Comienza el ‘mercadeo’ de la corriente liberalista

  • 28/02/2026 00:00

Carlos A. Mendoza Soto impulsó la cuantificación de los resultados, con lo que dio un paso muy importante en la consolidación del proceso de los liberales, pese la oposición conservadora

La destreza desplegada por Carlos Antonio Mendoza Soto en cuanto a las finanzas durante su gestión presidencial no es más que una continuación de su labor como Secretario de Hacienda y Tesoro durante el gobierno de su antecesor, en el cual se encargó de dar orden y sentido a una de las secretarías de más delicado carácter, por cuanto que desde ella se manejaba el erario público. Eusebio A. Morales, en su obra Ensayos, documentos y discursos hace un halagador recuento de la labor de su amigo Mendoza en esta Secretaria y dice: “Él transformó aquel departamento, que era un caos, en el centro ordenado y metódico en donde podía conocerse en un instante el estado de las finanzas nacionales; organizó las rentas; estableció estrecha vigilancia en la recaudación de éstas, moralizó el ramo persiguiendo sin descanso los fraudes y, por último, llevó a cabo una reforma de mayor trascendencia, cual es la centralización de la contabilidad nacional en la Secretaria de Hacienda”.

En su interés por conocer los problemas de Panamá de primera mano, Carlos Antonio Mendoza Soto recorrió todo el país como presidente, amparado por la norma establecida por la Constitución de 1904, que en su artículo 76 decía: “El presidente, en ejercicio de sus funciones y, por interés público, puede visitar por el tiempo que juzgue conveniente cualquier punto de la República”.

Fue el primer presidente que desde inicios de nuestra independencia toma esta acción y, es de resaltar el hecho de que esta norma haya debido ser formulada como artículo constitucional, esto nos revela en contraluz el localismo estrecho que aún prevalecía en Panamá, sin embargo, vale resaltar el interés que pone por hacer llegar a los confines de la República la presencia gubernamental renovadora. Recorrió durante tres meses muchos pueblos, cabeceras de provincia y hasta villorrios de Coclé, Veraguas, Los Santos (que en ese entonces comprendía la hoy provincia de Herrera), Chiriquí, Bocas del Toro y hasta San Blas, en donde con sorpresa ve ¡ondear la bandera colombiana! Y “le impresionan el aislamiento y autarquía de muchas poblaciones”.

El presidente Mendoza informó a la Asamblea en su discurso del 1 de septiembre de 1910, algunas de sus percepciones generales sobre la administración de Justicia, de ese mensaje extraemos la siguiente cita: “Que esos hechos de haberse constituido el Poder Judicial en virtud de nombramientos que emanaron de la administración terminada el 30 de septiembre de 1908 y que recayeron exclusivamente en personas que tomaron parte principal en la ardiente lucha electoral de entonces... Me ocupo en esta triste experiencia de los odios sectarios, porque ella deja de ver la necesidad de una reforma respecto de la época en que deben nombrarse los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Ministerio Público y respecto de la facultad de revisar los nombramientos cuando se han hecho, inadvertidamente o de propósito, de individuos que no tienen capacidad u otros requisitos constitucionales para desempeñar tan calificados empleos”.

Conforme estas declaraciones, fue su actuación al hacer cambios e imprimir su impronta de Gobierno, incluso en este Poder, por ello, fueron muchas las acusaciones que se le hicieron a Mendoza y luego a Porras, de querer un Poder Judicial sometido a los intereses del Ejecutivo, lo que no dista mucho de la verdad de acuerdo con el criterio que se le atribuye cuando afirmaba que “el Poder Ejecutivo manda el Poder Judicial”.

Llama la atención, además, la crítica tan explícita del presidente Mendoza contra el Órgano Judicial, el único órgano que no se encontraba bajo predominio liberal; de allí, que haya pensado que ni el presidente Mendoza, ni más adelante el presidente Porras, creían en la independencia de esta rama del Estado.

Mendoza introdujo en la obra gubernamental la preocupación por cuantificar los resultados y su informe a la Asamblea revela esta preocupación, que fue benéfica para el país ya que le dio a la evaluación de los programas una dimensión cuantitativa, lo que hizo la evaluación más objetiva que si solo hubiera sido cualitativa.

En el corto tiempo que ejerció la presidencia, fueron considerables sus logros y cuando vemos el alcance y proyección de sus planes intuimos en él a un gran estadista que el tiempo no le dejó ser. Desgraciadamente, la participación de Mendoza en el gobierno de José Domingo De Obaldía Gallegos se vio marcada por el escándalo de la explotación de madera. Cuando llegó el momento de escoger a los designados del segundo bienio del periodo de De Obaldía Gallegos, Mendoza hubiera querido ser electo primer designado y, por lo tanto, terminar el periodo. No le fue posible, porque no obtuvo los votos legislativos para ello. Primero, porque había serias dudas sobre la constitucionalidad de su continuación, ya que el artículo 83 de la Carta Magna rezaba así: “Artículo 83: El ciudadano que hubiere sido llamado a ejercer la presidencia y la hubiere ejercido dentro de los seis últimos meses precedentes al día de la elección del nuevo presidente, como ningún pariente suyo, comprendido dentro del cuarto grado civil de consanguinidad o segundo de afinidad, tampoco podrá ser elegido para este empleo”.

Aunque algunos abogados liberales, como Eusebio A. Morales y Francisco Filós, opinaban que dicha norma no se refería a los designados y solo era propia para quienes aspiraban a un periodo presidencial, el Procurador General de la Nación, don Santiago de la Guardia, emitió la opinión que la norma sí era aplicable al caso en cuestión.

La presión que ejercieron funcionarios estadounidenses en nuestro país para evitar la participación de Mendoza en las elecciones, se debió en gran parte a un paso de factura por su férrea oposición al artículo 136 de la Constitución de 1904.

Otro aspecto que influyo en gran medida para que Carlos Antonio Mendoza Soto no participara en la elección, fue el hecho de su origen racial y social. El prejuicio racial de importantes conservadores y liberales panameños y sobre todo, de los funcionarios norteamericanos que tenían que ver con Panamá, fue causa directa. No recuerdo donde leí una vez que doña María Ossa de Amador, escribió una carta desde París –donde residía en esa época– dirigida al presidente de Estados Unidos, William Howard Taft, diciéndole que era impensable que un negro ocupara la presidencia de Panamá; esto nos da una visión de los grandes obstáculos que Mendoza tuvo que enfrentar.

De todos modos, la presidencia de Carlos A. Mendoza marcó un doble hito en la historia política panameña. Dio acceso a liberales a comandar la república, cargo que ocuparon hasta el golpe de Estado de 1931 y fijó la apertura de la presidencia a personas que no pertenecieron, ni étnica ni económicamente a los círculos más cerrados de la oligarquía nacional. Pero para sopesar el hecho equilibradamente, debemos recordar que Carlos Antonio Mendoza Soto era hijo de Josefa Soto y Juan Mendoza, quien había sido presidente del Estado Soberano de Panamá y senador en Bogotá. Solo exagerando se puede decir de él que era un self made man, lo que no le resta mérito a su ascenso.

A Mendoza debemos una mayor atención a los aspectos fiscales de las obras de todo el Gobierno y a la introducción de criterios cuantitativos en el planeamiento y la evaluación de las obras de gobierno.

Después de terminar su gestión de seis meses en la presidencia de la República, continuó participando activamente en política, como ciudadano uy miembro prominente del Partido Liberal.

Al fallecer de un ataque cardíaco el día 13 de febrero de 1916, a la edad de 60 años, era diputado de la Asamblea Nacional, presidente de la Comisión Codificadora, la que dotó al país de los Códigos Civil, Administrativo, Penal, Agrario y de Minas y presidente del Directorio Nacional del Partido Liberal.

Con la muerte de Mendoza se dividió el Partido Liberal y la discordia se produjo a raíz de la discrepancia sobre los candidatos a elecciones para diputados de 1916, las que coincidían con las de presidente.

Ficha

Nombre completo: Ricardo Arias Calderón

Nacimiento: 4 de mayo de 1933, Ciudad de Panamá

Fallecimiento: 13 de febrero de 2017, Ciudad de Panamá

Ocupación: Profesor universitario, filósofo y político panameño

Resumen de su carrera: Es considerado uno de los principales ideólogos y pensadores de la política de Panamá de los últimos 30 años. Este fue un proyecto de “La Estrella de Panamá” publicado en diciembre de 2011. Con el título “Letras de la patria”, cada uno de los ensayos, de corte filosófico, histórico y político, fue escrito por Ricardo Arias Calderón, y en las dos primeras entregas explica motivos y consecuencias de acontecimientos y personajes nacionales en los primeros 100 años de vida republicana. “La política refleja la realidad propia de la sociedad”.