Coaching: cuando cambiar tu mentalidad cambia tu destino

Más allá de las metas, la mentalidad desde la que se actúa define los resultados. Pixabay
  • 24/01/2026 16:49

Patrones como el perfeccionismo, el miedo a decidir y la desconexión del propósito bloquean a profesionales capaces.

En muchas conversaciones sobre desarrollo personal y profesional, solemos enfocarnos en metas y objetivos: qué queremos lograr, a dónde queremos llegar, qué resultados esperamos.

Sin embargo, en mi experiencia como coach ejecutiva, he confirmado una y otra vez que el verdadero punto de inflexión no está en la meta, sino en la mentalidad desde la cual intentamos alcanzarla.

El verdadero obstáculo no es la capacidad

Las personas no solemos estancarnos por falta de capacidad, talento o motivación. Nos estancamos porque nos aferramos a paradigmas no cuestionados, creencias que alguna vez fueron útiles y hoy limitan nuestra energía, enfoque y forma de decidir. Ahí es donde el coaching cobra un valor profundo y, muchas veces, transformador.

Una etiqueta que definió décadas

Quiero aterrizarlo con un ejemplo real. Cuando tenía ocho años, en tercero de primaria, una maestra muy querida dijo: “Marisel es muy inmadura; recomiendo que repita el grado”, aun cuando tenía calificaciones de pase.

Esa frase se convirtió en un programa silencioso en mi mente, del cual no fui consciente hasta mi primera experiencia con el coaching. Durante años me esforcé por ser y verme “más madura”, incluso cuando esa imagen no me representaba. Dejé de disfrutar procesos, me forcé a encajar y a cumplir con un ideal que no había elegido conscientemente.

Fue gracias al coaching que pude reconocerlo. No estaba buscando madurez; estaba compensando una etiqueta impuesta. Al hacerlo consciente, pude replantear mi mentalidad, redefinir qué significaba madurez para mí y empezar a liderar desde un lugar más auténtico.

No fue un cambio inmediato, fue un proceso sostenido de observación, cuestionamiento y nuevas decisiones.

Patrones que bloquean a profesionales capaces

Este tipo de historias no es excepcional. En mi práctica con personas y equipos, he identificado patrones que se repiten con frecuencia y que explican por qué tantos profesionales capaces se sienten bloqueados o desconectados, aun teniendo “todo para avanzar”.

El miedo a decidir sin certeza total, como si equivocarse fuera más grave que quedarse inmóvil.

El exceso de autoexigencia y perfeccionismo, que paraliza más de lo que impulsa.

La sensación de estar en automático, cumpliendo responsabilidades sin conexión con el sentido.

Confundir responsabilidad con propósito, creyendo que por cumplir expectativas externas ya están alineadas internamente.

La dificultad para llevar el propósito a la acción cotidiana, porque se piensa como una gran idea futura y no como un criterio diario para decidir.

Hacer visible lo invisible

El valor del coaching está en hacer visibles estos patrones sin juicio, no para eliminarlos de inmediato, sino para que dejen de dirigir tu vida en automático.

El coaching no te dará recetas genéricas; en cambio te acompañará a pensar mejor, a distinguir entre miedo y prudencia, entre deber heredado y elección consciente.

En este sentido, el coaching no sustituye la responsabilidad personal; la fortalece. No busca motivar a hacer más, sino desarrollar la capacidad de elegir mejor.

Porque cuando tu mentalidad se vuelve consciente, las decisiones se vuelven más claras, el enfoque se ordena y la acción deja de ser reactiva para convertirse en intencional

Y es ahí donde los resultados dejan de ser un esfuerzo constante y empiezan a ser una consecuencia coherente.