Entre libros y pantallas: el reto de formar nuevos lectores en la era digital
- 29/08/2026 00:00
La Feria Internacional del Libro de Panamá 2026 refleja cómo niños y familias conviven entre cuentos impresos, cómics, mangas y contenidos digitales
En los pasillos de la Feria Internacional del Libro de Panamá 2026, los libros infantiles comparten protagonismo con una realidad que forma parte de la vida cotidiana de los niños: las pantallas. Cuentos ilustrados, cómics, mangas y nuevas herramientas digitales buscan captar la atención de una generación acostumbrada a consumir contenidos de manera rápida y visual.
Para algunos padres, la diferencia entre lo que ocurre en la feria y lo que sucede en casa es evidente. Una madre de un niño de 7 años cuenta que su hijo se emociona al recorrer los estantes de cuentos, pero que en casa la tablet suele ganar la batalla. Para fomentar el hábito, ha comenzado a establecer una rutina de lectura antes de permitirle utilizar el dispositivo.
La experiencia cambia según la edad y los intereses. Un padre de una niña de 9 años explica que su hija prefiere los libros físicos cuando comparten el momento de lectura, especialmente las historias de aventuras. Su estrategia consiste en buscar títulos que realmente despierten su curiosidad, en lugar de imponerle únicamente aquellos que considera que debería leer.
“Si el libro le engancha, se olvida del celular por un rato”, comenta.
En otros hogares, la tecnología se ha convertido incluso en una alternativa para mantener el contacto con la lectura. Una madre de dos niños, de 5 y 11 años, reconoce que mientras con el menor todavía funciona el cuento antes de dormir, con el mayor resulta más complicado. Por ello, ha optado también por permitirle leer en la tablet.
“Prefiero que lea de alguna forma”, señala.
El cambio generacional también se refleja en las preferencias de los propios niños. Un adolescente de 13 años, por ejemplo, ya casi no utiliza libros impresos, pero sí lee manga digital y algunas novelas desde el celular.
“Yo crecí con libros de papel y me cuesta aceptarlo, pero al menos está leyendo”, explica su padre.
La situación plantea una pregunta que cada vez cobra mayor importancia: ¿el problema está en la pantalla o en la manera en que se utiliza?
Una investigación reciente, publicada en Pediatric Exercise Science, siguió a un grupo de niños finlandeses desde la infancia hasta la adolescencia y encontró una asociación entre una mayor exposición acumulada a pantallas y mejores resultados en algunas medidas de procesamiento cognitivo y cognición global.
Sin embargo, el resultado no significa necesariamente que las pantallas, por sí solas, mejoren el desarrollo cognitivo. Los propios investigadores analizan patrones de comportamiento y asociaciones a largo plazo, por lo que no se puede establecer una relación directa de causa y efecto.
El hallazgo vuelve a poner sobre la mesa una diferencia fundamental: no todo el tiempo frente a una pantalla es igual. Leer un libro digital, hacer una tarea, resolver un rompecabezas o utilizar una herramienta educativa no es comparable con pasar horas consumiendo videos cortos o desplazándose de manera constante entre contenidos.
Más que un simple contador de horas, el debate comienza a centrarse en qué hacen los niños cuando están frente a una pantalla y qué actividades dejan de realizar para permanecer en ella.
La discusión adquiere otra dimensión cuando se analiza la forma en que se comparte una historia.
Un estudio publicado en Developmental Science comparó la actividad cerebral de niños en edad preescolar mientras escuchaban una historia leída en vivo y mientras la recibían mediante un formato audiovisual en pantalla. La investigación encontró diferencias en los patrones de activación cerebral, con una mayor respuesta en regiones vinculadas al procesamiento social durante la lectura presencial.
El estudio, realizado con 28 niños de entre 3 y 6 años, sugiere que la experiencia de escuchar una historia directamente de otra persona incorpora elementos que van más allá del contenido: las expresiones faciales, la voz, las emociones y la interacción entre el adulto y el niño.
Para las familias presentes en la feria, esa experiencia compartida sigue siendo parte importante del hábito lector.
“Me gusta cuando mi mamá me lee”, cuenta una niña de 6 años que recorre el área infantil mientras observa un libro de dinosaurios.
Otra niña, de 9 años, lo resume de manera más directa: “Me gusta cuando leemos juntos. Solo no me gusta cuando me obligan”.
En la feria también están presentes propuestas educativas que buscan combinar los recursos tradicionales con herramientas digitales. Es el caso de YOYALEO, un sistema panameño de alfabetización temprana que integra libros, materiales físicos, juegos y una plataforma digital.
La propuesta parte de una idea central: la tecnología puede acompañar el proceso educativo sin sustituir la interacción entre el niño y el adulto. El sistema combina historias, personajes y materiales físicos con recursos digitales diseñados para complementar el aprendizaje.
Esta visión coincide con uno de los principales retos que enfrentan actualmente padres y educadores: enseñar a los niños no solamente a alejarse de una pantalla, sino a utilizarla con un propósito.
La lectura digital no necesariamente significa abandonar el hábito lector. Para algunos menores, el celular o la tableta representan precisamente la puerta de entrada a mangas, cómics y novelas que, de otra manera, posiblemente no buscarían en un libro impreso.
Un niño de 10 años lo resume desde sus propios gustos: “Si el libro tiene dibujos, lo leo. Si no, no”.
Los formatos visuales pueden convertirse así en una vía para acercar a los niños a la lectura, especialmente cuando las historias despiertan su curiosidad y les permiten avanzar progresivamente hacia textos más complejos.
Más allá del formato, una de las coincidencias entre las experiencias de las familias es la importancia del acompañamiento.
Una niña de 6 años, que todavía está aprendiendo a leer, disfruta que su madre le cuente historias y también utiliza una tableta para jugar. Su experiencia refleja una realidad cada vez más común: los niños no viven separados entre el mundo de los libros y el mundo digital, sino que crecen dentro de ambos.
Para una madre de un niño de 7 años, establecer una rutina ha sido una forma de buscar equilibrio: primero un momento de lectura y luego el uso del dispositivo. Para otros padres, la clave está en permitir que sus hijos elijan historias relacionadas con sus propios intereses.
Comprar un libro, sin embargo, no garantiza que un niño se convierta en lector. La forma en que los adultos presentan las historias, el tiempo que comparten con los menores y la posibilidad de que estos encuentren lecturas que realmente les interesen también pueden marcar la diferencia.
En una generación que crece entre cuentos, celulares, tabletas, videojuegos y videos cortos, el desafío parece ser más complejo que decidir qué formato es mejor.
La pregunta ya no es solamente si un niño debe leer en papel o en una pantalla. El verdadero reto está en cómo formar lectores capaces de detenerse, comprender, imaginar y pensar, sin importar por cuál puerta hayan llegado a la historia.