¿Está preparado el sistema educativo para inspirar?
- 17/10/2026 10:06
El éxito no tiene un solo camino. Una educación con visión de futuro debe enseñar a los jóvenes que pueden crecer como profesionales, emprender y convertirse en agentes de cambio
Me gradué en 1986 y fue uno de los días más felices de mi vida porque, simplemente, ¡salí de una cárcel llamada colegio! Le garantizo amigo lector que lo que yo viví muchos vivieron y, lastimosamente en pleno siglo XXI siguen viviendo: un mundo que no solo no inspira, sino que además corta las alas de la innovación y pensamientos paralelos.
Hasta el sol de hoy, la educación básica y superior está basada en métodos de repetición estandarizados y poco influenciables para jóvenes que no nacieron para ser seguidores sino líderes. Una vez leí un maravilloso libro titulado “Cómo generar ideas” de Jack Foster y ahí, planteaba algo que me impactó: “todos los niños entran al colegio como signos de interrogación y salen de ahí como puntos finales”. Y por si fuera poco, una vez en una universidad escuché al rector mismo decir: “de aquí salen productos terminados”.
Al parecer él no creía en el crecimiento constante y necesario para lograr el éxito; en el estudio autodidacta y evolutivo para estar a la vanguardia de los tiempos ni, en ser un factor de cambio para la sociedad o entornos laborales... producto terminado, ¡vaya frase!
El sistema educativo actual cumple una función fundamental en la formación de los jóvenes, ya que proporciona conocimientos, habilidades y herramientas necesarias para desenvolverse en la sociedad. Sin embargo, cabe preguntarse si realmente está diseñado para inspirar a los estudiantes a crear, innovar y emprender, o si, por el contrario, está orientado principalmente a prepararlos para convertirse en empleados y no ver más allá de sus sueños.
Si bien ser asalariado no es malo, es una opción válida y muy necesaria para el funcionamiento de cualquier economía, la educación y sin duda para ganar experiencias y vivir dignamente; también debería brindar a los jóvenes la posibilidad de imaginarse como creadores de oportunidades y no únicamente como personas que buscan un puesto de trabajo.
Desde los primeros años de educación, gran parte del sistema se estructura alrededor de horarios establecidos, asignaturas, exámenes y calificaciones. Se espera que los estudiantes sigan instrucciones, cumplan determinadas tareas y alcancen respuestas consideradas correctas (para el criterio de algunos). Este modelo puede ser útil para adquirir conocimientos básicos y desarrollar disciplina, pero puede limitar espacios para la creatividad, la experimentación y la toma de decisiones.
Precisamente estas últimas capacidades son esenciales cuando una persona decide desarrollar un emprendimiento, porque emprender implica identificar problemas, proponer soluciones, asumir riesgos, equivocarse y aprender de los errores (errores que suelen ser castigados con bajas notas y con la maldita palabra fracaso o fracasado). Otro aspecto importante es que la educación suele presentar el empleo como uno de los principales objetivos del proceso formativo.
Desde pequeños, muchos jóvenes escuchan preguntas como: “¿qué quieres estudiar?” o “¿en qué quieres trabajar?”, pero con menor frecuencia se les pregunta: “¿qué problema te gustaría solucionar?”, “¿qué producto o servicio crearías?” o “¿qué necesidad de tu comunidad podrías atender?”.
Esta diferencia puede influir en la manera en que los jóvenes entienden su futuro profesional. En lugar de imaginarse como personas capaces de generar proyectos y oportunidades para otros, pueden terminar asociando el éxito únicamente con conseguir un empleo estable. Esto no significa que ser asalariado sea algo negativo, lo aclaro por si las dudas y, muchas personas encuentran satisfacción, estabilidad y crecimiento profesional dentro de un empleo. El problema aparece cuando el sistema educativo lo presenta prácticamente como un único camino hacia el éxito y deja en segundo plano otras alternativas, el trabajo independiente, la innovación o la creación de empresas... en fin, en alcanzar los sueños y pelear por ellos para hacerlos realidad. Créame amigo lector, una educación verdaderamente integral y con visión de futuro debería enseñar que existen diferentes formas de construir una vida profesional.
Para cambiar esta situación, las instituciones educativas podrían incorporar con mayor fuerza experiencias prácticas relacionadas con el emprendimiento. Los estudiantes podrían desarrollar proyectos, crear pequeñas iniciativas, aprender sobre finanzas personales, conocer conceptos básicos de administración y marketing, presentar ideas ante otras personas y trabajar en la solución de problemas reales de su comunidad. Esto ya se hace en algunas universidades y les aplaudo por ello.
También sería importante enseñarles que fracasar en un proyecto no necesariamente significa fracasar como persona, sino que puede convertirse en una oportunidad para aprender y mejorar. Es una postergación al éxito, por ende, esa palabra junto con “fracasado” debería borrarse del sistema educativo sin importar el nivel. Ok, el sistema educativo actual ha sido muy importante para preparar a millones de personas para incorporarse al mundo laboral, pero necesita evolucionar para responder también a una sociedad en la que la creatividad, la innovación y la capacidad de crear nuevas oportunidades tienen cada vez mayor importancia.
Ese sistema Siglo XIX, tiene que comenzar a escuchar a los jóvenes siglo XXI que son líderes natos, tiene que saber guiar a todos aquellos soñadores que, desde su génesis demuestran que no son seguidores sino creadores e inconformistas de lo estandarizado. No se trata de eliminar la preparación para el empleo, de esto no se trata el artículo, sino de ampliar la visión en un sistema que está obsoleto y estancado. Los jóvenes deberían salir de las aulas no solo preguntándose dónde podrán trabajar, sino también qué pueden crear, qué problemas pueden resolver y qué impacto pueden generar en su entorno para lograr lo que le sigue al éxito que es, nada más y nada menos que la realización de sueños.
Una educación que inspire tanto a trabajar como a emprender puede formar personas más autónomas, creativas y capaces de construir su propio futuro, seguros en tomas de decisiones y cautos a la hora de mirar hacia otros rumbos. Ya lo decía Steve Jobs: ”Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien más... No dejes que el ruido de la opinión de los demás acalle tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”.