Carmen Aristegui y Juan Gabriel Vásquez ponen en valor el poder de la palabra ante la polarización

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez y la periodista mexicana Carmen Aristegui, moderados por la periodista Rita Vásquez.
Aristegui citó el discurso del primer ministro canadiense Mark Carney como una forma poderosa de ejercer la palabra.
La profesión periodística debe reivindicarse más que nunca.
  • 01/02/2026 00:00

La periodista Carmen Aristegui y el escritor Juan Gabriel Vásquez reflexionaron en el Festival de Ideas de CAF sobre los riesgos de la desinformación, y la responsabilidad del periodismo en un contexto marcado por la posverdad y la influencia de las redes sociales

En un contexto en el que la toxicidad y la desinformación inundan el debate público, entender la realidad nunca ha sido un ejercicio tan complicado como en los tiempos actuales. Más aún si los populismos autoritarios y los algoritmos de las redes sociales buscan marcar pauta en la agenda pública y condicionan los términos en los cuales los ciudadanos deberían manejarse en el debate.

Dentro de todo ello, aquellos que usan las palabras como instrumento de trabajo – ya sean periodistas e intelectuales – están llamados a reivindicar el pensamiento crítico, la honestidad y la civilidad frente a aquellas voces que se limitan a amplificar el ruido o a profundizar la división.

Este singular panorama se abordó el pasado 27 de enero en el panel ‘Ocuparse de lo público’, en el que participaron tanto el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez como la periodista mexicana Carmen Aristegui, siendo moderados por la también periodista Rita Vásquez.

Un evento que se llevó a cabo dentro de la agenda de conversatorios prevista en el Festival de Ideas CAF ‘Voces por nuestra región’, el cual sirvió de antesala para el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, que reunió a numerosos empresarios, líderes políticos y figuras de opinión más destacadas de la región.

El panel empezó con una inquietud en torno al rol de la palabra en el espacio público. Para Aristegui, las palabras y lo público han perdido peso ante una humanidad expuesta ante tantos estímulos como nunca antes los ha habido en la historia. Sin embargo, llamó a reivindicar a la palabra como una herramienta poderosa capaz de agitar las conciencias.

“La palabra es una herramienta importantísima para la humanidad”, precisó Aristegui, asegurando que los acontecimientos recientes en el Foro Económico de Davos (Suiza) pusieron de manifiesto más que nunca que los discursos son capaces de establecer agendas.

En concreto, la periodista citó el discurso del primer ministro canadiense Mark Carney quien sentenció sin ningún tipo de ambages que el orden mundial tal como era conocido se fulminó con la nueva actitud de Estados Unidos hacia sus aliados tradicionales como los países europeos al despreciarles por su postura en defensa de Groenlandia.

“Un discurso palabra por palabra, con puntos y comas, con silencios. Un discurso de alcance planetario. (...) La palabra de lo que nos importa a todos es fundamental e insustituible”, aseguró.

Aristegui también sitúa el poder de la palabra en el presidente estadounidense Donald Trump, quien afirmó que su único límite era el suyo moral.

“Este es el retrato a cuerpo entero de un autócrata y de un ejercicio del poder, en unas pocas palabras (...) La palabra acaba siendo la herramienta más humana y poderosa. En lo privado y en lo público, es fundamental, por más que suene obvio”, precisó.

Por su lado, Vásquez aseguró que estamos ante un escenario en el que el mundo está enfrentando una crisis del lenguaje que va asociada a la degradación de la política que, a su juicio, promueve Trump a la cabeza y alertó del potencial de la inteligencia artificial como un instrumento destructor de la democracia.

“La inteligencia artificial puede ser un mecanismo poderoso de manipulación, adoctrinamiento y de destrucción de las democracias totalmente potente (...) Los famosos chatbots están diseñados con modelos de lenguaje para producir realidades sustitutas a la actual. Este es un panorama al que deberíamos tener mucho miedo”, advirtió el también columnista de la edición América del diario El País.

Seguidamente, Vásquez abordó la responsabilidad de los periodistas, intelectuales y escritores en la construcción de una ciudadanía mejor ilustrada e informada. Remontándose a la tercera página de ‘La Peste’ del escritor francés Albert Camus, aseguró que la tarea es contar las cosas tal cual sucedieron. Algo que hoy en día, parece una tarea titánica.

El ejemplo está en aquellos que califican como pacífica la toma del Capitolio estadounidense por parte de los seguidores de Trump, quienes no aceptaban su pérdida de las elecciones del 2020 frente a Joe Biden o más recientemente en el asesinato de la ciudadana Renee Good a manos de las autoridades federales en medio de las protestas contra el servicio de inmigración en Minnesota (Estados Unidos). Un hecho de sangre que la administración Trump justificó calificando a Good como “una terrorista doméstica” que agredió a los policías en la zona donde fue asesinada.

Vásquez se va más allá y cita la novela ‘1984’ del británico George Orwell en la que, entre otras ideas, se expresa que el poder decir libremente las cosas tal cual sucedieron, permite que las demás libertades se puedan dar por añadidura. “Decir ‘esto ha sucedido’ es una forma de resistencia”, remachó.

Sobre la construcción de la verdad, Aristegui apeló a la responsabilidad desde un punto de vista profesional, especialmente ante los periodistas que se ven envueltos por la actual competencia que existe en el internet por captar la atención de quien sea, con todo tipo de estímulos.

“Atrapar la atención pública es un desafío gigantesco y, por eso, vemos lo que vemos y tenemos fenómenos de competencia descarnados que lleva tanto a periodistas, generadores de contenido, medios de comunicación y a todo el mundo a disputar esa atención con un volumen de generadores de contenido diversos. Hoy en día, la sociedad tiene la posibilidad de emitir mensajes y una persona que se dedica profesionalmente en los medios o a generar contenidos como periodista o escritor puede generar unas audiencias gigantescas como los ‘youtubers’ u otras personas con gran influencia en sus sociedades”, reflexionó la directora de Aristegui Noticias.

Si bien la periodista resaltó la parte satisfactoria del panorama para los generadores de contenido como lo puede ser la exposición masiva de los contenidos a un público mayor, Aristegui también puso el acento en la predilección de los sistemas digitales a todo aquello que genere clics, aunque ello implique entrar en esquemas peligrosos como los discursos de odio y otros elementos que practiquen de manera continua la confrontación y la desinformación. Ello conforma una industria en sí misma que arrastró a los periodistas en un dilema: si uno no está ahí, no existe.

“Hay que estar donde la gente está, pero esta dinámica endemoniada que nos ha llevado a terrenos muy preocupantes y que nos envuelve en un debate ético y de divergencia permanente hacia lo que ocurre, y la forma en la que buscamos cómo se pueden consumir nuestros contenidos”, agregó.

En este sentido, Aristegui llamó a los periodistas a reivindicar su profesión como profesionales que contrastan, verifican y cumplen con las normas éticas antes de publicar una noticia, asumiendo de esta forma un conjunto de responsabilidades de las que otros no se hacen cargo en la esfera digital. “La confianza, la responsabilidad y la credibilidad son las bases de un periodista. Estas son las mismas bases que los líderes autocráticos han querido minar para desacreditar a los periodistas. (...) La batalla es díficil, es una disputa bastante dispareja, pero hay que darla”, añadió.

En relación a la necesidad de un pensamiento crítico en tiempos complejos, Vásquez puso sobre la mesa la idea de que hay una sociedad que acepta sin límites la mentira, que “pide encarecidamente que le mientan”. “La diferencia entre la verdad y la mentira, cuando no es políticamente rentable, cuando no responde a nuestras emociones o alineaciones políticas, es que no nos importa la verdad”, precisó.

Por su parte, Aristegui quiso manifestar un mensaje de optimismo: por más deplorable que sea el contexto, hay que seguir creyendo en la humanidad cuando el ciudadano se expresa ante el abuso y la arbitrariedad de los autoritarismos. También hizo énfasis, en el reforzamiento de los juicios y prejuicios en las redes sociales como parte de un fenómeno grave en el que la tecnología fomenta una cierta uniformidad en torno al discurso.

Vásquez fue mucho más allá y afirmó que hay una alianza entre los populismos autoritarios, mayoritariamente los de extrema derecha, y los dueños de las redes sociales, quienes coinciden en un deseo: un ambiente sin reglas ni cortapisas en el que ellos pueden manejarse como consideren conveniente. “No quieren ser censurados por mentir o incitar a la violencia en las redes sociales. Aunque parezcan palabras gastadas, debemos apostar por un modelo de ciudadanía en el que predomine el diálogo y la tolerancia”, precisó el escritor.

Aristegui cerró el panel con este mensaje: Están equivocados aquellos que piensan que leer, pensar o informarse críticamente no sirve para nada.

Juan Gabriel Vásquez
Escritor colombiano
Aunque parezcan palabras gastadas, debemos apostar por un modelo de ciudadanía en el que predomine el diálogo y la tolerancia.”