Anna Marissa Altieri: ‘Si yo pude salir adelante, cualquiera puede’

Para la creadora de ‘Sin Vergüenza’, la importancia radica en cómo se encaran los problemas, con un propósito por delante.
  • 09/06/2026 00:00

La empresaria y comunicadora repasa el origen de su pódcast ‘Sin Vergüenza’, reflexiona sobre la salud mental, la resiliencia y el propósito de vida, y comparte cómo sus propias experiencias personales la llevaron a construir un espacio dedicado a escuchar, acompañar y derribar tabúes dentro de la sociedad panameña

Empresaria cafetalera, comunicadora y creadora del pódcast ‘Sin Vergüenza’, Anna Marissa Altieri ha convertido sus propias heridas en una plataforma para escuchar y acompañar a otros. Convencida de que cada experiencia dolorosa puede transformarse en propósito, ha construido una comunidad que encuentra en sus conversaciones un espacio para hablar de salud mental, familia, fe y crecimiento personal. En diálogo con ‘MÍA: Voces Activas’ de La Estrella de Panamá, comparte las lecciones que han marcado su camino en un proyecto que tiene amplia repercusión tanto en Panamá como en el resto de la región.

¿Cómo nació la idea de crear tu pódcast ‘Sin Vergüenza’?

Realmente nació por pura casualidad. Fueron mis hijos quienes insistieron en que hiciera un pódcast. Yo ni siquiera sabía bien qué era un pódcast. Siempre había consumido noticias tradicionales o programas de entrevistas en televisión, pero no era consumidora de este formato.

Creo que los pódcast tuvieron un gran auge durante la pandemia, al menos en Panamá. Luego, cuando me adentré en este mundo, me di cuenta de que Panamá estaba rezagado, porque en gran parte de Latinoamérica y Estados Unidos los pódcast ya marcaban tendencia y eran uno de los contenidos más consumidos.

Mis hijos me decían: ‘Mamá, tienes mucho que decir, mucho que aportar en un pódcast’. Pero yo no me atrevía. Pensaba: ‘¿Quién me va a escuchar? ¿De qué voy a hablar?’. Ellos insistían en que tenía facilidad para comunicarme y conectar con las personas.

En ese momento yo estaba atravesando una transformación física importante. Toda mi vida había tenido problemas de peso y uno de mis entrenadores me pidió una entrevista para sus redes sociales sobre cómo el ejercicio había influido en mi vida y en mi cambio personal. Esa entrevista se volvió viral.

Cuando ocurrió eso y mis hijos seguían insistiendo con la idea del pódcast, decidí lanzarme al agua. Una semana después estaba sentada con un equipo diciendo: ‘Ayúdenme a hacer esto realidad’. Y así comenzó todo.

Todo ocurrió muy rápido....

Sí. No tuve tiempo de analizarlo demasiado. Todo se fue dando como tenía que darse. Creo que era el momento correcto. No son nuestros tiempos, sino los tiempos de Dios. Él fue abriendo el camino y poniendo a las personas correctas en el momento indicado.

¿Hace cuánto comenzó esta aventura?

Ya llevamos dos años y medio sin parar. Muchos pódcast funcionan por temporadas, pero ‘Sin Vergüenza’ no ha tenido pausas. Semana tras semana publicamos un episodio.

Eso me llena de satisfacción porque demuestra que la gente tiene interés en consumir contenido que aporte, que edifique y que vaya más allá de lo banal. Descubrí que existe un público ávido de recibir ayuda, de ser escuchado, de sentirse visto y de romper mitos, prejuicios y tabúes que todavía existen en nuestra sociedad.

¿Qué tan necesario considera que es un espacio como ‘Sin Vergüenza’ para abordar temas que muchas veces siguen siendo tabú?

Ha sido muy importante. Empecé contando mi propia historia porque quería demostrar que no debemos sentir vergüenza de nuestras vivencias. Todos caemos en algún momento, pero lo importante es cómo nos levantamos y qué aprendemos de esas experiencias.

Yo dejé de preguntarme “¿por qué me pasa esto?” y empecé a preguntarme “¿para qué me pasa?”. Cuando te quedas en el “por qué”, te conviertes en víctima. Cuando descubres el “para qué”, encuentras propósito.

‘Sin Vergüenza’ vino a llenar ese propósito en mi vida. Es profundamente satisfactorio encontrarme con personas desconocidas que me dicen: ‘No me conoces, pero vi tal episodio y me ayudó con mi hijo’ o ‘ese episodio me salvó la vida’. ¿Qué más puedo pedir? Para mí eso es un regalo.

¿Cómo defines hoy tu propósito de vida?

Yo soy un instrumento de Dios. Esto no se trata de mí. Dios me está utilizando a través del pódcast para llegar a personas que necesitan una voz de aliento, que no se sienten vistas, escuchadas o valoradas.

Quiero transmitirles que importan, que tienen valor y que todos venimos a esta vida con un propósito. Todos.

De todas las historias que has escuchado en el programa, ¿hay alguna que te haya marcado especialmente?

Sería injusto mencionar una sola. Estamos cerca o incluso ya hemos superado los cien episodios, y cada uno me ha dejado algo distinto.

Cada conversación ha sido profundamente humana. Yo ni siquiera las considero entrevistas. Son conversaciones sin guion. No envío preguntas previamente. La gente llega y simplemente conversamos.

Muchos episodios testimoniales impactan profundamente, sobre todo cuando escuchas a personas que han enfrentado intentos de suicidio, pérdidas dolorosas o situaciones que tú misma has vivido. Ahí puedes ponerte en sus zapatos y entender exactamente lo que sienten.

También me apasiona seguir aprendiendo sobre el comportamiento humano. Por eso invito a psicólogos, psiquiatras y expertos en distintos temas. Creo que entender cómo funcionamos nos ayuda a relacionarnos mejor, a desarrollar empatía y a evitar juzgar a los demás, porque todos cargamos con una historia detrás.

A veces una sonrisa, una llamada o una invitación a tomar un café puede cambiarlo todo.

Tú mismas has compartido experiencias difíciles de tu vida. ¿Cómo transformas esas adversidades en una herramienta para ayudar a otros?

Precisamente porque salí adelante. Porque estoy viva. Porque hubo momentos en los que no quería vivir y, sin embargo, Dios me mantiene aquí.

Si yo pude, cualquiera puede.

Nada merece que alguien te robe la paz. Durante mucho tiempo permití que me la robaran. Por baja autoestima toleré situaciones que no debía tolerar. Y eso no ocurrió porque me faltara amor en casa; al contrario, crecí en una familia muy amorosa.

Sin embargo, hay muchas personas que nunca han escuchado un ‘te quiero’, nunca se han sentido importantes o parte de algo. Algunas terminan escondiéndose o haciéndose daño.

Por eso creo que la gran pandemia actual es la salud mental. Todos deberíamos atenderla. No hace falta tener un problema grave para acudir a terapia. Debería ser tan normal como ir al ginecólogo o al pediatra.

Todavía existen estigmas en Panamá. Hay personas que sienten vergüenza de que las vean entrando al consultorio de un psicólogo o psiquiatra. Yo pienso todo lo contrario: son valientes porque están trabajando en sí mismas y buscando ser mejores personas.

En el pódcast has tenido que colocar advertencias debido a comentarios ofensivos en redes sociales. ¿Cómo crees que esos prejuicios afectan especialmente a las mujeres?

Las redes sociales han traído muchas cosas positivas, pero también han generado mucho daño. La gente vive comparándose con lo que ve en internet, y eso no es real.

Siempre digo que las redes muestran únicamente lo que queremos enseñar. Incluso las mías. Hoy estoy arreglada porque vine a una entrevista, pero normalmente estoy inmersa en las actividades cotidianas.

Siento que las redes han fomentado una cultura de apariencias y competencia permanente. Entre las mujeres se ha perdido mucho el sentido de sororidad. Se compite demasiado y se ha dejado de lado el apoyo mutuo.

Yo creo que debemos volver a lo básico. Estoy de acuerdo con que la mujer se desarrolle profesionalmente, crezca y se realice. Pero también debemos seguir cultivando valores fundamentales, la familia y la capacidad de construir relaciones sanas.

Las mujeres tenemos muchísimo poder e influencia. Podemos utilizarlo para construir, apoyar y ayudar a crecer a quienes nos rodean.

Mi filosofía es sencilla: si yo crezco como persona, quiero que quienes están a mi alrededor también crezcan. No creo en competir; creo en ayudar y contribuir.

Además de su labor en el pódcast, formas parte de Altieri Specialty Coffee junto a tu familia. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Es una experiencia maravillosa. Somos cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres, y además nuestras cuñadas están muy involucradas en el negocio.

Al principio yo era la directora comercial, pero la empresa ha crecido muy rápido, al igual que el mercado del café de especialidad. Hemos trabajado con alma, vida y corazón.

Este proyecto lo inició mi papá hace muchos años. Antes de la pandemia los hijos tomamos las riendas con una meta muy clara: queríamos que nuestros padres vieran en vida en lo que podía convertirse Altieri Specialty Coffee. Gracias a Dios lo hemos logrado.

Trabajar en familia nos ha permitido fortalecer los valores que nuestros padres nos inculcaron. Siempre nos enseñaron que la familia está por encima del dinero. Hemos aprendido a complementarnos, respetando las fortalezas de cada uno.

Esa ha sido una de las claves de nuestro éxito.

Para finalizar, volvamos al tema del propósito. ¿Cómo te imaginas dentro de 20 o 30 años?

Bueno, definitivamente más vieja. Y ojalá viva.

Me imagino disfrutando de mis futuros nietos, porque mis hijos ya son adultos. Me encantan los niños, así que seguramente estaré muy involucrada en esa etapa.

También me veo siguiendo con el pódcast y con el café, porque esto no es un trabajo para mí; es una vocación.

Y quizás, dentro de 20 o 30 años, viviendo en Boquete, en la finca. Si Dios lo permite y los planes que tenemos se concretan, me gustaría recibir allí a las personas y seguir replicando lo que aprendimos de nuestros padres: hacer que todos se sientan bienvenidos. Por eso nuestro lema siempre ha sido: ‘Welcome to the family’ (Bienvenido a la familia, en inglés). Queremos que cualquier persona que trate con nosotros o visite Altieri Specialty Coffee se sienta parte de la familia.

Anna Marissa Altieri
Empresaria y comunicadora
Yo dejé de preguntarme ‘¿por qué me pasa esto?’ y empecé a preguntarme ‘¿para qué me pasa?’. Cuando te quedas en el ‘por qué’, te conviertes en víctima. Cuando descubres el ‘para qué’, encuentras propósito.”