmocionado.
Ante la gravedad de los hechos, el presidente panameño Roberto Chiari tomó una decisión sin precedentes en América Latina: romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos el 10 de enero de 1964.
La ruptura tenía una condición clara: Panamá solo restablecería relaciones si Washington aceptaba negociar un nuevo marco que eliminara las causas del conflicto.
La presión internacional fue inmediata. Por primera vez, la situación del Canal se convertía en un tema de debate global.
Tras semanas de tensión diplomática y presión internacional, en abril de ese mismo año ambas naciones anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas.
El anuncio incluyó un compromiso histórico: iniciar conversaciones para eliminar las causas del conflicto entre Panamá y Estados Unidos. La declaración implicaba, en la práctica, aceptar que la relación basada en el antiguo tratado canalero debía revisarse.
Para Washington, la crisis panameña había dejado claro que la situación ya no podía sostenerse sin riesgo político y estratégico. En plena Guerra Fría, Estados Unidos buscaba evitar conflictos que alimentaran sentimientos antiestadounidenses en América Latina.
El presidente Johnson designó a un enviado especial para abrir el camino a las negociaciones. Panamá, por su parte, celebró el anuncio como una victoria diplomática.
Por primera vez, Estados Unidos reconocía formalmente que el problema del Canal debía ser renegociado.
El restablecimiento de relaciones no resolvió el conflicto, pero sí lo transformó. La disputa dejó de ser un enfrentamiento diplomático para convertirse en un proceso de negociación de largo plazo.
El tema central era el futuro del Canal de Panamá.
Panamá aspiraba a eliminar el carácter perpetuo del control estadounidense sobre el Canal, así como reducir la presencia militar en territorio panameño y obtener mayores beneficios económicos.
Mientras que Estados Unidos buscaba mantener la seguridad y operación eficiente del Canal, al considerarlo una vía estratégica global.
El contexto internacional influyó decisivamente en la decisión estadounidense de negociar. La Revolución Cubana había cambiado el panorama regional y Washington temía que conflictos no resueltos en América Latina alimentaran movimientos antiestadounidenses.
Panamá se convirtió en un caso emblemático: un país pequeño que desafiaba diplomáticamente a la mayor potencia del mundo.
La administración Johnson entendió que ignorar el reclamo panameño podía tener consecuencias políticas en toda la región.
El restablecimiento de relaciones fue, por tanto, una decisión estratégica tanto como diplomática.
Tras abril de 1964, comenzaron años de conversaciones complejas. En 1967 se alcanzaron acuerdos preliminares para nuevos tratados, pero fueron rechazados en Panamá por considerarse insuficientes.
El conflicto seguía abierto, pero el camino iniciado en 1964 ya no tenía retorno. Durante la década siguiente, el tema del Canal se convirtió en el eje central de la política exterior panameña.
El proceso iniciado en 1964 alcanzaría su punto culminante trece años después. En 1977, el líder panameño Omar Torrijos y el presidente estadounidense Jimmy Carter firmaron los Tratados Torrijos‑Carter, que establecieron la transferencia progresiva del Canal a Panamá.
La entrega final se completó el 31 de diciembre de 1999. Sin el restablecimiento de relaciones de abril de 1964, ese desenlace habría sido impensable.
Lo que comenzó como una crisis se convirtió en el primer capítulo de una nueva etapa en la relación entre Panameá y Estados Unidos. Un capítulo que terminaría redefiniendo la soberanía panameña y el futuro del Canal.