A la memoria de los poetas mártires

Los poetas chiricanos Bladimir Víquez (izquierda) y Alcides Fuentes conversan sobre el poemario ‘No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras’. Cedida
  • 07/11/2026 14:56

El libro ‘No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras’ es un homenaje a un grupo de poetas del siglo XX asesinados por gobiernos represores.

Los versos del libro No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras (Círculo y punto, 2026), del chiricano Bladimir Víquez, tiene esa consigna tan presente en los movimientos de derechos humanos en América Latina desde hace décadas: prohibido olvidar.

Estamos ante un libro de historia sobre el lado más siniestro de los que ejercen el poder político en nuestro continente. Es una obra compuesta de memorias de los que se han ido demasiado pronto por culpa de la intolerancia, pero que están presentes gracias a uno de los mejores actos de resistencias: la palabra que no descansa.

Esta publicación es una oportunidad de conocer o redescubrir las voces de hombres y mujeres que las tiranías, los autoritarismos y las dictaduras de cualquier corte intentaron silenciar durante la segunda mitad del siglo XX, pero que no pudieron lograrlo silenciarlos.

Este poemario, presentado durante el Festival Cultural Lean de la Biblioteca de Boquete, está dedicado a los poetas latinoamericanos (y dos europeos) asesinados por sus ideas y sueños.

En el Festival Cultural Lean, ocurrido en la provincia de Chiriquí, Bladimir Víquez explicó que No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras tiene un antecedente inmediato: Poesía trunca, de Mario Benedetti.

El poeta y novelista uruguayo publicó está antología en 1977, en Cuba, bajo el sello de Casa de las Américas. Es libro poblado de poemas de jóvenes escritores de la región que fallecieron en el campo de batalla durante conflictos bélicos o asesinados por la represión brutal que dominaba a sus patrias.

Un ejemplar de Poesía trunca se lo encontró Víquez cuando en el 2010 hacía una maestría en Filología Hispánica en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid (España). Y pensó que un día les escribiría un poema a los bardos desaparecidos. Esa ocasión ya llegó.

Una voz en duelo

No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras es un tributo a Polidoro Pinzón (Panamá), Otto René Castillo (Guatemala), León Antonio Soto (Panamá), Edwin Castro (Nicaragua), Roque Dalton (El Salvador), David Maradiaga (Costa Rica), Rita Valdivia (Bolivia), Miguel Hernández (España), Leonel Rugama (Nicaragua), Javier Heraud (Perú), Ibero Gutiérrez (Uruguay), Aldo Sá Brito Souza (Brasil), Mónica Ertl (Alemania/Bolivia), Argimiro Gabaldón (Venezuela), Luis y Sergio Saíz (ambos de Cuba).

A Guillermo Siles, profesor universitario argentino, le “conmueve comprobar los escasos e intensos años vividos por estos seres humanos que ofrendaron versos y canciones al mundo”.

La notable mayoría de estos artistas que recuerda Bladimir Víquez en su poemario conocieron la prisión, la tortura y la aniquilación entre los 17 y los 31 años.

Estos destinos abominables ocurrieron prácticamente entre las décadas de 1950, 1960 y 1970, más alguno durante los años 1990.

“La voz que habla en los poemas de este libro es una voz en duelo que toma conciencia a fin de escarbar en la memoria y que asume un tono elegíaco para lograr, tal vez, comprender y hacer reflexionar sobre la tragedia que supone para las sociedades modernas acallar a los poetas por imperio de la persecución, la desaparición y la muerte”, anota el poeta sureño Guillermo Siles.

Este investigador tucumano plantea que, aunque estos seres humanos fueron acabados por sus ideales, por sus luchas y su producción artística, “ellos han dejado el brillo, la potencia de su palabra poética que vuelve posible recordarlos y continuar su marcha hasta despertar a las ‘comunidades que buscan y luchan día y noche bajo un mismo cielo”.

El espejo de la historia

El poeta salvadoreño Alfonso Fajardo celebra que existan personas como Bladimir Víquez porque tienen la valentía de colocar “el espejo de la historia frente al rostro mientras consigue un sobrio equilibrio entre el mensaje y el lenguaje”.

El creador centroamericano admira que su colega panameño se atreva con unos versos que reivindican las luchas sociales más necesarias e indispensables.

Destaca que el “registro poético” de Víquez es un grito urgente de protestar por ese acto de crueldad extrema de matar a alguien porque no mira la existencia igual que tú.

“Porque no hay mejor homenaje que reivindicar no solamente la consigna, sino también la palabra, y es mediante el uso referencial de los versos que Bladimir, ya sea fusionando algunos versos homenajeados con los suyos, o bien recordando sus vidas o las causas de sus asesinatos, les otorga una nueva vida a estos poetas latinoamericanos mártires que murieron para que nuevas generaciones pudieran tener un futuro que, por medio de sus palabras cargadas de esperanza, supieron marcarnos el camino que, inexorablemente, deberemos de volver a transitar”, anota Alfonso Fajardo.

Vidas truncadas

A Alcides Fuentes, bardo y cantautor, le encanta que su colega y coterráneo chiricano ejerza en No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras unos versos diferentes e incómodos sobre “personas que no pudieron llegar hasta nuestras edades porque su vida se vio truncada por un imprevisto, por una injusticia, por alguien que tomó una decisión criminal en su momento sobre ellos”.

El también abogado proclama que Bladimir Víquez cuestiona en su obra lo ocurrido con estos “poetas revolucionarios”, pero sin caer en la trampa de la propaganda política ni en el discurso panfletario. Al contrario, piensa que este poeta nacional habla de la paz y nos exhorta a preguntarnos qué habría sido la producción de todos ellos si la violencia no les truncara su carrera.

“Hay que manejar el término, digamos, con un poco de cuidado, cuando decimos revolucionarios, porque todo no tiene que ver necesariamente con ideologías. Estos poetas protestaban a su manera, sus letras eran lo que muchas veces tenían a su mano para combatir”, indica Fuentes, quien añade que en No hay marcha atrás, ni con las balas, ni con las palabras encuentra ecos de Bob Dylan y Nicanor Parra, pero en particular, se oye el estilo diferente de Víquez.

Alcides Fuentes resalta que fue todo un reto, interesante y bien logrado por Bladimir Víquez, el escribir un libro que tuviese un carácter y un compromiso que le exige al lector, como representante de la sociedad, a pensar sobre estos desmadres imperdonables.