Esviel Jeffers Durruthy: “El arte es un termómetro social”

Exhibición “Mañana volveré a otro lugar”. A la izquierda la serie “Cripsis”; al centro la escultura “El descanso”; y a la derecha las series “Alfabeto” y “Corazones rotos” Enea Lebrun
  • 26/07/2026 00:00

La exposición “Mañana volveré a otro lugar” explora la migración, el exilio, la memoria y la libertad a través de la obra del artista cubano Esviel Jeffers Durruthy

“Emigrar es habitar un lugar mil veces distinto y mil veces el mismo”, acaso escribió en algún verso el gran poeta y viajero libanés George Shehadeh.

“Mañana volveré a otro lugar” da título a la más reciente exposición del artista cubano Esviel Jeffers Durruthy en la Galería Arteconsult. Una pieza conceptual, sensual y textual nos recibe desde la vitrina: un cintillo electrónico despliega, en constante movimiento, los versos de la conga cubana que inspira y nombra la exposición. Curada por Humberto Vélez y organizada por Ana Berta Carrizo —directora de Arteconsult e hija de la siempre recordada Carmen Alemán—, la muestra contó además con la asistencia de Hinda Ehlers.

El título de la exposición es, a la vez, canto y metáfora del éxodo. Es un canto porque recoge los versos de una conga que el artista escuchaba y bailaba de niño en Guantánamo, antes de partir hacia la lejana Isla de la Juventud, donde transcurrió su infancia. Pero estos versos son también metáfora de la migración: como en la conga, el presente y la adversidad se afrontan bailando hacia adelante, con una patadita. Como se dice en Cuba: “Para atrás, ni para coger impulso”.

Series “Alfabeto y “Corazones rotos” de Esviel Jeffers.

Esta exposición prolonga la tradición combinatoria —y tan cubana— del arte pop y conceptual, reuniendo obras de diversos géneros, estilos y materiales. Es, además, un homenaje a la complejidad, belleza y dureza de la vida y la cultura popular de la periferia capitalina, en especial la del corregimiento de Pacora, su “ciudad” adoptiva. Allí, el artista ha construido su hogar, donde vive junto a su esposa Keren, una brillante y hermosa istmeña, y sus dos hijas, herederas de la perspicacia panameña y los sueños cubanos.

Esviel Jeffers suma ya un cuarto de siglo en nuestro país. Su llegada se produjo con motivo de “ciudadMÚLTIPLEcity”, el ambicioso proyecto internacional de arte urbano que celebró el centenario de la República, bajo la curaduría de la panameña Adrienne Samos y el cubano Gerardo Mosquera.

El curador ha envuelto la galería en un azul ultramar, evocando el Malecón de La Habana. Además, ha recreado las paredes del estudio del artista con la colaboración del fotógrafo Fernando Bocanegra, el montador Rodrigo Hernández y el iluminador Charlie Sotelo. Hace eco del proceso creativo de sus obras tanto en la isla como en su nuevo hogar pacoreño. Esas paredes se han convertido en muros marcados por graffiti de recuerdos, juegos, despedidas, esperanzas, amistades, frustraciones y alegrías; vestigios dolientes del hogar perdido y del que luego fue levantando con entusiasmo y sacrificios.

Entre las obras presentadas por el artista destaca “Cripsis”, una serie de tres dibujos de gran formato que dan continuidad a sus ingeniosas máquinas móviles: imposibles, utópicas y cargadas de referencias a la historia del exilio cubano. El soporte de estas piezas es tela con motivos de ramas y hojas, habituales en la tapicería popular.

Obra del tríptico “Cripsis” de Esviel Jeffers.

A continuación, comparto un fragmento de la entrevista que El Visitante realizó al artista hace unos días:

EV: ¿Qué significa “Cripsis” y cuál es su relación con Cuba?

EJD: Cripsis es un fenómeno biológico; algunos animales, por supervivencia o como defensa, se adaptan, se ocultan o se camuflan con el entorno. Estas máquinas o naves que creo, con formas de insectos, representan el silencio impuesto por la censura y la represión. Uno debe ocultar sus intenciones, camuflarse, mentir, esconder los pensamientos. Si quieres irte, no puedes decirlo; debes comportarte como si quisieras quedarte. Es una manera de sobrevivir en ese medio. Todos, de alguna forma, actúan y se comportan en cripsis.

Una de las obras de la serie se inspira en el bus tipo Girón de la ruta 79, que en 1980 impactó contra las puertas de la embajada de Perú en La Habana. Eran personas que buscaban escapar del idealismo comunista. Hasta ese momento, no existía ningún indicio de protesta contra el gobierno, y se presentaba a Cuba como el paraíso del socialismo en América. Este episodio encendió la chispa que, meses después, desencadenó el éxodo masivo del puerto de Mariel hacia Estados Unidos.

EV: La tercera sección de la muestra incluye dos grupos de obras. El primero, titulado “Alfabeto”, es un conjunto pictórico y gráfico de pequeño formato compuesto por doce signos misteriosos: piezas sin título que, paradójicamente, conforman las letras de un abecedario multicolor, sincrético y personal, que solo tú conoces. El segundo grupo, sin título, reúne una serie de corazones de cerámica esmaltada. Son corazones “rotos”, de un rojo intenso, como el Sagrado Corazón de Jesús o los emoticones que enviamos por chat tras un desengaño; corazones partidos.

EJD: “Alfabeto” habla de cómo uno vive la experiencia del lugar al que llega. Con el tiempo, asimilas ciertos códigos y símbolos que no están escritos ni son explícitos, pero que percibes y, luego, reconstruyes de algún modo en tu propio imaginario.

Es una forma de protección y adaptación en el tránsito por nuevos territorios. Estos códigos, símbolos o alfabetos inventados funcionan —a mí al menos— como un sistema de orientación que permite proyectarse, manejarse y sobrevivir en un entorno desconocido, circunvalando, digamos, las desventajas de ser un migrante y abrirse a nuevas oportunidades.

Los corazones representan un gran silencio. Son doce corazones que intensifican ese mutismo. Para mí, el silencio de este corazón icónico y multiplicado representa sufrimiento. Hay dolores imposibles de expresar, y este corazón roto lo encapsula. Lo empleo para marcar el volumen o el grado de dolor que me provocan ciertas situaciones.

Serie “Alfabeto” de Esviel Jeffers.

EV: “Cimarrón” es una reluciente y ligera escultura de hierro que representa a un hombre alado, como Ícaro antes de volar. La obra está ensamblada pieza a pieza, como los Lego que tanto disfrutabas en tu infancia.

EJD: Esta obra es un regreso a mi infancia y a esos juguetes que mi mamá podía comprarme: principalmente naves de Lego, en su mayoría naves rusas. A través de ese juego y forma de construir, imaginaba otros mundos, otros lugares, otros espacios.

Es la interpretación de un hombre con alas, con la posibilidad de despegar, salir y moverse de un lugar o una situación a otra. La llamo “Cimarrón” porque representa la búsqueda de un nicho donde podamos desarrollarnos plenamente, sin censura, y ser nosotros mismos. En esencia, simboliza la libertad.

EV: Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba atraviesan un momento crítico. Además del bloqueo petrolero, se anuncian sanciones a empresas internacionales —incluidas panameñas— que colaboran con el gobierno cubano en operaciones de lavado de capitales. Estados Unidos advierte sobre una posible intervención militar. La semana pasada, enviaron a Luis Manuel Otero a Miami; el artista pasó cinco años encarcelado por participar en las protestas del 11 de julio de 2021.

EJD: Luis Manuel Otero Alcántara es la cara visible de la resistencia de los artistas cubanos, que surge desde los primeros años de la revolución. En 1961, Fidel Castro, durante su discurso “Palabras a los intelectuales”, establece: “Con la revolución, todo. Contra la revolución, nada”. Para muchos, esas palabras marcaron el inicio de una política de control sobre la creación artística. Décadas después, este control se consolida con el Decreto 349, que da origen al movimiento de San Isidro: un colectivo artístico e intelectual que busca derogar la ley mediante actos cívicos y protestas sociales. La ley no impone la censura de manera directa, pero otorga un marco legal que legitima las prácticas de control del régimen.

Históricamente, muchos han sufrido represión y exclusión. El gobierno decide qué artistas pueden mostrar sus obras y participar en las bienales; todo se somete al filtro de los supuestos “ideales” del sistema socialista. Luis Manuel Otero Alcántara encarna la continuidad de esa resistencia: es el rostro más visible de generaciones de artistas que han enfrentado censura, persecución, destierro y exilio por defender un arte libre e independiente que denuncia, incomoda y genera cambios.

Esviel Jeffers Durruthy en su estudio de Pacora, junto a su escultura “Cimarrón”.

El arte es un termómetro social.

El arte también es una forma de sanación que los países necesitan para corregir sus heridas. La represión y la censura en el arte cubano no son solo fenómenos internos; la diáspora también padece cierta censura. Por ejemplo, en su momento, se prohibió escuchar a Celia Cruz. Hoy, quienes mantienen un vínculo cultural con Cuba desde el exterior, a menudo acatan lo que dicta el socialismo cubano.

“Mañana volveré a otro lugar” se mantendrá abierta al público hasta el 22 de agosto en la Galería Arteconsult.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte