Dilemas
- 05/09/2026 00:00
América Latina enfrenta bajo crecimiento, baja productividad, informalidad laboral y una creciente vulnerabilidad climática, mientras la inteligencia artificial transforma el empleo
¿Cómo actuar en una región con tantos potenciales pero con pronunciados “cuellos de botella”?. Se reseñan algunos temas claves.
La CEPAL presentó su nuevo informe sobre la región, “Crecimiento y productividad en un contexto de alta informalidad”. Entre las conclusiones:
La economía regional crecería un 2,2% en 2026, después de un 2,4% en 2025, y subiría a un 2,5% en 2027.
De confirmarse estas proyecciones, la región completaría 5 años con un crecimiento promedio cercano al 2,3%, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, y cerrar las brechas de desarrollo.
Hay un deterioro del contexto internacional.
Las principales limitaciones estructurales de la región son: bajos niveles de inversión, escaso crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal y una elevada y persistente informalidad laboral.
La CEPAL enfatiza: “La región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor. Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y de las empresas, amplíe la protección social y genere más empleos formales de calidad”.
La formalización permitiría aumentar la protección social y reducir las desigualdades.
Está llegando a América Latina el fenómeno de El Niño, que se produce anualmente, pero con una capacidad de daño inédita. Las cifras récords de suba acelerada de la temperatura de los mares y el “calentamiento global” están favoreciendo que se produzca un Niño de altísima severidad.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advierte que El Niño 2026-2027 tiene más del 90% de probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte. Se habla de un “super Niño”, que superaría los registros históricos que se iniciaron en 1950.
Se esperan en toda la región efectos regresivos sobre sus recursos naturales y las poblaciones más vulnerables. Se necesita se refuercen los procesos de monitoreo y alarma y se fortalezcan las políticas protectoras.
¿Qué piensa Gates sobre el desempleo masivo que puede generar la inteligencia artificial?. Algunos de sus más recientes señalamientos.
La transición hacia la inteligencia artificial será uno de los periodos más turbulentos de la historia humana y provocará la pérdida permanente de millones de empleos.
No hay ningún plan por parte de gobiernos ni empresas para mitigar este impacto estructural.
Hay varios puntos clave:
1) Impacto inmediato y permanente. La automatización no solo eliminará tareas, sino que hará desaparecer profesiones enteras para siempre, afectando primero a los roles iniciales y medios.
2) Trabajos de cuello blanco en riesgo. La IA avanzará rápidamente sobre sectores técnicos y profesionales que antes se creían seguros, tales como la evaluación de créditos bancarios, el análisis de datos complejos, la programación de software, tareas de asistentes legales y el triaje de pacientes en la salud.
3) Los robots “inteligentes” y autónomos serán tan baratos que competirán directamente con la fuerza laboral humana en sectores físicos.
4) El mercado se contraerá drásticamente, disminuyendo las oportunidades de empleo para quienes apenas ingresan al mundo laboral.
1) Crear una categoría de empleos que, por ley, queden estrictamente protegidos de la automatización y reservados solo para personas, priorizando la empatía y la conexión humana sobre la eficiencia económica.
2) Implementar un impuesto directo a las empresas que utilicen automatización e IA con el fin de encarecer el reemplazo de trabajadores humanos. Lo recaudado serviría para financiar programas de reentrenamiento laboral masivo y fortalecer las redes de protección social.
Urge encarar los desafíos planteados para aumentar la inversión productiva y bajar la muy elevada desigualdad. Políticas públicas activas, empresas privadas responsables y una sociedad civil movilizada pueden hacerlo.