¿Cómo se perfila a un monstruo?
- 18/07/2026 00:00
Un análisis conductual del caso Jeffrey Epstein revela los rasgos que le permitieron operar durante décadas y desafía a la justicia a llegar hasta el final
Cuando me certifiqué internacionalmente en análisis conductual para perfilación criminal, nada, absolutamente nada, me advirtió para lo que me enfrentaría en el camino. Conforme los casos reales fueron apareciendo, tuve que entrenarme de forma única y ardua para que, mis emociones, no tomaran las riendas y perdiera el camino de la objetividad.
Siempre me quedará grabado lo que mi entrenador, John Douglas, fundador de la unidad de análisis conductual del FBI en Quántico, Virginia decía: “de su objetividad depende que una víctima y su familia descansen; de su objetividad depende la libertad o la condena de alguien, de su objetividad, depende la verdad porque, en la verdad, está la justicia.”
A 10 años de estudio, estoy convencido de que ningún experto en la materia está preparado, por más casos y experiencia que tenga para ver al mal cara a cara en su más pura concepción porque, realmente, es indescriptible e incomprensible.
Hay una frase de Nietzsche que también tengo grabada en la mente: “cuando miras demasiado tiempo al abismo, el abismo te devuelve la mirada”. ¿Qué significa? Al investigar profundamente al mal, la oscuridad o el dolor, corremos el riesgo de ser consumidos por ellos. Reiteradamente todos mis entrenadores me dijeron: “entra en la mente del criminal y sal lo más rápido que puedas de ella” ... Ahora, ¿quiere meterse al abismo del mal?, ¿quiere ver al monstruo cara a cara?
Nacido y criado en Nueva York, Epstein enseñó matemáticas y física en la escuela privada Dalton School a mediados de la década de 1970 y fue, en una reunión de tutores y educadores, donde conoció al padre de uno de sus estudiantes amigo de un ejecutivo de banco quien lo incorpora a los negocios bancarios, logrando así, generar vínculos con la élite empresarial y política de muchos países.
Ahí comienza a mostrar actos delictivos como estafas, engaños y sobornos, curiosamente, pese a que fue investigado y llevado a juicio, salió impune de los cargos que en su momento se le aplicaron. Primera bandera roja... años después, comienzan a salir a la luz casos y hechos que lo relacionan con pederastia y pedofilia.
Personalidad narcisista: a menudo presumía de sus actividades e, incluso, a mayor edad se deja ver en lugares públicos con niñas y niños pequeños. Mostraba una fuerte sensación de superioridad y excepcionalidad; se veía a sí mismo por encima de las normas morales y legales. Buscaba validación a través del poder, el dinero y el acceso a élites.
Al considerarse intocable, guardó fotos de sus víctimas pues para él, eran trofeos e, incluso, vídeos o diarios de los abusos. Los archivos y correos que ahora salen a la luz, dan fe de esta característica. La mayoría de las víctimas de la red de trata de Epstein se encontraban entre los 13 y 17 años.
Controlaba rutinas, movimientos y dependencias económicas de cada persona. Creaba sistemas donde las víctimas terminaban reclutando a otras, lo que convertía el abuso, en una estructura más fuerte y no, en actos aislados.
Al necesitar control o admiración y no vínculos afectivos genuinos, hace que su narcisismo sea, no solo “egocéntrico”, sino maligno pues le abre las puertas a su segundo rasgo más letal...
Psicópata: Era notoria la ausencia de empatía hacia sus víctimas. Su arma preferida era la manipulación instrumental de personas (las veía como medios u objetos y no como seres humanos). Además de ser un depredador sexual, era un depredador moral y social pues, su patrón, no fue impulsivo sino sistemático y organizado.
Seleccionaba mayoritariamente a víctimas vulnerables a conciencia (menores, jóvenes con carencias o guía de padres). Normalizó progresivamente sus abusos sexuales, esto se llama “grooming (del verbo to groom), que alude a conductas de acercamiento o preparación para un determinado fin.
Altamente calculador y manipulador: cada relación tenía una utilidad. También era paciente y estratégico pues operó durante décadas, adicionalmente, poseía una baja reactividad emocional pues nunca hubo indicios de remordimiento genuino.
Deliberadamente trabajaba para ganarse la amistad de menores de edad, creando una conexión emocional con los mismos con el fin de ganarse su confianza para, luego, poder chantajear emocionalmente de ellas(os) y abusar sexualmente. Todo esto, indica predación planificada y no “conductas fuera de control o inconciencia de sus actos”.
Encanto superficial o personalidad magnética: sabía parecer brillante, confiable y carismático. No todos los psicópatas son violentos; algunos operan en contextos sociales sofisticados, como él. Era un mitómano sin signos de culpa (mentía constantemente). Mostró, además, un parasitismo social o sea que, vivía del estatus ajeno mientras se presentaba como “mentor”.
Poseía la clásica Máscara de la sanidad: Es una conducta asociada a delincuentes letales. ¿Ejemplo? John Wayne Gacy o Dennis Rader (el asesino BTK).
En el caso Epstein, desarrolló una fachada, se rodeó de gente de cierto perfil para pasar desapercibido, entre ellos: príncipes, abogados, empresarios, políticos, actores, etc. etc. generando y enlazando así, redes sociales fuertes. Él sabía que, al mantener un estatus puntual entre las esferas de poder, era más que suficiente para comprar voluntades más, si había videos o audios de por medio que los relacionaran con él, esto, se llama manipulación.
Es por ello que, este caso, no puede ni debe quedar impune como así, todo nombre que esté involucrado directa o indirectamente en él... la pregunta es ¿está la justicia lista para hacer honor a su nombre caiga quien caiga? Recuérdelo amigo lector: Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.