Juan Eligio Alzuru: el militar que proclamó una efímera segunda independencia de Panamá
- 10/07/2026 16:27
Su gobierno nació en medio de la desintegración de la Gran Colombia, pero las persecuciones políticas, el reclutamiento forzoso y la concentración del poder acabaron por aislarlo y precipitar su derrota.
La historia de las separaciones de Panamá de la antigua Gran Colombia suele recordar el movimiento encabezado por José Domingo Espinar en 1830 o la separación definitiva de Colombia en 1903.
Sin embargo, entre ambos episodios ocurrió un intento menos conocido, pero decisivo para entender la inestabilidad política del istmo en los primeros años republicanos: la segunda secesión de Panamá, liderada por Juan Eligio Alzuru.
Su gobierno apenas duró 50 días, entre el 9 de julio y el 28 de agosto de 1831. En ese corto tiempo pasó de ser un militar respetado por su trayectoria en las guerras de independencia a convertirse en un gobernante autoritario cuyo régimen terminó enfrentando el rechazo de buena parte de la población.
Su caída fue tan rápida como su ascenso: fue derrotado militarmente, sometido a un consejo de guerra y fusilado en la Ciudad de Panamá.
De independentista a oficial de la Gran Colombia
Juan Eligio Alzuru nació en Venezuela en 1791, en medio de una época marcada por las guerras de independencia hispanoamericanas. Inició su carrera militar en 1813 y combatió inicialmente contra las tropas realistas dirigidas por José Tomás Boves, uno de los comandantes más temidos durante la guerra venezolana.
Posteriormente fue enviado a Nueva Granada, donde cayó prisionero y fue incorporado al Batallón Numancia. Allí conoció al militar venezolano Luis Urdaneta, quien se convirtió en uno de sus principales aliados políticos y militares.
Ambos serían trasladados posteriormente a Lima y volverían a incorporarse a las fuerzas independentistas. Alzuru participó junto al mariscal Antonio José de Sucre en algunas de las principales campañas militares de Sudamérica, incluyendo las batallas de Pichincha (1822), Junín (1824) y Portete de Tarqui (1829), esta última durante la guerra entre la Gran Colombia y Perú.
Aquella experiencia le permitió construir una sólida reputación militar antes de ser enviado al istmo de Panamá.
Cuando Alzuru llegó a Panamá, en 1830, el territorio atravesaba uno de los momentos más complejos desde su independencia de España.
La Gran Colombia, creada por Simón Bolívar, se encontraba prácticamente desintegrándose. Venezuela y Ecuador avanzaban hacia su separación, mientras que la autoridad del gobierno central se debilitaba rápidamente.
En Panamá ya existía un antecedente separatista reciente. En septiembre de 1830, el general José Domingo Espinar proclamó la separación del istmo con la esperanza de preservar la unidad bolivariana. Sin embargo, tras recibir recomendaciones del propio Bolívar, decidió reincorporar el territorio a la Gran Colombia apenas unos meses después.
Aunque el movimiento terminó, las tensiones políticas permanecieron. Espinar mantenía el control militar de la provincia de Panamá, mientras que José de Fábrega dirigía la provincia de Veraguas. Las diferencias entre ambos derivaron en una disputa por el mando regional.
En febrero de 1831, Espinar marchó hacia Veraguas con parte del batallón Ayacucho para presionar a Fábrega, dejando temporalmente el mando militar de la ciudad de Panamá en manos de Alzuru.
Aprovechando el respaldo de los adversarios políticos de Espinar, Alzuru organizó un golpe interno. Cuando el general regresó a la capital fue arrestado el 21 de marzo y posteriormente enviado al exilio en Guayaquil.
Con ello, Alzuru quedó al frente del poder militar del istmo. Para reducir las tensiones con los sectores civiles, permitió que el doctor Pedro Jiménez asumiera el gobierno político mientras él conservaba el control de las fuerzas armadas.
Durante los meses siguientes comenzaron a llegar al istmo varios militares venezolanos que habían participado en la separación de Ecuador de la Gran Colombia. Entre ellos figuraba Luis Urdaneta, antiguo compañero de armas de Alzuru.
Los oficiales defendían la idea de que, si Venezuela y Ecuador ya habían abandonado la Gran Colombia, Panamá también debía seguir el mismo camino.
Sin embargo, el ambiente político se radicalizó. Dos generales acusados de espionaje fueron fusilados, aumentando las tensiones con el gobierno central de Nueva Granada y alimentando el temor de una ruptura definitiva.
El 8 de julio, Alzuru ordenó convocar una junta de autoridades y personalidades de la capital para discutir la separación del istmo.
El prefecto José Vallarino, encargado de dirigir la reunión, rechazó apoyar formalmente la iniciativa separatista pese al entusiasmo de parte de los asistentes. Al día siguiente fue destituido.
Una nueva junta, organizada por el jefe político Justo Paredes, aprobó finalmente la separación del istmo de la Nueva Granada el 9 de julio de 1831.
El nuevo gobierno estableció una estructura dual. José de Fábrega asumiría la conducción civil, mientras que Alzuru conservaría el mando militar.
Paradójicamente, ni siquiera Alzuru estaba completamente conforme con todas las disposiciones del acta separatista, aunque decidió respaldar el proceso.
Desde antes de la proclamación separatista, el gobierno de Nueva Granada había ordenado al general Tomás Herrera recuperar el control del istmo.
Herrera partió desde Cartagena con tropas del batallón Yaguachi. Aunque inicialmente no pudo desembarcar en la ciudad de Panamá, logró establecerse en Portobelo, donde comenzó a recibir apoyo de numerosos habitantes del Caribe panameño.
Mientras tanto, dentro de la capital, el comportamiento de Alzuru comenzó a deteriorar rápidamente su respaldo político.
El 30 de julio destituyó sin justificación a José de Fábrega del gobierno civil. Posteriormente ordenó el reclutamiento forzoso de alrededor de 1,100 hombres para fortalecer su ejército.
También confiscó propiedades de sus opositores, promovió persecuciones políticas y obligó al exilio a figuras influyentes como José Vallarino y Mariano Arosemena. Finalmente disolvió la Dieta, eliminó los contrapesos políticos y concentró todo el poder en sus manos.
En pocas semanas, el proyecto separatista se había transformado en un gobierno abiertamente dictatorial.
Las medidas autoritarias provocaron que buena parte de los sectores que inicialmente habían apoyado la independencia abandonaran a Alzuru.
Incluso algunos de sus propios enviados diplomáticos, José de Obaldía y Francisco Picón, terminaron incorporándose al ejército de Herrera. Gracias a estas adhesiones, Herrera logró avanzar desde el Caribe hacia el interior del istmo con cerca de 700 hombres entre soldados y voluntarios.
Simultáneamente, José de Fábrega regresó desde Veraguas con apoyo militar procedente de Ecuador para sumarse a la ofensiva.
Las fuerzas de Alzuru intentaron detener el avance en La Chorrera. El enfrentamiento decisivo ocurrió en la zona de La Boca, Río Grande y Bique.
Las tropas leales a Alzuru quedaron atrapadas en terrenos fangosos, donde sufrieron una contundente derrota que redujo considerablemente su capacidad militar.
Tras el revés, Alzuru huyó hacia Arraiján. Durante la retirada asesinó al alcalde del poblado, un hecho que terminó de aislarlo políticamente.
El 25 de agosto de 1831, Herrera recuperó la Ciudad de Panamá. Dos días después, las tropas combinadas de Herrera y Fábrega derrotaron definitivamente a Alzuru en las cercanías del río Grande.
Capturado tras la batalla, Alzuru fue trasladado a la Ciudad de Panamá. Un consejo de guerra lo encontró culpable y lo condenó a muerte.
El 29 de agosto de 1831 fue fusilado junto con Luis Urdaneta y otros oficiales que habían apoyado la insurrección. Con su ejecución concluyó la segunda secesión de Panamá.