‘El peso invisible de lo que callamos’: 25 obras sobre identidad, sexualidad y aceptación

El arte es el vehículo de Hurtado y Pérez Vega para contar historias que abordan desde las formas particulares de vivir el amor y relacionarse con el cuerpo del otro hasta la complejidad de los vínculos humanos. José Vilar | La Estrella de Panamá
  • 10/10/2026 23:28

Christian Pérez Vega y Walter Hurtado exploran la memoria, el cuerpo, la sexualidad y las heridas del rechazo en una exposición en la galería Arteconsult

En la exposición ‘El peso invisible de lo que callamos’, que se presentará hasta el próximo 17 de octubre en la galería Arteconsult, las obras de Christian Pérez Vega y Walter Hurtado establecen una simbiosis narrativa que ofrece una mirada a las emociones más íntimas y a experiencias relacionadas con la memoria, la duda, el anhelo, la exploración sexual y las máscaras que a veces se utilizan para sobrevivir en el mundo.

Pérez Vega y Hurtado, miembros de la comunidad LGBTIQ+, vivieron estas experiencias de primera mano, al enfrentarse al rechazo y al acoso de quienes no aceptaban que se mostraran tal como eran. Hoy, el arte es su vehículo para contar historias que abordan desde las formas particulares de vivir el amor y relacionarse con el cuerpo del otro hasta la complejidad de los vínculos humanos.

Para ambos, la creación artística constituye una herramienta de sanación, catarsis y autoaceptación en un mundo hostil hacia quienes desafían la norma heterosexual. La unión de las visiones de ambos artistas fue concebida por la curadora de la exposición y directora de Arteconsult, Ana Berta Carrizo, tal como revelaron Pérez Vega y Hurtado en una entrevista con La Estrella de Panamá.

Desde el collage hasta la pintura, ambos artistas recurrieron a diversas técnicas para hilar una historia en torno a la experiencia homosexual, el crecimiento en ambientes homofóbicos y los tabúes impuestos por la sociedad. El resultado de esta unión artística es una colección de 25 piezas que ilustran esta realidad desde sus respectivas perspectivas. Para Hurtado, el arte también es un vehículo para verbalizar determinadas experiencias. “Cuando hago una obra sobre algo que he vivido, esa pieza me da seguridad para abordar el tema. Se convierte en una especie de respaldo. Eso me pasó mucho con esta exposición: me sentía seguro al hablar tanto de mis traumas recientes como de los más antiguos, porque tenía detrás una obra, una práctica artística que me daba esa seguridad y la posibilidad de expresarme”, manifestó.

Un ejemplo es su obra ‘Máquinas que cifran fantasías y crean adicción’, en la que se aprecia un cuerpo humano oculto tras una silueta azul. En sus piezas, Hurtado relata el desafío que supuso vivir con autenticidad mientras afrontaba la experiencia de migrar de Venezuela a Panamá a los 15 años y el bullying durante su etapa escolar, circunstancias que incluso le hicieron dudar de quién era realmente. Pese a esas dificultades, poco a poco fue construyendo la persona que es hoy y aprendiendo a reconciliarse consigo mismo.

Durante la elaboración de estos trabajos artísticos, Hurtado tuvo presente el pensamiento del filósofo neerlandés Baruch Spinoza, en particular la pregunta ‘¿qué puede un cuerpo?’, que invita a reflexionar sobre las capacidades humanas y sobre aquello que debilita o fortalece a las personas. La serie artística le brindó la oportunidad de explorar lo que ha sido capaz de hacer con su propio cuerpo.

‘El sonido que hizo mi corazón en mi pecho, como un disparo, se quedó conmigo, y no sé por qué’, de Christian Pérez Vega.

Por su parte, Pérez Vega creó sus primeros collages a partir de la adicción y la acumulación. Tenía una montaña de revistas y la necesidad de expresar sus frustraciones mediante la creación. Posteriormente, estas composiciones surgieron del ejercicio de observar, seleccionar, recortar y relacionar cuerpos para crear mundos distintos al propio. Desde entonces, su práctica artística consiste en recopilar escenas y construir imágenes capaces de generar sensaciones que pongan a prueba los circuitos cerebrales y propicien una conexión con las experiencias, las ideas y los sufrimientos.

Durante su adolescencia, la pornografía en internet se convirtió en un vehículo para explorar su curiosidad y su deseo, así como en una vía de escape en la que sentía que sus fantasías tenían sentido. En ese equilibrio entre el autop placer, la adicción y su tendencia a acumular imágenes, su interés por representar el cuerpo en el arte se cruzó con el exceso de imágenes eróticas y pornográficas, que funcionaron como un soporte para su exploración personal.

A partir de ahí, fue acercándose progresivamente a lecturas que analizan las teorías filosóficas, psicológicas, culturales y sociales sobre los cuerpos sexodisidentes —como los intersexuales, los muxes y las identidades cuir, entre otros—, con el objetivo de comprender cómo se han configurado las nociones actuales sobre las disidencias sexuales.

Una de sus obras, ‘El sonido que hizo mi corazón en mi pecho, como un disparo, se quedó conmigo, y no sé por qué’, forma parte de la producción artística que Pérez Vega desarrolló a partir de conceptos del filósofo e historiador francés Michel Foucault, relacionados con la docilidad del cuerpo cuando es sometido, analizado, transformado y perfeccionado mediante la disciplina.

“Mi obra no pretende representar literalmente lo que he vivido. Es un trabajo bastante visceral, pero, al hacerlo, intento explorar lo que ocurre dentro de mí: los traumas, las frustraciones, los miedos, las pérdidas y los fracasos. Todo eso puede verse reflejado en las piezas. Los cuerpos se fracturan, se fragmentan, se mezclan, se caen y se apoyan unos en otros. Me interesa especialmente la relación entre los cuerpos, en la que siempre aparece algún tipo de contacto: un agarre, un abrazo, una caricia o el acto de sostener a alguien.

El primer detonante de este proceso fue una gran frustración que experimenté en 2017. Sentía que, debido a la tecnología y a las dinámicas sociales, los cuerpos, especialmente los homosexuales, pasaban de una persona a otra con mucha facilidad. Las relaciones sexuales y amorosas podían volverse muy efímeras. Existen muchas aplicaciones móviles en las que la gente busca conexiones, pero también hay mucho anonimato. Algunas personas no muestran su rostro y solo enseñan el torso. Todo eso forma parte del concepto que exploro en mi trabajo”, describió Pérez Vega.

Ambos artistas coinciden en valorar tanto las experiencias buenas como las malas, pues consideran que contribuyeron a forjar quienes son hoy. Para Pérez Vega, la exposición también invita a reflexionar sobre el derecho al goce, al placer y a vivir la sexualidad sin miedo a la discriminación. En Panamá, explica, muchas personas homosexuales sienten temor ante gestos tan cotidianos como tomar de la mano a su pareja en público, porque desconocen cómo reaccionarán quienes las rodean.

Se trata de una libertad que buena parte de la población heterosexual ejerce sin cuestionamientos, pero que, para muchos integrantes de la comunidad LGBTIQ+, sigue condicionada por la posibilidad del rechazo o la agresión.

“Yo he vivido en alerta durante toda mi vida y todavía me sucede”, reconoce el artista, quien señala que el miedo a sufrir una agresión en la calle persiste incluso cuando se trata de expresar afecto de manera espontánea. Tomar de la mano a alguien puede convertirse en un acto que exige valor, precisamente porque implica exponerse a las reacciones de una sociedad en la que persisten prejuicios hacia las relaciones entre personas del mismo sexo.

Esa vigilancia constante forma parte de una experiencia que, según Pérez Vega, muchas personas ajenas a la comunidad no alcanzan a comprender. Mientras algunas pueden desenvolverse en su vida cotidiana sin pensar en las consecuencias de sus muestras de afecto, otras deben permanecer atentas a su entorno y evaluar los riesgos antes de manifestar públicamente sus sentimientos. La exposición abre así un espacio para cuestionar esas diferencias y reivindicar el derecho de todas las personas a vivir su sexualidad sin que el miedo determine sus decisiones.

Para Hurtado, la muestra responde, ante todo, a una necesidad de expresión. Como artista, encuentra en el arte una herramienta para exteriorizar las ideas, emociones y experiencias que lleva dentro. La creación no siempre parte de una intención definida sobre cómo será recibida por el público, sino de la necesidad de explorar aquello que desea comunicar.

“Sinceramente, cuando hago una obra, no siempre pienso en el público que la verá al final. Lo vivo como un experimento: creo algo y dejo que suceda”, explica.

Hurtado valora que cada visitante pueda construir su propia interpretación de las obras y encontrar en ellas significados relacionados con sus vivencias. Más allá de ofrecer respuestas cerradas, la muestra busca propiciar una reflexión sobre las distintas realidades que conviven en la sociedad. En ese sentido, el arte se convierte en un punto de encuentro entre experiencias individuales y cuestiones colectivas, capaz de generar conversaciones sobre la libertad, la aceptación y el derecho a vivir sin esconderse.