Carlos Iván Zúñiga Guardia, jurista y abogado (primera parte)

El interviniente se refirió a Zúñiga como jurista y abogado, categorías no idénticas como se presume, porque esta dimensión de su tránsito vital nos acomuna como colegas, aunque de generaciones y senderos diferentes.
El abogado se acerca más, y termina identificado con la figura del procurator ad litem, que resume la figura del defensor procesal ya en la República, y del cual Cicerón es el exponente más representativo.
  • 25/07/2026 00:00

Palabras del Dr. Carlos Cuesta Gómez en el Homenaje al Patriota Carlos Iván Zúñiga Guardia en la Procuraduría de la Administración en la ciudad de Panamá el 14 de noviembre de 2024

Carlos Iván Zúñiga Guardia (1926-2008) ha sido justamente honrado por sus conciudadanos, no solo porque mediante la Ley 17 de 21 de abril de 2010 se resaltan sus aportes a la consolidación de la nacionalidad panameña y se instituye el día 14 de noviembre, fecha de su fallecimiento, como el día del Patriota, sino porque en la memoria colectiva de los panameños sigue latente su legado de conciencia de la dignidad nacional, rechazo a la injerencia militar en la vida política, lucha contra la corrupción y promoción de la justicia social

Los panameños recordamos sus batallas cívicas por una educación integral nutrida en valores como fuente de cultura para el desarrollo de una sociedad intelectual, como escribe uno sus descendientes más jóvenes, hoy diputado a la Asamblea Nacional.

Carlos Iván, como lo conocimos, fue Rector Magnífico de la Universidad de Panamá, diputado, abogado, periodista, educador y fundamentalmente patriota, además de consagrado defensor de los derechos ciudadanos.

También ejerció por poco tiempo el cargo de Ministro de Educación.

En esta ocasión quiero referirme a él como jurista y abogado, categorías no idénticas como se presume, porque esta dimensión de su tránsito vital nos acomuna como colegas, aunque de generaciones y senderos diferentes.

Juristas y abogados en Roma

A pesar de la existencia de instituciones jurídicas en los pueblos de la Antigüedad con sus ordenamientos normativos más o menos complejos, nos dice categóricamente Ricardo Rabinovich-Berkman, que ninguna cultura desarrolló algo semejante a la abogacía, pues ésta puede ser considerada, sin la menor duda, uno de los fenómenos más idiosincráticos de la civilización del Lacio.

Agrega, con fina ironía este profesor argentino, que absolutamente todas las versiones de la abogacía que existen ahora son deudoras de la creada en Roma. Los ingleses agregaron la peluca, los franceses los cuellos de armiño, las togas blancas se volvieron negras etc., pero siempre, allí detrás están los debates del viejo foro.

En cuanto a su origen, sus fuentes se encuentran en los tiempos confusos en que el Ius era dicho por los sacerdotes y las cuestiones atinentes al Derecho estaban limitadas a los jefes de las gentes patricias, al Pater Familias.

Por lo tanto, en caso de conflictos derecho que involucraran a alguno de sus subordinados-protegidos, el Pater “es llamado para” (en latín, ad vocatus) hablar en nombre del interesado, acusar o demandar en su nombre, o defenderlo, o lo que fuera necesario.

La evolución llevará a este defensor a tratar también las causas de personas extrañas al consorcio familiar y clientelar y la actividad irá paulatinamente conformándose en una profesión propiamente dicha.

El abogado, nos dicen las fuentes del Derecho Romano clásico, asiste al cliente antes y durante el juicio con la presentación de pruebas y alegatos.

No es abogado, el jurista o consejero jurídico, ni las otras figuras que podríamos denominar coadjutores de los litigantes en el sentido amplio de la palabra.

El abogado se acerca más, y termina identificado con la figura del procurator ad litem, que resume la figura del defensor procesal ya en la República, y del cual Cicerón es el exponente más representativo.

El procurator ad litem, también llamado orador o patrocinador, asume técnicamente la defensa y la representación procesal.

En Roma, no se exigió que el orador o abogado fuese experto en Derecho, del resto tampoco los magistrados, ni los jueces debían serlo; pero usualmente se hacían asesorar por los juristas para las cuestiones estrictamente jurídicas, por lo que la común ecuación que hoy se hace de abogados- juristas, no es históricamente correcta.

El jurista, fue creador e innovador de la ciencia jurídica, no era el abogado que peroraba por sus clientes, ni conmovía los ánimos de jueces y jurados con bellas imágenes retóricas. Tampoco era un simple leguleyo, ni un copista de fórmulas y documentos, ni lo que hoy podríamos denominar un profesor de Derecho.

Era un ciudadano de la clase noble, profundo conocedor de las cosas divinas y humanas, del mundo y de los hombres, que con sabiduría absolvía las interrogantes de quienes necesitaban un consejo jurídico, inclusive de magistrados y jueces, sin exigir una remuneración económica, lo que elevaba su autoridad y estima.

Hubo grandes oradores, con gran conocimiento de retórica y dialéctica como Cicerón, quien también dominaba el Derecho Civil, y hubo grandes juristas, como Servio Sulpicio Rufo, que fueron hábiles abogados, pero fueron la excepción.

La regla era que quien cultivaba la jurisprudencia no fuese un gran orador, y que los excelsos oradores no tuviesen profundos conocimientos jurídicos, pero siempre ha habido honrosas excepciones en la historia de los pueblos y entre nosotros, puedo afirmar categóricamente que Carlos Iván Zúñiga fue un notable jurista y también un gran orador, y esto último desde los años mozos de su juventud.

Ficha

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.