Teoría de la hebilla
- 26/09/2026 11:56
El día es sobrio con la lectura del leccionario. Los colores de aquella galleta se dibujan en una lata de frijoles mágicos. Aquel que recuerda la escapada por la huerta al cosechar números quebrados
Se levanta imponente el alba y la hebilla brilla como el sol. Caminan, entre los estanques anfibios, deseosos de la marca. Los gritos se tornan audaces con los aullidos del garrote. Son desesperadas las palabras de la hebilla, al llorar sobre el lienzo de la rayuela. Entre el grito desesperado, fuera del aula, el respeto a la maestra es la llave que evita una chancleta rota.
El día es sobrio con la lectura del leccionario. Los colores de aquella galleta se dibujan en una lata de frijoles mágicos. Aquel que recuerda la escapada por la huerta al cosechar números quebrados. Seis minutos bastaron para desautorizar a la hebilla y defender la palabra cocinada con capricho. Tiempo suficiente para cometer errores y no defender la verdad.
Una mesa con plegarias y ofrendas retumbaba al sentir el choque de la chancleta. Este mundo es contado por los que jugaron en tragamonedas. Un mundo dominado por la fantasía. Olvidar las tardes de birrias es casi profano. Al caer la noche en casa aguardaba la teoría de la hebilla. Una que olvida las palabras de encanto de los regaños de hoy en día.
Un mundo de hoy minado por hologramas y juegos virtuales. Quizás, en medio de desiertos de arena, las figuras geométricas de aquella enfermera alta y blanca se vuelvan un poema. Aquel terreno, lleno de incógnitas, es real al estar cerca del huésped. La teoría de la hebilla se orienta a una batería o fórmula de probeta hecha con píxeles.
La vida de la hebilla seguirá mientras exista la verdad. La teoría del regaño silencioso se opaca mientras exista impunidad. Este mundo, que premia la delincuencia, se aferra a una lata de protección. Las rejas de las cárceles se vuelven seductoras con el cobijo de la campana. Esta falta de madurez se fortalece mientras no exista respeto.