Designaciones étnicas en Panamá

El mestizaje durante la colonia propició el surgimiento de nuevas categorías para identificar a los grupos humanos que convivían en el istmo de Panamá. Nilsa Justavino
  • 01/11/2026 00:00

La colonia creó una inusitada situación de encuentro de diferentes grupos humanos que una vez, en el istmo se mezclaron y produjeron nuevos tipos étnicos. Esto dio lugar a un ejercicio inédito de denominar a los nuevos tipos de población desde diversas concepciones; en algunos casos de manera formal y en otros de forma coloquial y hasta desde el punto de vista de la desigualdad o la discriminación.

Este fenómeno dio origen a una amplia tipificación de los pobladores locales de estas tierras y también de los que llegaron con posterioridad. Aquí se hace un recuento no exhaustivo de nombres para diversos grupos étnicos que han enriquecido a Panamá.

En siglos pasados para los africanos y sus descendientes figuraban cuarterón ‘mestizo de mulato y blanca (o viceversa)’, moreno ‘negro’, mulato ‘mestizo de blanco y negra (o viceversa)’, muleca, muleque ‘africana/o de entre 7 y 12 años’, mulecón/a ‘africano/a joven o adolescente’, mulequillo ‘africano menor de 7 años’, negro ‘africano adulto’, octorón ‘mestizo de blanco y cuarterona (o viceversa)’, pardo ‘descendiente mestizo de africano’, quinterón ‘mestizo de cuarterón y blanca (o viceversa)’, sexterón ‘mestizo de quinterón y blanca (o viceversa)’, zambahigo o zambo ‘descendiente de negro e india (o viceversa)’. (Hasta hoy hay quienes dicen zambito al niño de corta edad).

Negros o morenos

Como expresión nada elogiosa en el siglo XVIII se encuentra “de sangre impura” o “padecer del natal” para afrodescendientes mientras que negros mogollones se usaba para los del grupo al servicio del ejército español.

Hoy circula de manera general negro (narrativo y vocativo), sin indicación de edad ni adscripción geográfica, con su eufemismo moreno. Menos usado es prieto, que es referencial. Excepcionalmente durante el siglo XX se ha oído abisinio, de registro escrito en otros sitios. Tampoco circulan castas ‘negros’ o libres de color, de uso hasta el siglo XIX. Libertino ‘esclavo africano liberto’ es también anticuado, desusado e inaudito hoy. Sin embargo, se repiten culí, culisa(o), que derivan del inglés coolie, para la persona negra o de piel oscura con cabello lacio u ondulado. Habrán aparecido por el XIX como préstamos del inglés caribeño tanto en Panamá como en Costa Rica.

De toda América en el XVII es “gente o persona ‘del [dicen así] color’”, desusada hoy, pues se oye “de su/tu color”, “gente de color” o “persona de color”. Es parecido al “colored people” del inglés, que difiere del “people of color” estadounidense, del siglo pasado. Éste recubre a los afrodescendientes, amerindios, asiáticos, semíticos, hispanoamericanos (llamados “latinos”) etc. En plena expansión en lengua inglesa, la frase “person of color” se encuentra difícilmente versionada en español. En francés se usaba “gens de couleur” 'gente de color' para los afrodescendientes mestizados. Así los Alexandre Dumas, padre e hijo, autores de novelas de feliz memoria.

El despectivo macaco se ha usado para chinos durante el siglo XX.

Para el ‘mestizo de blanco e indio’ o el ‘amerindio aculturado o ladinizado’ se usa cholo, y frecuentemente se profiere para indicar rusticidad, al igual que buchí, que parece derivarse del inglés. Es peyorativo. Cholo circula por toda América. Enaltecido, se corona en el cholo Vallejo para denominar al irrepetible poeta peruano.

Chombos
El habla panameña conserva términos vinculados con la herencia africana y las migraciones que transformaron la sociedad del istmo a lo largo de los siglos.

Chombo no será anterior al siglo XIX. Según el historiador, por entonces Panamá había dejado de ser el español “Istmo de Sevilla” para pasar al “Istmo de Jamaica”, porque recibía numerosos inmigrantes e importaciones del Caribe anglófono, lo que explica que el vocablo se refiera al afrodescendiente anglohablante. Los afroantillanos de habla francesa se conocieron como patuá (en francés se escribe patois); tanto chombo como patuá se registran como despreciativos. En casos, chombo se usa para cualquier afrodescendiente con independencia de su habla. (El vocablo tiene otra acepción en medio rural: “lamparita de latón con una mecha de tela, o una botella de grueso vidrio, con mecha de algodón”).

Relacionada con la palabra anterior se oye meco, derivada de yumeco ‘jamaicano’, y éste del gentilicio inglés Jamaican, ‘jamaicano o jamaiquino’. Para referirse a los de la antillanía anglohablante, hay quien utiliza, cachepalo, guacuco o merolo. Ninguna de estas formas honra al enunciador.

Los “blancos” también tuvieron sus denominaciones

Blanca(o) de uso narrativo o referencial (“Ellos son blancos y se entienden” según un dicho) modificó su significado étnico hasta incluir ‘rico; persona de alcurnia; individuo socialmente importante’ sin distinción somática. Es también vocativo refugiado en sectores suburbanos y rurales. (En el Caribe anglófono se utilizaba “white black”, es decir, ‘negro blanco’ para el afrodescendiente de alcurnia).

Gil Blas Tejeira registra una interesante anécdota en El habla del panameño (1964; en la página 108):

“Blanco es vocablo que tiene entre el campesino coclesano más significado social y económico que racial. Para el hijo del campo de Coclé, y más para el cholo, blanco es el hombre del pueblo a quien él reconoce categoría.

“Hace pocos días me contaba un agudo amigo penonomeño que se había acercado a un tamborito muy alegre que tenían en El Coco, campo inmediato a Penonomé, y que al llegar hasta la rueda atraído por los gritos de “dejen bailar al blanco”, se encontró con un maestro de escuela, muy encorbatado y ensacado, bastante moreno de color. Él era el “blanco” a quien había que dejar bailar.”

La función vocativa de blanca se halla testimoniada por Lady Matilde de Obarrio de Mallet (1872-1964), a quien, en relación con las tejas de la Catedral, un obrero que las maltrataba, porque ella le exigía mejor trato, le espetó: “Dígame, blanca, ¿y acaso son estas cuentas de su rosario?”. (El uso es de 1916 como muy tarde. Véase O. Méndez Pereira, “Las tejas de la Catedral de Panamá”, en Revista Lotería, enero-febrero 1981).

Deslizamiento semántico (fenómeno habitual en todas las lenguas) parecido al de blanca(o) se nota en palenque. En el siglo XVII era ‘comunidad indígena’ (de acuerdo con A. Castillero Calvo en Conquista, evangelización y resistencia, 1995) y luego varió a ‘comunidad de africanos cimarrones’. Ha sido ‘unión familiar’ (“espero que todo mi palenque me apoye”) y ‘amerindio’ (“Esos son de palenque, aunque tengan nombre castellano”), según Beatriz Miranda de Cabal (en “Anotaciones al lenguaje popular”, recopilación de la revista Humanidades de por 1979).

Dos voces para denotar al rubio son ñopo y fulo. No se ha desentrañado la etimología de ñopo, que un documental Antonio Alcedo registró para Perú referido al español europeo; pero de fulo consta su origen en una lengua africana. Está incorporada también al portugués del Brasil (como en “fulo de raiva” es decir, ‘pálido por el enojo’). Proviene de los fulbes o fulas, del África, llamados “los blancos” por sus pueblos vecinos. (A los fulas o fulanis, un pueblo originalmente nómade del África occidental, también se los conoce como peules).

Mandingos

Para cerrar un círculo léxico étnico: el intenso mestizaje de América a través de los siglos se refleja en “el que no tiene de inga tiene de mandinga”, repetido por el continente según variantes en contenido y expresión. (En la red mundial del siglo XXI aparece “Tinga mandinga”, que viene de Panamá). Los fulos panameños, rubios naturales, adquirieron su nombre de una etnia africana en el Istmo donde quien “no tiene de dinga, tiene de mandinga”, si no es más que en el nombre, como la Cucarachita Mandinga, personaje del folclore circuncaribe o Antón Mandinga, jefe afrocimarrón en el Panamá de finales del siglo XVI. Dinga es variante de inga, es decir, inca, pueblo notable del Nuevo Continente y que, traslaticiamente, recubre a todo amerindio. A su vez, mandinga se refiere a los mandingos o mandé, quienes, al igual que los fulas, provienen del África, en varios aspectos continente inicial y nutricio.

El autor es profesor de idiomas e investigador lingüístico y literario, miembro correspondiente de la Academia Panameña de la Lengua.