Cuentos en la etapa preescolar: una oportunidad para desarrollar la imaginación y la lectura
- 31/10/2026 00:00
A través de personajes, situaciones imaginarias y relatos de la vida cotidiana, los niños pueden descubrir nuevas ideas
La narración de cuentos y las historias tienen un papel importante durante los primeros años de aprendizaje. A través de personajes, situaciones imaginarias y relatos de la vida cotidiana, los niños pueden descubrir nuevas ideas, desarrollar su curiosidad y comenzar a familiarizarse con el mundo de la lectura. Pero ¿qué sucede cuando estas historias forman parte de sus actividades desde la etapa preescolar y cómo contribuyen a estimular su imaginación?
En algunos hogares, esta práctica comienza con relatos que pasan de una generación a otra. Padres y abuelos cuentan historias, comparten experiencias y dan vida a personajes que despiertan preguntas en los más pequeños. Más allá del entretenimiento, estos momentos pueden convertirse en oportunidades para que los niños escuchen, imaginen y construyan sus propias ideas.
Así ocurre en el hogar de Emma Braghtly, madre de una niña que actualmente cursa preescolar, quien compartió con La Estrella de Panamá que contar historias es una actividad habitual en su familia. Según explicó, tanto ella como la abuela de la pequeña participan en estos momentos, que suelen repetirse casi todos los días. “De historias urbanas, de los tiempos de antes”, comentó al referirse a los relatos que comparten en casa. La madre explicó que esta costumbre se mantiene con frecuencia en la familia: “Por lo general casi todos los días piden o la abuela, si no soy yo, la abuela les cuenta historias”.
Esta dinámica despierta el interés de la niña, quien suele hacer preguntas sobre lo que escucha y busca comprender por qué suceden determinadas cosas. Para Braghtly, escuchar historias desde temprana edad es importante porque contribuye al desarrollo de la imaginación y el pensamiento, al permitirles conocer distintas situaciones y observar las cosas desde otras perspectivas. “Sí, es bueno porque creo que desarrollan su imaginación y pensamiento, viendo las cosas diferente”, expresó.
La experiencia familiar también se complementa con las actividades que la pequeña realiza en la escuela, donde los cuentos, los libros y las dinámicas didácticas forman parte de sus experiencias de aprendizaje. Para ella, estos ejercicios han despertado la imaginación de su hija y su capacidad de pensamiento crítico, elementos que, concidera en una era tan digitalizada, son privilegios que lejos de no estar refuerza cada día.
En el entorno educativo, la narración de historias representa una oportunidad para que los niños reconozcan palabras, sigan secuencias, identifiquen personajes y participen en las actividades del aula. A través de estos recursos, los docentes pueden acercarlos a la lectura de una manera dinámica y vinculada con sus intereses.
En su hogar los espacios para imaginar no se limitan a los momentos en que alguien cuenta una historia. La madre explicó que procura establecer límites al uso de los dispositivos electrónicos mediante aplicaciones que permiten controlar el tiempo que su hija pasa con el celular.
“Televisión no se ve. Muy poco el teléfono por ratos”, señaló al describir las dinámicas familiares. También destacó que la pequeña mantiene el interés por los juegos y las actividades que comparte con su hermana: “A ella todavía le gusta jugar, inventar, todavía comparte con la hermana, jugar con la casita, la maestra, ese tipo de cosas”.
Estas actividades permiten que las niñas creen situaciones, representen personajes y recreen experiencias de su entorno. Son otras formas de poner en práctica la imaginación, una capacidad que también puede estimularse mediante los cuentos y las historias que escuchan en casa.
La experiencia familiar encuentra continuidad en la escuela, donde los cuentos y las narraciones pueden convertirse en herramientas para acompañar los primeros acercamientos a la lectura. Escuchar una historia, reconocer a sus personajes, seguir lo que sucede y anticipar cómo podría terminar son ejercicios que permiten a los niños participar, formular preguntas y darle sentido a lo que escuchan.
Desde el ámbito educativo, la docente Maribel Batista también resaltó la importancia de contar y leer cuentos durante la etapa preescolar, al considerar que estas experiencias permiten que los niños desarrollen su imaginación, despierten su curiosidad y amplíen sus conocimientos sobre el lenguaje.
Batista explicó que, cuando los pequeños escuchan una historia, su mente recrea los lugares, personajes y acontecimientos que se describen, lo que les permite imaginar situaciones más allá de lo que observan en su entorno inmediato. “Los cuentos y relatos te transportan a ese lugar, a ese momento y a ese evento que está sucediendo, que la mente te transporta”, expresó.
A su juicio, esta capacidad de representar mentalmente lo que escuchan contribuye a estimular la imaginación y la curiosidad infantil. Además, señaló que los relatos ofrecen la oportunidad de incorporar nuevas palabras al vocabulario de los niños, especialmente cuando se encuentran con expresiones que todavía no forman parte de su lenguaje cotidiano.
La docente indicó que, durante la lectura o narración, es importante detenerse en aquellos términos que los pequeños no comprenden y explicarles su significado mediante palabras y ejemplos adecuados a su edad. Como ejemplo, mencionó que, al utilizar una expresión como “pérdida visual”, es necesario explicarles que se refiere a una persona que tiene dificultades para ver. De esta manera, el cuento no solo permite seguir una historia, sino que también se convierte en una oportunidad para aprender y comprender nuevas palabras.
Otro aspecto que destacó es la manera en que los niños relacionan los relatos con sus propias experiencias. Según comentó, cuando escuchan determinadas situaciones, algunos recuerdan acontecimientos de su entorno familiar y los vinculan con lo que ocurre en la historia. Así, pueden mencionar que algo parecido le sucedió a su mamá, a su papá o a su abuela. “La mayoría se enfoca y dice: mi mamá también, o mi papá o mi abuela”, relató.
Para Batista, estas reacciones muestran cómo los cuentos pueden convertirse en un punto de conexión entre la imaginación y la realidad de los niños, pues no solamente escuchan lo que sucede en una narración, sino que también buscan relacionarlo con las personas y situaciones que conocen.
La promoción de la lectura, añadió, debe comenzar desde los primeros niveles escolares y mantenerse a medida que los estudiantes avanzan en su formación, pero sobre todo mantenerlo en el hogar. Como ejemplo, mencionó que en el centro educativo donde labora se dedica la primera hora de la jornada a la lectura. En el caso de los estudiantes de primer grado, explicó que al llegar al aula deben sacar sus libros y comenzar a leer como primera actividad del día.
El interés por desarrollar estas habilidades desde los primeros años también se refleja en las iniciativas del Ministerio de Educación (Meduca). La entidad cuenta con actividades dirigidas a fortalecer habilidades previas al aprendizaje formal de la lectura y la escritura. A estas iniciativas se suma el Festival Nacional de Creación de Cuentos (FESTICREC), que reunió a niños, jóvenes, padres de familia y docentes para la creación de cuentos.
En la etapa preescolar, cada historia puede convertirse en una oportunidad para preguntar, descubrir e imaginar. Tanto en el hogar como en las aulas, la narración de cuentos permite que los niños se acerquen a nuevas experiencias y encuentren en las palabras una puerta para desarrollar su creatividad y despertar el interés por la lectura.