Celulares, redes sociales y la ‘reconfiguración’ de la infancia
- 01/05/2026 00:00
Como respuesta a la creciente exposición de niños y adolescentes a celulares y contenidos en plataformas digitales, diversos países han establecido normas de protección, una tendencia a la que Panamá busca unirse por medio del Proyecto de Ley 426
Estamos ante la “gran reconfiguración de la infancia”. Entre 2010 y 2015, la naturaleza de la niñez sufrió una metamorfosis radical; la migración masiva de la vida real al ecosistema de smartphones y redes sociales provocó un “recableado cerebral” sin precedentes, según plantea el psicólogo social Jonathan Haidt en su reciente obra The Anxious Generation (2024).
En medio de este contexto, los jóvenes Jorge Fernández y Manuel De Freitas, estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA), presentaron ante la Asamblea Nacional una iniciativa ciudadana que busca establecer un sistema de protección digital y restricciones de acceso a redes sociales para la protección de niños, niñas y adolescentes en Panamá.
La propuesta nace de una experiencia personal de Manuel, luego de ver a su hermana de nueve años expuesta a un contenido no apropiado mientras usaba un celular.
El proyecto de Ley 426, que ya cursa hacia su segundo debate, advierte sobre un aumento alarmante en diagnósticos de ansiedad, depresión, autolesiones y trastornos del sueño en menores. La propuesta no nace en el vacío y se apoya en una década de investigaciones que vinculan el uso desregulado de pantallas con el deterioro del bienestar emocional.
Aunque la actual Ley 285 de 2022 ya establece principios de protección digital, el nuevo proyecto busca ir más allá: fijar la edad mínima de 16 años para la apertura de cuentas personales. Los estudiantes proponen que cualquier excepción requiera verificación de identidad rigurosa y consentimiento parental explícito.
El objetivo central es proteger a los menores de los algoritmos “depredadores” que incentivan el consumo de estas plataformas, de la violencia digital al reducir el ciberacoso y el chantaje a través de móviles y del contenido sensible como imágenes de autolesiones, trastornos alimentarios o violencia gráfica (gore).
El Dr. José Causadias, director ejecutivo del Centro de Investigación Educativa (Ciedu-AIP), está acompañando y proveyendo evidencia científica en la etapa de consulta y discusión del proyecto de ley. Señala que el documento es novedoso y especial porque ha sido propuesto por dos jóvenes panameños. A la vez, está dirigido a los proveedores ya que no existe una legislación que responsabilice a los proveedores de cómo se maneja y qué tipo de información exponen a los niños.
“Las redes sociales están diseñadas para adultos, pero al final quedan en manos de menores”, apunta el Dr. Causadias.
“Una exposición temprana y sin acompañamiento conlleva riesgos que deben abordarse como un problema de salud pública”, advierte Gustavo Suárez-Pertierra, presidente de UNICEF España.
Un estudio masivo realizado por UNICEF y diversas instituciones académicas en España, indica que el 92.5% de los adolescentes participa en al menos una red social, y el 75.8% interactúa en tres o más. La digitalización comienza a edades cada vez más tempranas; a los 12 años el 76% de los niños ya posee un dispositivo propio.
La Dra. Virginia Torres, psiquiatra e investigadora del Sistema Nacional de Investigación (SNI-AIP) señala que se han hecho estudios en Panamá sobre la nomofobia, una fobia moderna que causa ansiedad o angustia severa al estar sin el teléfono móvil, fenómeno que ha llevado a jóvenes al suicidio.
Las estadísticas demuestran que en Panamá hay más dispositivos móviles que ciudadanos, un fenómeno que no se puede cambiar, pero que, indica la especialista, hay que aprovechar de forma positiva educando a la nueva generación.
Desde el año 2019, la Dra. Torres está trabajando en el tema del uso de los dispositivos móviles en niños desde edad preescolar. La Asociación Americana de Pediatría establece que los niños menores de tres años no deben estar expuestos a un celular, porque están adquiriendo información y están aprendiendo a desenvolverse.
“En la actualidad, tenemos niños de tres y cuatro años que no saben hablar, pero sí saben manejar un teléfono celular”, destaca.
Es aquí donde entra el rol de los padres de familia. Los teléfonos móviles se han convertido en el nuevo “chupón” para los bebés. Algunos padres les dan el celular a los niños para entretenerlos y poder hacer las tareas del hogar, cuestiona Torres.
“El primer rol de los padres es conversar con los hijos, no dejar que el teléfono sea un ‘mecanismo de educación’, si no conversan con sus hijos, entonces no estamos funcionando como sociedad. Hay que trabajar en la prevención”, añade la experta.
La iniciativa panameña está alineada con una tendencia internacional en la que ya no ve la regulación como una opción, sino como una necesidad.
Australia se convirtió en el primer país en prohibir por ley el acceso a redes sociales a menores de 16 años en diciembre pasado. Por su lado, Grecia ha dictaminado una prohibición similar para menores de 15 años a partir de 2027. Reino Unido y la Unión Europea avanzan en marcos legales para exigir mayores responsabilidades a los gigantes tecnológicos.
Ante la presión regulatoria, empresas como Meta han comenzado a reaccionar. Hélène Verbrugghe, responsable de asuntos públicos de la compañía, anunció recientemente la implementación de “Cuentas de Adolescentes” en Instagram, que limitan el contenido sensible y activan supervisiones parentales obligatorias para usuarios de entre 14 y 16 años.
El Dr. Causadias pone como ejemplo el fallo reciente de un jurado en Estados Unidos que ordenó a Meta pagar $375 millones por engañar a sus usuarios acerca de la seguridad de sus plataformas y facilitar la explotación sexual infantil. Por ello, este proyecto de ley es un marco regulatorio donde priva el interés superior de la niñez.
Como alternativa a las redes sociales, el Dr. Causadias aconseja practicar más actividades recreativas en parques y canchas de juego. A su juicio es responsabilidad de los adultos proporcionar todos los escenarios necesarios para que la niñez se desarrolle en un ambiente sano.