Científico chiricano estudia las rupturas que dejó el sismo

Cuando ocurrió el terremoto, el investigador se encontraba en Ontario, Canadá, donde cursa su doctorado en Geofísica, como becario de la Senacyt. Desde el 11 de octubre, se trasladó a Panamá para recopilar información del evento para integrarla a su tesis doctoral. Ha realizado mediciones en Búcaro (foto), La Pitaloza y Mariato, en el sur de la península de Azuero y la costa de Veraguas. Isaac Guerra Araúz
  • 23/10/2026 10:38

El investigador Isaac Guerra Araúz documenta desplazamientos del terreno y daños en distintas comunidades tras el sismo de magnitud 7.7. Su investigación doctoral, actualmente en curso, también ha permitido desarrollar un modelo tridimensional del subsuelo panameño que aporta nuevas evidencias sobre la interacción de placas tectónicas bajo el istmo

Las huellas del reciente terremoto todavía pueden observarse sobre el terreno. En Búcaro, provincia de Los Santos, mediciones preliminares realizadas por el científico chiricano Isaac Guerra Araúz, indican desplazamientos horizontales de entre 1 y 1.20 metros, así como movimientos verticales de aproximadamente un metro, asociados a la ruptura superficial provocada por el sismo de magnitud 7.7 ocurrido el 9 de octubre.

En Isla Cañas también se ha registrado un hundimiento de entre 15 y 30 centímetros, además de deformaciones en el fondo marino que pudieron contribuir a la generación de olas.

“Estamos midiendo directamente los desplazamientos horizontales y verticales producidos a lo largo de las zonas de ruptura. Estos datos nos permiten comparar lo que ocurrió realmente en el terreno con nuestros modelos de la fuente sísmica y comprender con mayor precisión cómo se produjo el terremoto”, explica Guerra Araúz, quien está finalizando su doctorado en Geofísica, con especialización en peligro, riesgo y resiliencia, en The University of Western Ontario (Canadá), como becario de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

Los análisis preliminares del investigador sugieren que la ruptura asociada al terremoto pudo extenderse aproximadamente entre 110 y 120 kilómetros.

“El terremoto ocurrió por el movimiento de dos bloques de la corteza terrestre a lo largo de la falla de Azuero. Uno se desplaza hacia el noroeste y el otro hacia el sureste. Durante muchos años se acumularon esfuerzos hasta que las rocas no pudieron resistir más y se produjo una ruptura repentina”, señala.

El investigador se encontraba en Ontario, y tras el terremoto en el país, se trasladó a Panamá para recopilar información para integrarla a su tesis doctoral y ha realizado mediciones en Búcaro, La Pitaloza y Mariato, en el sur de la península de Azuero y la costa de Veraguas.

Del movimiento de la falla a los daños en las comunidades

Guerra Araúz también ha desarrollado evaluaciones de daños en Azuero y Soná, provincia de Veraguas. A este análisis se incorporan datos suministrados por el Dr. Luis Pinzón, doctor en Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural y ex becario de la Senacyt, correspondientes a Aguadulce, Penonomé y Atalaya, y por el Dr. Alexis Mojica, investigador de la Universidad Tecnológica de Panamá.

El levantamiento de información busca analizar la posible relación entre los daños observados, las características del suelo, la amplificación del movimiento sísmico y la vulnerabilidad de las edificaciones, afirma.

Un mismo terremoto puede generar efectos diferentes entre comunidades. Entre los factores que pueden incidir se encuentran la proximidad a la ruptura de la falla, el tipo de suelo y las características de las edificaciones.

“Las comunidades cercanas a la ruptura generalmente experimentan movimientos más intensos. Además, los suelos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas, mientras que las construcciones que no cuentan con un diseño sismorresistente son más vulnerables a sufrir daños”, explica Guerra Araúz.

Para el investigador, documentar lo ocurrido tanto en el terreno como en las edificaciones permite complementar los modelos científicos sobre el comportamiento del terremoto.

“Necesitamos integrar lo que vemos en el terreno con los modelos sísmicos y el registro de daños. Esa combinación nos permite comprender mejor cómo se comportan las fallas y cómo se distribuyen los efectos de un terremoto”, explicó Guerra Araúz.

El estudio, por tanto, continúa después de que cesan las sacudidas. “Nuestra investigación no termina cuando deja de temblar. Continúa en el campo, recopilando datos que nos ayuden a comprender mejor estos fenómenos y a prepararnos para futuros terremotos”, agregó.

Una mirada a 80 kilómetros de profundidad

Ese trabajo de campo forma parte de una investigación más amplia que busca responder una pregunta fundamental: ¿qué ocurre a decenas de kilómetros bajo nuestros pies cuando tiembla en Panamá?

Como parte de su tesis doctoral Guerra Araúz desarrolla una tomografía sísmica de Panamá. En una investigación publicada en mayo de 2026 en la revista científica Tectonophysics, Guerra Araúz y Katsuichiro Goda desarrollaron uno de los primeros modelos tridimensionales del interior de la Tierra bajo Panamá, con el propósito de comprender mejor las estructuras geológicas relacionadas con los terremotos en el país.

Para construir este modelo, los investigadores analizaron 2,741 terremotos registrados durante diez años, entre 2013 y 2023, utilizando información de 148 estaciones sísmicas de Panamá, Costa Rica y Colombia.

Mediante una técnica denominada tomografía sísmica, estudiaron estructuras del subsuelo hasta aproximadamente 80 kilómetros de profundidad.

“La tomografía sísmica funciona de manera similar a una tomografía médica, pero en lugar de observar el cuerpo humano utilizamos las ondas producidas por los terremotos para estudiar las estructuras que existen bajo la superficie terrestre”, explica Guerra Araúz.

Nuevas evidencias bajo el istmo

Uno de los resultados más relevantes de la investigación es la obtención de nuevas evidencias sobre un complejo sistema de subducción bajo Panamá.

El modelo muestra la influencia de placas que se introducen bajo el territorio desde direcciones opuestas. Por el lado del océano Pacífico, las placas de Cocos y Nazca se hunden bajo la región, mientras que los resultados también aportan evidencia sobre la subducción de la placa del Caribe bajo Panamá.

“Nuestro territorio está sometido a una interacción tectónica particularmente compleja. Encontramos nuevas evidencias de placas que se introducen bajo Panamá desde direcciones opuestas, un proceso que ayuda a comprender mejor por qué tenemos actividad sísmica incluso en regiones donde históricamente se han registrado menos terremotos”, señala Guerra Araúz.

La investigación también identificó evidencias de subducción de la placa del Caribe a lo largo de nuestras zonas costeras desde Limón, Costa Rica, hasta la frontera de Panamá con Colombia, incluida la región del Canal de Panamá, con características que varían a lo largo del país.

Para Guerra Araúz, estos resultados ponen la mirada científica no solamente sobre las fuentes sísmicas del Pacífico, sino también sobre las estructuras existentes en el Caribe.

“La costa caribeña también posee estructuras capaces de generar terremotos importantes. Un antecedente histórico que debemos tener presente es el terremoto de San Blas de 1882, cuya magnitud se ha estimado aproximadamente en 8.0”, explica.

Una corteza que cambia bajo Panamá

La investigación permitió además estimar cómo cambia el espesor de la corteza terrestre bajo Panamá, identificando profundidades aproximadas de 25 a 45 kilómetros en diferentes sectores.

Los resultados muestran que esta capa no presenta un espesor uniforme. También fueron identificadas diferencias en las propiedades de las rocas bajo regiones como Azuero, la cordillera de Talamanca y el área del Canal de Panamá.

Esta información contribuye a construir una imagen más detallada de la estructura geológica del istmo y a comprender las posibles fuentes capaces de generar terremotos.

“Panamá se encuentra en una región tectónicamente compleja, donde interactúan varias placas. Al norte, la subducción de la placa del Caribe representa una fuente importante de terremotos, con potencial para generar eventos cercanos a magnitud 8. Al sur de Chiriquí interactúan tres placas tectónicas, convirtiéndola en una de las regiones sísmicamente más activas. También existen fuentes importantes al sur de Azuero, relacionadas con la placa de Nazca”, explica Guerra Araúz.

A estas estructuras se suman fallas locales como Punta Burica y Pedro Miguel, que, de acuerdo con el investigador, también pueden producir terremotos fuertes dependiendo de sus características.

Lo que la ciencia puede anticipar

Estudiar las fallas y las placas tectónicas permite conocer mejor la amenaza, pero no significa que sea posible determinar el momento en que ocurrirá el próximo terremoto.

“Actualmente no podemos predecir la fecha, el lugar exacto ni la magnitud del próximo terremoto. Sin embargo, sí podemos identificar las zonas de mayor peligro sísmico, estudiar posibles escenarios de terremotos y tsunamis, y estimar sus efectos”, señala Guerra Araúz.

Las matemáticas desempeñan un papel fundamental en este trabajo. Mediante modelos científicos es posible utilizar las ondas producidas por los terremotos para estudiar estructuras que no pueden observarse directamente, estimar cómo se rompe una falla, simular el movimiento del terreno y evaluar posibles escenarios de tsunami.

Física detrás del terremoto de 7.7 mw. La ruptura muestra que la falla de Azuero rompió casi en su totalidad. El desplazamiento fue mayor en las zonas naranjas y rojas de la ruptura.

Panamá forma especialistas en estas áreas

Los recientes acontecimientos sísmicos también han puesto de relieve la necesidad de contar con científicos y profesionales capaces de estudiar estos fenómenos desde distintas disciplinas.

Desde 2003, la Senacyt ha fomentado el desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas mediante becas nacionales e internacionales, apoyando la formación de 29 panameños que han culminado o se encuentran actualmente cursando estudios de licenciatura, maestría y doctorado en áreas relacionadas con estos temas.

Entre las disciplinas en las que se han formado se encuentran ingeniería estructural, ingeniería geológica, ingeniería civil, ingeniería sísmica, geotecnia, geofísica, ciencias de la Tierra, y construcción y diseño sostenible, señala la Ing. Violetta Cumberbatch, directora de Desarrollo de Capacidades Científicas y Tecnológicas de la Senacyt.

Los resultados obtenidos por Guerra Araúz tras el terremoto serán incorporados a su investigación, y también serán presentados en una revista científica internacional y en un informe accesible para la población.