¿Cómo nacieron los Carnavales de Panamá? De la ciudad capital a Calle Arriba y Calle Abajo

Así se celebraban los primeros carnavales oficiales en la ciudad de Panamá, durante los años 1920.
Jeanette Combe Jaén, reina de Calle Abajo de Las Tablas en 1983.
  • 14/02/2026 00:00

Desde sus raíces en la Edad Media española hasta su consolidación como fiesta oficial en 1910, los Carnavales de Panamá han evolucionado entre tradición, controversia y esplendor. La rivalidad de Calle Arriba y Calle Abajo en Las Tablas reflejan la fuerza de una celebración que forma parte esencial de la identidad cultural panameña

Cada vez que se asoma la época del carnaval, muchas imágenes y conceptos se nos vienen a la cabeza: el jolgorio, la diversión y, el entretenimiento a raudales. Esta época del año – que suele gravitar entre los meses de febrero y marzo – es un periodo de asueto que no solo refuerza a quien lo vive de cara al año por delante sino que, por otra parte, significa la antesala de la Cuaresma, la cual da comienzo con el miércoles de ceniza que pone fin a cuatro días de descontrol y desinhibimiento.

Los antecedentes más cercanos a los que se puede remontar la celebración del carnaval en la era cosmopolita del país tienen sus raíces en la Edad Media española, una época en la que se desarrollaría más tarde ese espíritu transgresor tan característico del carnaval. Así mismo, estas celebraciones provienen de tradiciones que se remontan al siglo XII, las cuales están vinculadas al desarrollo de las ciudades y al crecimiento de la población.

El carnaval – cuyo concepto en sí mismo radica en el desenfreno y el desborde de las pasiones – contrastaba con el período de la abstinencia de la carne impuesto por la Iglesia, según recordó el historiador Rommel Escarreola en su última columna publicada el pasado 8 de febrero por el diario El Siglo. En tanto, la Iglesia también condenaba los bailes y el exhibicionismo de los participantes que consideraban ‘impropio’, así como el uso de máscaras, las cuales impedían la correcta identificación de los transgresores.

Conforme la tradición fue avanzando en España, para el siglo XVI, se progresó con diversas acciones que convertirían al carnaval en una fiesta característica como el arrojo de productos como naranjas o huevos. Incluso, se llegaba al barbarismo, enterrando gallos y cortándoles la cabeza.

En una entrevista con La Estrella de Panamá, Escarreola situó los antecedentes del primer carnaval que se tiene registros, el de Panamá La Vieja, al 9 de abril de 1669, al tomar posesión de su cargo el entonces gobernador de la ciudad Juan Pérez de Guzmán, a pesar de la ferviente oposición de los sacerdotes y frailes de la Iglesia de aquella época.

Una tradición que también se mantendría una vez la ciudad se tuvo que mudar a lo que hoy se conoce como el Casco Antiguo, a partir de la destrucción de Panamá La Vieja por parte del pirata inglés Henry Morgan en el año 1671.

El líder liberal y periodista Guillermo Andreve, por su parte, reseñó en la edición de la revista Lotería de febrero de 1944,que la forma actual “de cultura y esplendor” de los carnavales se sitúa en el año 1910.

“Antes de este año eran patrimonio de las clases populares. Comenzaban levantando bandera el 20 de Enero, día de San Sebastián, y organizando partidos que rememoraban bien el ataque de la antigua Panamá por los piratas, bien la conquista de México por Hernán Cortés, bien el asalto de los demonios a los pecadores, juego este llamado de los diablos, bien el levantamiento de los esclavos llamados cimarrones”, reseñó Andreve en su día.

Teniendo como epicentro capitalino la Avenida Central, Andreve consideró que los carnavales celebrados en Panamá podrían ser figurados con los que se celebran en otras latitudes como Nueva Orleans (Estados Unidos) y Niza (Francia).

Incluso atrajeron la atención en aquella época de los turistas de diversos países de la región como Costa Rica, Colombia, Jamaica, Nicaragua, Cuba y Ecuador. Los carnavales de la capital, según relató Andreve en su artículo, se celebraban con las tunas y las comparsas – cuyo recorrido empezaba por Calidonia y proseguía por San Felipe - como protagonistas en las que los asistentes vestían sus mejores atuendos típicos como la pollera y el montuno. Un aspecto que también se dejó ver en las calles de la ciudad capital, durante las décadas de los años 1940 y 1950.

En ese mismo año, en 1910, es cuando el Consejo Municipal se encarga de la organización de los carnavales y designa a Manuelita Vallarino como primera reina de los carnavales, convirtiéndolos así en una fiesta oficial. Así lo recuerda Escarreola citando el libro ‘Los apuntamientos históricos’ de Mariano Arosemena.

El historiador – quien también es docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá – resaltó a este diario que la celebración de los carnavales en el interior del país mantuvo la tradición colonial española a través del tiempo. Por otro lado, señaló que los carnavales en la capital han relegado a un segundo plano la tradición folclórica autóctona de la panameñidad.

“Ahora lo que encontramos es una tarima donde ni siquiera hay una pollera y, en vez de eso, vemos a un policía rociando agua a la gente desde el escenario. Ya no hay cantos ni salomas en la capital, como antes existía. Existía un personaje que se llamaba ‘El resbaloso’, el cual era un personaje que venía de la colonia, y lo eliminaron por decreto. Lo que no entiendo son las razones que dieron para su eliminación. Unos decían que porque era negro. Entonces, yo digo: ‘si pones un hombre negro o blanco o con los ojos azules, entonces a todo el mundo se supone que le va a gustar. El problema no es de gustos ni de raza, el problema es la tradición. Y cuando tú hablas de tradición, tú tienes que mantener esa tradición, porque si tú borras la tradición de tus ancestros, vas a borrar tu propia identidad como persona”, reflexionó Escarreola, apelando a que las autoridades devuelvan el sentido patrio que alguna vez tuvieron los carnavales de la capital.

El testimonio de una reina de Calle Abajo

Uno de los puntos de la geografía nacional donde se vive con mayor intensidad es en la ciudad de Las Tablas (provincia de Los Santos). En esta localidad de más de 9,000 habitantes, cada año se encaran las tunas de Calle Arriba y Calle Abajo en los carnavales, en los que se vislumbra esa rivalidad festiva situada en un panorama marcado por la comparsa, el estruendo, la intensidad y la defensa de la respectiva soberana de cada tuna.

Jeanette Combe Jaén vivió de primera mano esa experiencia. Siendo una de las reinas más recordadas por la tuna, Combe Jaén también alcanzó diversos hitos como el haber sido la primera Miss Hawaiian Tropic panameña, así como haber ganado diversos concursos de belleza como el Miss Hispanidad y la Reina Internacional del Caribe.

En una conversación con La Estrella de Panamá, la exreina de Calle Abajo recordó cuando fue escogida en el año 1983 después de estar muy activa dentro de la tuna desde muy chica, cuando acompañaba tanto a su madre como a su abuela dentro del jolgorio y la diversión.

“Cuando desempeñé la responsabilidad de ser reina, me di cuenta de que tanto la familia como las amistades son un apoyo primordial porque se necesita todo un equipo de apoyo para sacar adelante un carnaval junto con la directiva, quienes fueron como mi familia”, resumió.

Llegado el momento, Combe Jaén modeló los días de carnaval con los vestidos adecuados para una ocasión específica como los culecos o las presentaciones. La exreina de Calle Abajo recuerda con cariño cómo su abuela paterna le confeccionaba los vestidos de culecos que, entre otros elementos, contenían una falda de rumbera y diversos accesorios como pendientes y collares. Así como una pollera de gala y un traje indígena guna que usó durante el martes de carnaval.

Otro de los trajes que utilizó Combe Jaén era alusivo a la película de Martin Scorsese ‘New York, New York’ (1977) en el cual se emulaba a su protagonista encarnada por la actriz Liza Minnelli. En tanto, la exreina de Calle Abajo sorprendió al público presente no solo disfrazándose de la Mujer Maravilla ante el público que la esperaba en el Parque Belisario Porras, sino aterrizando en helicóptero para llegar al Estadio de Las Tablas. Todos estos movimientos fueron coordinados por un gran equipo conformado tanto por su familia como del comité organizador de la tuna de Calle Abajo de Las Tablas, encabezado en ese momento por su presidenta América Vásquez.

“Lo del helicóptero fue un escándalo (...) Hay quienes lo recuerdan, hay quienes no, y eso iba de boca en boca”, rememoró a este diario.

La exreina de Calle Abajo de Las Tablas recuerda que hoy en día es mucho más fácil para las reinas organizar y divulgar sus eventos en comparación con los tiempos de antes, en los que la única vía de comunicación era el teléfono fijo. De igual forma, aseguró que no habían estándares de belleza tan rígidos como predominan ahora en los eventos en los que precisamente la belleza es la mayor protagonista.

“La belleza del carnaval de Las Tablas está en su reina, el lujo que desprenden tanto la reina, la tuna y los carros alegóricos, ya sea de día y de noche. Esa es la belleza. Estoy involucrada dentro de la tuna y realizamos actividades para que todo un año salga adelante un carnaval bonito y invitamos a que la gente lo vea. El trabajo es duro y arduo, son las noches sin dormir que pasan tanto la reina y sus padres como la junta directiva de la tuna y, al final, se logra el objetivo por el que tanto se ha trabajado”, concluyó.

Jeanette Combe Jaén
Exreina de Calle Abajo de Las Tablas (1983)
La belleza del carnaval de Las Tablas está en su reina, el lujo que desprenden tanto la reina, la tuna y los carros alegóricos, ya sea de día y de noche.”