10 de noviembre: el levantamiento popular de la independencia en Los Santos
- 07/11/2026 16:33
Más allá de los nombres que recoge la historia oficial, el levantamiento del 10 de noviembre de 1821 contó con habitantes del interior que se organizaron, tomaron el cuartel y exigieron un cabildo abierto para romper con el dominio español
La historia del 10 de noviembre de 1821 suele recordarse a través del nombre de su protagonista, Rufina Alfaro, y la proclamación de independencia realizada en La Villa de Los Santos. Sin embargo, detrás de aquel acontecimiento hubo una movilización popular que reunió a habitantes de comunidades rurales, voluntarios y vecinos que encontraron en el levantamiento una oportunidad para expresar su rechazo al dominio español.
No fue una rebelión organizada únicamente desde las autoridades municipales ni una decisión tomada en una reunión a puerta cerrada. Los habitantes de La Villa participaron en las acciones que precedieron al pronunciamiento, respaldaron a quienes encabezaron el movimiento y rodearon el cabildo para exigir que se formalizara la separación de España.
La participación de estos sectores permite observar el Primer Grito de Independencia desde otra perspectiva: la de quienes no aparecen necesariamente en los monumentos ni en las listas tradicionales de próceres, pero que contribuyeron a crear las condiciones para que el levantamiento se concretara.
El historiador Celestino Andrés Araúz, en su investigación ‘Reivindicación de un hecho histórico: 10 de noviembre de 1821’, publicada en 2023 en la revista Cátedra de la Universidad de Panamá, examina las contradicciones sociales entre los campesinos de la región central del Istmo y los comerciantes de la ciudad de Panamá. Su análisis, basado en buena medida en la documentación recuperada por Ernesto J. Nicolau, permite reconstruir el papel de los habitantes del interior en el proceso independentista.
El descontento que precedió al levantamiento
Para comprender por qué los habitantes de La Villa de Los Santos se rebelaron contra las autoridades españolas, es necesario mirar las condiciones que enfrentaban durante los últimos meses de 1821.
El Istmo atravesaba una situación económica difícil. La pérdida de importancia de las antiguas rutas comerciales y la desaparición de las ferias de Portobelo habían debilitado la economía, mientras que las comunidades del interior dependían principalmente de las actividades agropecuarias y del comercio local.
A estas dificultades se sumaron las exigencias del gobierno colonial para financiar una expedición militar hacia Sudamérica. El capitán general Juan de la Cruz Mourgeon preparaba una campaña hacia Quito, donde las fuerzas españolas intentaban combatir los movimientos independentistas. Para sostener esa operación, las autoridades recurrieron al reclutamiento de milicianos, las contribuciones de guerra y el cobro de impuestos extraordinarios.
Las exigencias alcanzaron tanto a los comerciantes como a los habitantes de las poblaciones rurales. Quienes no podían incorporarse a las fuerzas militares debían aportar dinero y recursos para financiar la expedición.
Pero el problema no se limitó a las contribuciones oficiales. Las tropas españolas también fueron enviadas a diferentes localidades del interior para obtener provisiones y otros bienes.
El historiador Olmedo Beluche, en su artículo ‘El Grito de la Villa (10 de noviembre de 1821) de Ernesto J. Nicolau’, publicado en 2022 en la revista Cátedra, reproduce pasajes de la investigación de Nicolau que describen cómo los soldados entraban en las viviendas, detenían a sus propietarios y se llevaban los bienes que encontraban.
Los abusos afectaron a hombres, mujeres, ancianos y niños. En algunos lugares, las detenciones eran utilizadas para presionar a los habitantes a entregar las contribuciones exigidas por las autoridades.
Según la documentación citada por Beluche, estas medidas provocaron protestas y levantamientos en distintas poblaciones, entre ellas Alanje, Las Tablas y La Villa de Los Santos. Sin embargo, los primeros intentos de resistencia fueron reprimidos por las fuerzas españolas, que contaban con mayor armamento y organización militar.
El malestar acumulado encontró así una expresión política en el movimiento independentista. Para los habitantes de las comunidades rurales, la ruptura con España también representaba una oportunidad para poner fin a las imposiciones de las autoridades coloniales.
Los hombres que organizaron el movimiento
La movilización que desembocó en el pronunciamiento del 10 de noviembre tuvo entre sus principales figuras a dos personajes del interior: Francisco Gómez Miró, oriundo de Natá, y Segundo de Villarreal, vinculado a La Villa de Los Santos. Ambos desempeñaron funciones distintas en la organización del movimiento.
Gómez Miró contribuyó a difundir las ideas independentistas entre los habitantes de las poblaciones del interior. De acuerdo con la reconstrucción histórica de Nicolau, redactó una proclama que circuló por los pueblos de los partidos de Natá, La Villa de Los Santos y Santiago, en la que promovía la separación de España y la adhesión al proyecto republicano de Simón Bolívar.
Aunque no se conserva el contenido de ese documento, su existencia es mencionada por Nicolau y retomada por Beluche en su investigación.
Segundo de Villarreal, por su parte, asumió el liderazgo de la organización militar en La Villa. Su influencia entre los habitantes permitió reunir a un grupo de voluntarios dispuestos a enfrentar a las autoridades españolas.
Beluche identifica a ambos como figuras decisivas del movimiento: Gómez Miró por su labor de difusión y organización política, y Villarreal por su capacidad para reunir a los habitantes y encabezar las acciones contra el cuartel español.
La participación de Villarreal también aparece documentada en los expedientes de méritos y servicios conservados en el Archivo Nacional de Colombia. En esos documentos se encuentran copias de las actas del 10 y 11 de noviembre de 1821, así como testimonios de autoridades locales que reconocieron sus servicios durante la independencia.
El 10 de noviembre
El levantamiento de La Villa de Los Santos se concretó el 10 de noviembre de 1821, cuando los voluntarios organizados por Segundo de Villarreal emprendieron acciones contra las autoridades españolas.
Según el relato histórico de Ernesto J. Nicolau, publicado originalmente en la revista Lotería en noviembre de 1944, Villarreal reunió un batallón de voluntarios que contaba con recursos militares limitados.
Los hombres disponían de escopetas, algunos arcabuces antiguos, machetes y palos. No eran soldados profesionales ni integraban una fuerza militar equipada para enfrentar a un ejército regular. Eran habitantes de la localidad que se habían organizado para respaldar el movimiento.
Con ese grupo, los insurgentes atacaron el cuartel español y posteriormente se dirigieron a la cárcel, donde liberaron a los ciudadanos que permanecían detenidos.
Nicolau destaca que, pese a la tensión del enfrentamiento, no se registraron crímenes ni agresiones contra los vencidos, quienes quedaron bajo custodia hasta que pudieron ser trasladados a la ciudad de Panamá.
Después de tomar el cuartel y liberar a los presos, los voluntarios y otros habitantes de La Villa exigieron que se convocara un cabildo abierto.
La participación popular fue determinante en ese momento. Los rebeldes, acompañados por el batallón organizado por Villarreal, rodearon la Casa Consistorial y entraron en el recinto donde se encontraban reunidas las autoridades municipales.
El objetivo era que el Ayuntamiento formalizara la decisión de separarse del gobierno español.
La decisión de independizarse
El acta del 10 de noviembre de 1821 permite conocer cómo se desarrolló la reunión que formalizó el pronunciamiento de La Villa.
El documento, recuperado por Ernesto J. Nicolau en el Archivo Nacional de Colombia, registra que el alcalde constitucional Julián Chávez convocó a la mayor parte de los integrantes del Ayuntamiento para discutir la voluntad de los habitantes de separarse del dominio español.
En el acta se señala que el presidente del Ayuntamiento expuso el deseo general del pueblo de romper con la autoridad colonial debido a los abusos que se cometían contra los habitantes.
El documento también refleja que algunos participantes expresaron preocupación por las consecuencias de una decisión de esa naturaleza. La Villa contaba con hombres dispuestos a defender el movimiento, pero carecía de suficientes armas y municiones para enfrentar una posible reacción de las fuerzas de la capital.
A pesar de esas dificultades, se decidió proceder con el juramento de independencia.
El acta recoge que los habitantes manifestaron su deseo de vivir bajo el sistema republicano que seguía Colombia y solicitaron que la localidad fuera reconocida como Ciudad Libre.
La decisión fue respaldada por la multitud que permanecía en los alrededores de la Casa Consistorial.
Una vez proclamada la independencia, las autoridades locales dispusieron enviar comunicaciones a otros pueblos para informarles de lo ocurrido y conocer si estaban dispuestos a respaldar el nuevo orden político.
El Ayuntamiento también reconoció el liderazgo de Segundo de Villarreal y, al día siguiente, mediante otra acta, lo nombró gobernador político y militar del Partido de Los Santos, con el grado de coronel.
De esta manera, el movimiento popular no solo consiguió la declaración de independencia, sino que también impulsó una reorganización de las autoridades locales.