Las guerras civiles que prepararon el camino para la separación de Panamá

  • 18/10/2026 00:00

Los intentos separatistas de 1830 y 1840, la creación del Estado Federal y la Guerra de los Mil Días forman parte de los antecedentes que explican la compleja relación entre Panamá y Colombia.

Durante el siglo XIX, Panamá quedó atrapado en las disputas entre liberales y conservadores, los enfrentamientos entre centralistas y federalistas y las intervenciones extranjeras. La Guerra de los Mil Días agravó una crisis política y económica que precedió a la separación de Colombia en 1903, aunque no fue su única causa.

Antes de convertirse en una república independiente, Panamá pasó buena parte del siglo XIX sometido a los conflictos políticos y militares que sacudieron a Colombia. La distancia entre el istmo y Bogotá, las disputas por la organización del Estado, la fragilidad de las instituciones y el valor estratégico de la ruta interoceánica hicieron de este territorio un escenario recurrente de rebeliones y enfrentamientos armados.

La separación del 3 de noviembre de 1903 no surgió de un acontecimiento aislado ni puede explicarse únicamente por la intervención de Estados Unidos. Sus antecedentes se remontan a las primeras décadas posteriores a la independencia de España, cuando las autoridades y los grupos políticos del istmo comenzaron a enfrentarse con los gobiernos establecidos en el interior de la actual Colombia.

Una reseña histórica de la Biblioteca Nacional sobre La Guerra de los Mil Días, explica que la antigua República de la Nueva Granada, posteriormente denominada Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y finalmente República de Colombia, atravesó un prolongado periodo de inestabilidad política. La guerra civil iniciada en 1899 fue uno de los episodios más sangrientos de ese ciclo de confrontaciones.

Sin embargo, para comprender por qué Panamá terminó separándose de Colombia, es necesario retroceder hasta 1821 y examinar cómo cambiaron las relaciones políticas entre el istmo y los gobiernos que ejercieron el poder desde Bogotá.

De la independencia de España a la unión con Colombia

El 28 de noviembre de 1821, Panamá proclamó su independencia de España y decidió incorporarse voluntariamente a la República de Colombia, proyecto político impulsado por Simón Bolívar que también se conoce como la Gran Colombia.

La decisión estuvo vinculada con las circunstancias políticas y militares de la época. Panamá era un territorio relativamente pequeño, con una población limitada y una posición geográfica estratégica, pero con dificultades para sostener por sí solo su defensa y su organización estatal. La unión con una república de mayor extensión ofrecía una alternativa ante las incertidumbres del nuevo orden político americano.

No obstante, la incorporación también planteó un problema que reaparecería durante todo el siglo XIX: cómo gobernar un territorio separado de la capital por grandes distancias, con comunicaciones terrestres difíciles y una economía condicionada por el tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico.

En The Independence of the Isthmus of Panama: Its Antecedents, Causes and Justification, publicado por Ramón M. Valdés, se recoge una interpretación contemporánea de las tensiones entre Panamá y Colombia. El documento sostiene que la distancia geográfica y las dificultades de comunicación con Bogotá contribuyeron al sentimiento de abandono de las provincias del istmo. Sin embargo, debe leerse teniendo en cuenta que fue publicado durante la separación y tenía el propósito explícito de defender y justificar la ruptura con Colombia.

La dificultad de administrar el istmo desde una capital distante no fue, por sí sola, una causa suficiente de separación. Se convirtió en un problema político cuando se combinó con las disputas sobre la distribución del poder, los recursos públicos y el control de las autoridades regionales.

Centralismo y federalismo: dos formas de entender el poder

Durante el siglo XIX, las diferencias sobre cómo organizar el Estado colombiano se convirtieron en uno de los principales motores de las guerras civiles. El debate enfrentaba a quienes defendían un gobierno central fuerte con quienes reclamaban una mayor autonomía para las regiones.

El centralismo concentraba buena parte de las decisiones políticas y administrativas en el Gobierno nacional. El federalismo, en cambio, proponía distribuir el poder entre el Gobierno general y los estados, con mayores competencias para las autoridades regionales.

Para Panamá, esta discusión tenía consecuencias directas. Su ubicación geográfica y su función como ruta de tránsito le otorgaban características económicas diferentes de las de las regiones agrícolas y mineras del interior colombiano. Los grupos políticos del istmo tenían intereses propios en materia comercial, fiscal y administrativa, y no siempre coincidían con las prioridades de Bogotá.

La investigación de Arminda González Fernández, ‘Buenaventura Correoso, caudillo del liberalismo popular panameño, luchas y legado (1855-1885)’, estudia precisamente las tensiones sociales y políticas del istmo durante la existencia del Estado Federal de Panamá. La autora examina el papel de Correoso, dirigente liberal, y los conflictos que marcaron la política regional durante la segunda mitad del siglo XIX.

El debate sobre el modelo de Estado no fue una simple diferencia teórica. En distintos momentos, las disputas por el poder desencadenaron rebeliones, cambios de gobierno y enfrentamientos armados que involucraron a Panamá.

Los primeros intentos de separación

Las tensiones entre el istmo y el Gobierno central se manifestaron mucho antes de la Guerra de los Mil Días.

En 1830, el general José Domingo Espinar encabezó un movimiento que proclamó la separación de Panamá de la República de Colombia. El episodio ocurrió en medio de la crisis de la Gran Colombia y de las pugnas políticas que acompañaron la desintegración del proyecto bolivariano. La separación no se consolidó y el istmo volvió a quedar vinculado a Colombia.

Una década después, en noviembre de 1840, el coronel Tomás Herrera encabezó otro movimiento separatista, en un contexto de rebeliones contra el Gobierno de la Nueva Granada. El istmo se constituyó entonces como Estado del Istmo, con un gobierno propio, aunque esa experiencia terminó en diciembre de 1841, cuando se restablecieron los vínculos con la Nueva Granada.

Estos episodios son importantes porque demuestran que el descontento político en Panamá no apareció de repente en 1903. Existían antecedentes de movimientos que cuestionaban la relación con el Gobierno central y defendían una mayor capacidad de decisión para el territorio.

El texto de Ramón M. Valdés de 1903 recoge ambos episodios como antecedentes de la separación definitiva. Aunque sus argumentos deben contrastarse con otras fuentes debido a su propósito político, constituye un testimonio de cómo los separatistas interpretaron retrospectivamente la relación entre el istmo y Colombia.

El Estado Federal de Panamá

Un cambio decisivo ocurrió en 1855, cuando se creó el Estado Federal de Panamá dentro de la Nueva Granada. La nueva organización otorgó al istmo una estructura política propia y una mayor capacidad de administración regional.

Posteriormente, la Constitución de Rionegro de 1863 estableció un sistema federal para los Estados Unidos de Colombia. Bajo ese modelo, los estados soberanos disfrutaron de amplias competencias, aunque continuaron sujetos a los compromisos y conflictos de la organización nacional.

La autonomía, sin embargo, no eliminó las rivalidades políticas. Los dirigentes regionales continuaron disputándose el control de las instituciones, mientras las divisiones entre liberales y conservadores se mezclaban con las diferencias entre facciones del propio liberalismo.

La tesis de González Fernández sobre Buenaventura Correoso ofrece una perspectiva para entender esa dinámica. Su estudio aborda las condiciones sociales y económicas del istmo, la estructura de su sociedad y el protagonismo de Correoso en el liberalismo popular, así como las dificultades que marcaron sus gestiones al frente del Estado de Panamá.

El federalismo permitió una mayor autonomía formal, pero no garantizó que las disputas por el poder desaparecieran. Las autoridades regionales seguían vinculadas a las confrontaciones nacionales, y las guerras podían alterar el equilibrio político del istmo incluso cuando sus habitantes no habían iniciado el conflicto.

La crisis de 1885 y el regreso del centralismo

En 1885, una nueva guerra civil sacudió a los Estados Unidos de Colombia. El presidente Rafael Núñez impulsaba una transformación política que buscaba fortalecer el Gobierno central y terminar con el amplio margen de autonomía de los estados federales.

El istmo también quedó envuelto en la crisis. Dos movimientos revolucionarios tomaron el control de las ciudades de Panamá y Colón, mientras un incendio destruyó buena parte de Colón. Estados Unidos envió infantes de marina para proteger sus intereses y garantizar el tránsito por el ferrocarril transístmico.

En The Panama Crisis of 1885 de David Davidovicz, se reconstruye la crisis y describe cómo la rebelión, el incendio de Colón y el despliegue de más de 1.200 marines estadounidenses convirtieron el istmo en un escenario de preocupación internacional. El estudio también relaciona los acontecimientos con los esfuerzos de Núñez por ampliar el control del Gobierno central.

La Constitución colombiana de 1886 reemplazó el sistema federal por una organización centralista. Los antiguos estados soberanos pasaron a ser departamentos, con una autonomía considerablemente menor que la que habían tenido bajo el orden constitucional anterior.

Para Panamá, el cambio significó el cierre de una etapa de autonomía estatal. La decisión reforzó las diferencias con los sectores que defendían una administración regional más independiente y alimentó un malestar que se sumó a otros factores económicos y políticos.

La intervención estadounidense de 1885 también dejó en evidencia otro elemento que marcaría el futuro del istmo: el interés de una potencia extranjera por mantener abierto y protegido el tránsito entre los dos océanos.

El Tratado del Wisconsin y el final de la guerra

La Guerra de los Mil Días concluyó formalmente en noviembre de 1902 con la firma del Tratado del Wisconsin, suscrito a bordo del buque estadounidense del mismo nombre, frente a la costa panameña.

El acuerdo puso fin a las principales hostilidades, pero no resolvió los problemas estructurales de Colombia. Las rivalidades partidistas, el debilitamiento de las instituciones y las tensiones entre el Gobierno central y las regiones seguían presentes.

El istmo había soportado años de confrontación y continuaba siendo un territorio de enorme importancia estratégica. Además, la posibilidad de construir un canal interoceánico había elevado el interés de Estados Unidos por controlar las condiciones de tránsito y garantizar la estabilidad de la ruta.

La guerra fue, por tanto, un antecedente decisivo de la separación de 1903, pero no debe interpretarse como una explicación única. El conflicto agravó las fracturas políticas y debilitó la relación entre Panamá y Colombia, mientras otros factores —entre ellos las disputas sobre el proyecto canalero y la intervención estadounidense— también influyeron en los acontecimientos posteriores.