¿Adicta al adicto?
- 04/07/2026 00:00
La codependencia afecta a familiares y parejas de personas con adicciones. Reconocer sus señales es el primer paso para romper un ciclo de desgaste emocional
Primero amigo lector partamos por definir qué es adicción. Es una enfermedad crónica caracterizada por la búsqueda y consumo compulsivo de sustancias o, de mantener comportamientos destructivos muy a pesar de que sus consecuencias sean dañinas para sí mismo o para su entorno.
Ello implica, una incapacidad para controlar la conducta, implica también la dependencia física o psicológica y, claramente, afecta profundamente la calidad de vida de todos, las relaciones laborales, sociales, familiares y, claro está la salud, incluida la mental.
Existen múltiples adicciones, por ejemplo, a las drogas (ilegales y legales), al juego, sexo o trabajo, solo por mencionarle algunas. Dentro de las drogas legales podemos tener el alcohol, cafeína, tabaco o medicamentos de venta libre como analgésicos.
La conducta del adicto pasa a desestabilizar todos los ámbitos de la vida que le rodean, provocando relaciones tóxicas emocionales y enfermizas.
¿Es posible hacerse adicto al adicto? Lastimosamente ¡sí! quiera o no aceptarlo... el entorno del adicto además de ser desconsolador y desesperante, carga una complejidad en cuanto al desconocimiento del abordaje. Todas las situaciones provocadas por un adicto en su entorno más inmediato comparten un denominador común: La existencia de un rol de conducta que afecta extensivamente a todos los miembros del sistema, generando alteraciones en el funcionamiento del mismo; es decir, aparece un problema nuevo añadido que afecta al núcleo de convivencia.
Cuando se habla de adicciones, casi siempre, la atención se centra en quien consume o actúa de x manera en una actividad recurrente y sin frenos. Sin embargo, existe otro fenómeno silencioso que afecta profundamente a quienes están cerca: la codependencia. Recuerde amigo lector, para lograr solucionar un problema, primero, hay que aceptarlo.
Popularmente se describe como “hacerse adicto al adicto”, pero en realidad no se trata de una adicción química, sino de un patrón emocional que puede volverse igual de absorbente, tóxico y destructivo.
La codependencia ocurre cuando el bienestar, la identidad y la estabilidad emocional de una persona comienzan a girar casi exclusivamente alrededor de alguien con una adicción.
¿Cuándo empieza a considerarse codependencia? No se trata de un momento exacto, sino de un proceso. Suele reconocerse cuando aparecen de forma constante varios de estos patrones:
Muchas veces dentro de estas situaciones y, por evitar el abandono, una persona incluso puede poner en riesgo su vida si el adicto es promiscuo y no se cuida ni por él o ella ni por nadie, arriesgando a su pareja a tener enfermedades venéreas como sífilis, gonorrea, clamidia o VIH.
Aparecen roles o patrones particulares como: el héroe, o sea, el hijo perfeccionista orientado al logro y competitivo para desviar la atención del adicto. El chivo expiatorio o la oveja negra, que es el hijo rebelde que actúa mal para ser el foco de atención, enmascarando el problema real. También está el hijo perdido, quien suele mostrarse como el callado y solitario, busca invisibilizarse para no dar problemas ni recibir atención. Y, por último, la mascota: usa el humor y el sarcasmo para aligerar la tensión familiar.
¿Por qué se desarrolla la codependencia? La codependencia no surge por debilidad, tengámoslo claro. Generalmente es un patrón aprendido y, muchas personas que la experimentan, crecieron en entornos donde hubo adicciones o disfuncionalidad, enfermedad mental o inestabilidad emocional pues, desde pequeños, aprendieron que el amor implica sacrificio extremo, responsabilidad excesiva o hacerse cargo de las emociones de otros.
Sí. La codependencia se puede trabajar y transformar. El proceso suele incluir: terapia individual para fortalecer autoestima y límites. Aprender a diferenciar apoyo de sobre-responsabilidad. Reconstruir identidad, intereses y proyectos propios.
Salir de la codependencia amigo(a), no significa dejar de amar. Significa aprender a amar sin perderse a uno mismo.