¿Por qué Esteban Huertas no proclamó la independencia de Panamá el 24 de octubre?
- 25/10/2026 00:00
Antes del 3 de noviembre de 1903, los separatistas enfrentaban el temor de que sus planes fueran descubiertos. En ese clima de tensión, Huertas contempló una proclamación anticipada que finalmente no se concretó
Diez días antes de la separación de Colombia, la incertidumbre sobre el destino del istmo, los rumores de una intervención militar y el temor a que se descubriera la conspiración separatista pusieron a prueba a sus principales protagonistas. En medio de aquella tensión, el general Esteban Huertas llegó a considerar la proclamación anticipada de la República, una decisión que finalmente no tomó.
La historia de la separación de Panamá de Colombia suele concentrarse en el 3 de noviembre de 1903, cuando se consumó el movimiento separatista, y en la formación del nuevo Gobierno al día siguiente. Sin embargo, detrás de esas fechas hubo semanas de negociaciones reservadas, alianzas políticas, temores y decisiones que pudieron alterar el curso de los acontecimientos.
Uno de esos episodios ocurrió el 24 de octubre, cuando el general Esteban Huertas, jefe militar de las fuerzas colombianas acantonadas en el istmo, consideró proclamar por su cuenta la República de Panamá. El militar desistió de hacerlo, según el relato histórico recogido en La jornada del día 3 de noviembre de 1903 y sus antecedentes de Ismael Ortega Brandao. La decisión ilustra la fragilidad de la conspiración en sus últimos días y las dificultades que enfrentaban quienes pretendían separar el territorio de Colombia.
El episodio permite mirar el proceso independentista desde una perspectiva menos centrada en la ceremonia de proclamación y más atenta a la incertidumbre que precedió a la ruptura. Para entender por qué Huertas llegó a contemplar semejante posibilidad, es necesario retroceder a las tensiones políticas que se habían acumulado durante décadas y a la crisis que atravesaba Colombia en 1903.
A comienzos del siglo XX, Panamá todavía formaba parte de Colombia, pero la relación entre el istmo y el Gobierno central estaba marcada por prolongados desacuerdos políticos y económicos. La distancia geográfica respecto de Bogotá, las disputas entre centralistas y federalistas y la importancia comercial de la ruta interoceánica alimentaban una relación compleja, en la que las aspiraciones de autonomía habían aparecido mucho antes de 1903.
La Guerra de los Mil Días, librada entre 1899 y 1902, agravó esa situación. El conflicto enfrentó a liberales y conservadores y dejó al istmo afectado por la violencia, la inestabilidad y las consecuencias económicas de una guerra que comprometió recursos y vidas. La paz firmada en noviembre de 1902 no eliminó las diferencias políticas ni resolvió las aspiraciones de quienes defendían una mayor autonomía panameña.
En ese escenario, la cuestión del canal adquirió una importancia decisiva. La posibilidad de construir una vía interoceánica representaba una oportunidad económica extraordinaria, pero también planteaba interrogantes sobre quién controlaría el territorio y bajo qué condiciones se desarrollaría el proyecto.
En enero de 1903, el representante colombiano Tomás Herrán y el secretario de Estado estadounidense John Hay firmaron el tratado Herrán-Hay, que concedía a Estados Unidos derechos para construir el canal. Sin embargo, el Congreso colombiano rechazó el acuerdo en agosto de ese año. La decisión frustró las expectativas de quienes confiaban en que el proyecto canalero avanzaría mediante ese convenio y se convirtió en uno de los factores que precipitaron la crisis política del istmo.
El rechazo del tratado no explica por sí solo la separación, pero sí modificó el escenario en el que actuaban los promotores del movimiento separatista. Los intereses económicos, las diferencias políticas con Bogotá y la intervención de Estados Unidos confluyeron en un proceso que no fue espontáneo ni estuvo libre de controversias.
La historiadora Patricia Pizzurno de Araúz aborda estos antecedentes y reúne documentos y testimonios del movimiento en su obra La separación de Panamá de Colombia y el surgimiento de la República, 3 de noviembre de 1903. El libro constituye una referencia útil para estudiar las distintas voces y posiciones que participaron en aquellos acontecimientos.
El papel de Esteban Huertas resulta fundamental para comprender los días previos a la separación. En ese momento, Huertas comandaba el Batallón Colombia, una fuerza militar cuya posición sería determinante para el desenlace de la crisis.
El Gobierno colombiano comenzó a desconfiar de la lealtad de los mandos apostados en el istmo ante los indicios de una conspiración separatista. La preocupación de las autoridades se tradujo en medidas destinadas a sustituir a los responsables militares y recuperar el control de la situación.
La posición de Huertas era delicada. Como jefe militar, debía responder a una estructura de mando colombiana; al mismo tiempo, su participación en el movimiento lo colocaba ante la posibilidad de romper con esa autoridad. La eficacia de la conspiración dependía, en buena medida, de que las fuerzas disponibles no actuaran contra los separatistas en el momento decisivo.
Esa circunstancia ayuda a entender por qué la idea de proclamar la República antes de la fecha prevista podía parecer una salida ante la incertidumbre. Si el Gobierno colombiano descubría el plan, enviaba refuerzos o reemplazaba a los mandos sospechosos, la conspiración corría el riesgo de quedar desarticulada antes de ponerse en marcha.
El relato conservado en la Biblioteca Nacional describe un ambiente de inquietud entre quienes conocían el movimiento. Sus integrantes aguardaban noticias y temían que las autoridades colombianas hubieran descubierto el plan. La posibilidad de que se enviaran tropas al istmo intensificaba la presión sobre los conspiradores.
En medio de esa situación, Huertas consideró proclamar la República por iniciativa propia el 24 de octubre de 1903. La propuesta, según el testimonio, fue comunicada a varios de sus amigos, pero no llegó a concretarse.
La explicación que ofrece la fuente es reveladora: una proclamación aislada, sin coordinación con el resto de los participantes y sin las condiciones necesarias para sostenerla, podía resultar contraproducente. El relato sostiene que esa acción habría dejado al istmo expuesto a una respuesta colombiana y habría puesto en peligro las posibilidades de éxito del movimiento.
La importancia del episodio no reside únicamente en la posibilidad de adelantar la fecha de la separación. También permite apreciar el dilema que enfrentaban los dirigentes: actuar de inmediato para evitar que la conspiración fuera descubierta o esperar hasta contar con una coordinación suficiente para controlar las principales posiciones militares y políticas.
Una proclamación no garantizaba por sí sola la independencia efectiva. Para que el nuevo Estado pudiera sostenerse, era necesario neutralizar la capacidad de respuesta de las autoridades colombianas, asegurar la adhesión de otros sectores del istmo y evitar que el movimiento quedara reducido a una declaración sin respaldo institucional.
El relato sobre Huertas presenta su desistimiento como una decisión favorable al movimiento separatista. Sin embargo, la reconstrucción histórica exige distinguir entre lo que la fuente afirma que el general pensó, las razones que el narrador atribuye a su decisión y los hechos que finalmente ocurrieron. No se dispone, a partir de esa referencia, de evidencia suficiente para establecer con certeza todos los detalles de las conversaciones privadas del militar.
Lo que sí puede afirmarse es que el episodio refleja la tensión de los últimos días de octubre y la necesidad de mantener el secreto. El movimiento no dependía de una sola persona, aunque la posición de Huertas le otorgaba un peso militar considerable.
El 25 de octubre transcurrió en un ambiente de incertidumbre para los promotores de la separación. El calendario se acercaba a noviembre y todavía era necesario preservar el secreto de la conspiración, mantener los compromisos entre sus participantes y evitar que las autoridades colombianas intervinieran antes de que el plan estuviera listo.
La prensa también formaba parte de aquel escenario. Los periódicos liberales habían expresado críticas a la relación política con Bogotá y defendido posiciones favorables a los intereses del istmo. Al mismo tiempo, algunos dirigentes panameños mantenían gestiones reservadas con Estados Unidos para explorar la posibilidad de negociar directamente el proyecto canalero.
La conspiración reunía a personas con trayectorias e intereses distintos. Entre sus principales figuras estaban José Agustín Arango, Federico Boyd, Tomás Arias y Manuel Amador Guerrero. El respaldo de Huertas, desde su posición militar, representaba un componente esencial, pero el éxito del movimiento también dependía de las negociaciones políticas y de la capacidad de coordinar las acciones en la capital y en Colón.
A ello se sumaba un factor externo decisivo: Estados Unidos tenía un interés estratégico en la construcción de un canal interoceánico. La documentación diplomática estadounidense de 1903 permite examinar cómo Washington seguía la evolución de la controversia sobre el tratado y evaluaba las alternativas para construir la vía.
Del plan secreto al 3 de noviembre
La incertidumbre de octubre terminó dando paso a los acontecimientos que cambiaron la historia política del istmo. El 3 de noviembre de 1903, el movimiento separatista entró en su fase decisiva con la llegada a Colón del Batallón Tiradores, enviado desde Colombia bajo el mando de los generales Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya.
El propósito de las autoridades colombianas era reforzar su presencia militar y sustituir a los mandos cuya lealtad consideraban dudosa. Sin embargo, la coordinación entre los separatistas y actores vinculados al ferrocarril dificultó el traslado de las tropas hacia la ciudad de Panamá. Cuando Tovar y otros oficiales llegaron a la capital, Huertas ordenó su detención.
La neutralización de los mandos colombianos alteró el equilibrio militar y permitió que el movimiento avanzara. La separación fue proclamada el 3 de noviembre y el Consejo Municipal de Panamá respaldó la decisión. Al día siguiente se estableció una Junta Provisional de Gobierno integrada por José Agustín Arango, Federico Boyd y Tomás Arias.
Estos acontecimientos no deben reducirse a una acción individual de Huertas. La separación fue resultado de la convergencia de intereses políticos locales, desacuerdos acumulados con el Gobierno colombiano, expectativas económicas vinculadas al canal y la intervención de Estados Unidos. La participación de cada actor, así como el grado de apoyo popular al movimiento, han sido objeto de interpretaciones históricas diferentes.