Río Hato: la base de EE.UU. que Panamá recuperó hace 56 años
- 23/08/2026 00:00
Durante décadas, Río Hato estuvo bajo utilización militar estadounidense. Su entrega en 1970 marcó una nueva etapa en la lucha de Panamá por su soberanía
Durante décadas, Río Hato fue mucho más que un punto estratégico en la geografía de Coclé. Sus extensas tierras, su ubicación y su capacidad para albergar operaciones militares la convirtieron en escenario de la presencia estadounidense en Panamá y, posteriormente, en uno de los símbolos de la lucha por la recuperación de la soberanía nacional.
La entrega de la base militar el 22 de agosto de 1970 puso fin a 15 años de utilización estadounidense bajo el Acuerdo de Mutuo Entendimiento y Cooperación de 1955 y abrió un nuevo capítulo para un territorio que, con el paso de los años, volvió a transformarse.
La historia de la presencia estadounidense en Río Hato se remonta, sin embargo, mucho antes de aquella ceremonia de entrega. El 21 de enero de 1935, el danés Hans Peter Byberg Kierufl alquiló a Estados Unidos 7,676 hectáreas de terreno por un precio anual de $2,400. El acuerdo incluía, además, una opción de compra de las tierras a razón de $18 por hectárea.
Aquella operación se produjo en un contexto en el que Estados Unidos mantenía una amplia influencia militar y política sobre el territorio panameño, particularmente alrededor de la Zona del Canal. Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial ampliaría todavía más las necesidades estratégicas de Washington y llevaría a la utilización de nuevos espacios fuera de la región canalera.
En 1942, Panamá y Estados Unidos firmaron el Convenio Fábrega-Wilson, mediante el cual el Gobierno panameño autorizó a los estadounidenses a utilizar 134 sitios de defensa fuera de la Zona del Canal, incluyendo Río Hato.
La justificación estaba directamente relacionada con la Segunda Guerra Mundial y la necesidad de fortalecer la protección del Canal de Panamá y de otros puntos considerados estratégicos.
La base se convirtió en un espacio de importancia para las operaciones y entrenamientos militares. Su pista de aterrizaje, sus instalaciones y la extensión del terreno permitían el desarrollo de maniobras que difícilmente podían realizarse en otras zonas del país.
Al finalizar la guerra, sin embargo, surgió una nueva controversia. Aunque la amenaza bélica que había servido de justificación para la ocupación de numerosos sitios de defensa había desaparecido, Estados Unidos solicitó conservar alrededor de 14 de esas áreas fuera de la Zona del Canal. Río Hato figuraba entre ellas.
La propuesta quedó plasmada en el Convenio Filós-Hines, firmado el 10 de diciembre de 1947. El acuerdo buscaba permitir la retención de esos sitios estratégicos por parte de Estados Unidos, pero encontró una fuerte oposición en Panamá.
El rechazo popular fue contundente. El 22 de diciembre de 1947, el pueblo panameño expresó su oposición al convenio y a la permanencia estadounidense en esos territorios. Finalmente, los 14 sitios de defensa fueron devueltos a la República de Panamá.
La jornada quedó inscrita como uno de los episodios de movilización nacional en defensa de la soberanía panameña. Sin embargo, Río Hato volvería a quedar bajo utilización estadounidense años más tarde.
El 25 de enero de 1955, Panamá y Estados Unidos firmaron un nuevo Acuerdo de Mutuo Entendimiento y Cooperación. El documento incluía disposiciones relacionadas con diversos aspectos de las relaciones entre ambos países, pero uno de sus puntos más significativos para Río Hato quedó establecido en el artículo VIII.
La disposición señalaba que la República de Panamá permitiría a Estados Unidos la utilización exclusiva del área de Río Hato, sin costo y libre de cualquier gravamen, por un período de 15 años. El acuerdo también contemplaba la posibilidad de una prórroga, siempre que esta fuera aprobada mediante un nuevo entendimiento entre los dos gobiernos.
La autorización comprendía, además, el libre acceso y movimiento de los estadounidenses dentro de la zona.
De esta manera, Río Hato volvió a convertirse en un espacio de utilización militar estadounidense, esta vez bajo un acuerdo con un plazo definido que vencía en 1970.
Durante aquellos años, la base mantuvo una importante actividad militar. El área abarcaba aproximadamente 7,500 hectáreas y contaba con instalaciones que permitían el desarrollo de distintos ejercicios y entrenamientos.
La base fue hogar de la 139 Brigada de Infantería del Ejército de Estados Unidos en el Comando Sur. También contaba con una pista de aterrizaje de asfalto de unos 8,000 pies de longitud, equivalente a aproximadamente 2,700 metros, con capacidad para recibir aviones de carga C-130.
El sitio era utilizado para el entrenamiento de batallones y la realización de ejercicios de artillería y aterrizaje. En el área existían barracas, un pequeño comisariato y un edificio destinado a los suboficiales.
Por sus características, Río Hato se convirtió en una instalación de importancia para las operaciones militares estadounidenses en Panamá, incluso después del fin de la Segunda Guerra Mundial.
A medida que se acercaba el vencimiento del plazo establecido en el acuerdo de 1955, surgieron nuevas gestiones relacionadas con el futuro de la base.
El 2 de diciembre de 1969, mediante la nota número 501, el embajador de Estados Unidos en Panamá solicitó a la Cancillería panameña que la utilización de la base de Río Hato continuara en vigor después del 23 de agosto de 1970.
La propuesta fue rechazada por el Gobierno panameño, al considerar que resultaba inconveniente para los intereses del país en aquel momento.
El episodio estuvo rodeado, además, de una contradicción diplomática. Mientras desde Panamá se conocía la existencia de la solicitud para prolongar la utilización del área, el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Robert J. McCloskey, negó que dicha proposición hubiera sido presentada.
McCloskey sostuvo entonces que la zona ya no continuaba siendo esencial para las necesidades de Estados Unidos.
Más allá de la polémica, la posición panameña se mantuvo y la fecha de expiración del acuerdo no fue modificada. Así, se produjo la entrega formal de la base militar de Río Hato a Panamá, poniendo fin a 15 años de utilización estadounidense bajo el acuerdo firmado en 1955.
La recuperación del área fue celebrada como una jornada de reafirmación nacional. En los actos estuvieron presentes el presidente de la Junta Provisional de Gobierno, Demetrio Basilio Lakas, y el comandante de la Guardia Nacional, general Omar Torrijos Herrera, junto con otros miembros del Gobierno.
Estudiantes de diferentes planteles del país estuvieron presentes en las actividades, especialmente jóvenes vinculados a los movimientos y jornadas en defensa de la soberanía nacional. Entre los centros educativos representados figuraban el Instituto Nacional, el Instituto Rubiano y la escuela Ángel María Herrera de Penonomé.
La presencia de los estudiantes no era casual. La lucha por la recuperación de los territorios bajo control extranjero había sido acompañada durante décadas por movimientos estudiantiles que protagonizaron protestas y manifestaciones nacionalistas.
El acto de recuperación de Río Hato quedó así conectado con una historia más amplia: la de las reivindicaciones panameñas por recuperar el pleno control sobre su territorio.
Un día después de la entrega, el 23 de agosto de 1970, Omar Torrijos y Demetrio Lakas izaron la bandera panameña en la antigua base militar estadounidense.
El acto simbolizó la transferencia definitiva del sitio a la jurisdicción panameña.
Para el Gobierno de entonces, la recuperación de Río Hato representaba también un paso dentro de un proceso más amplio de descolonización y de fortalecimiento de la soberanía nacional, una agenda que continuaría siendo central durante las negociaciones que, años después, conducirían a la firma de los Tratados Torrijos-Carter.