Joselo Rangel, el escritor detrás de la guitarra
- 30/08/2026 00:00
El guitarrista mexicano Joselo Rangel, integrante de la banda de rock Café Tacvba, trae su faceta de cuentista a la Feria Internacional del Libro de Panamá
Quizás no conozca a Joselo Rangel (Veracruz, México, 1967) que estudió Diseño Industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México. Si le gusta el rock, de seguro sabe que es integrante de la respetada banda Café Tacvba.
Una faceta de este guitarrista que quizás no sea tan conocida es la de escritor. Sus textos han aparecido en medios como Día Siete, Gatopardo y Excélsior.
Joselo presentó ayer en la Feria Internacional del Libro de Panamá su libro de cuentos Final feliz y hoy domingo, a las 4:10 p.m., en el Salón Chaquira de Atlapa participará en el conversatorio “Vivir de la música: ¿utopía, desafío o profesión”.
Café Tacvba mació de una necesidad de hacer música diferente, 37 años después, ¿qué sigue manteniendo unido al grupo?
Somos una familia unida por la música. Son las ganas de hacer algo distinto cada vez que hacemos un disco. Ahorita estamos en un año sabático, no estamos tocando en directo. Por eso tengo oportunidad de hacer mi otro proyecto, que es escribir, y también tocar solo mis canciones como hace el resto del grupo. Tenemos esta necesidad de mostrar nuestra individualidad.
¿Qué hay de ese Joselo muchacho?
He cambiado. He experimentado muchas situaciones y altibajos. Tengo familia, dos hijas. Llevo más tiempo siendo un tacubo que no siéndolo. Lo que extraño es la juventud, como todos. Uno se vuelve tal vez más sabio, se supone, pero la juventud es maravillosa.
¿En qué momento descubrieron que eran mucho más que una banda de música, sino un referente?
Se fue dando con el tiempo. Cuando vimos que otras bandas de nuestra generación desaparecían, y nosotros seguíamos tocando. De repente, la gente nos hablaba ya en términos de: “a mi hija le gusta su música” y decíamos: “ah mira, ya pasamos a otra generación”. Nos decían: “nosotros nos casamos con una de sus canciones” o “él se me declaró con esta canción de ustedes”. Formamos parte de la vida de muchas personas.
Café Tacuba nunca tuvo miedo de experimentar con sonidos y ritmos, ¿de dónde surge en ustedes esa libertad?
Somos así. Cada uno de nosotros tiene esa personalidad y esas ganas de hacer algo distinto, porque es la única forma de poder seguir en esto, o de seguir en cualquier otra cosa. Hay que usar esa libertad para poder experimentar.
En los 12 cuentos que integran tu libro Final Feliz hay historias agridulces que van de lo absurdo a lo fantástico. ¿Por qué escoger el título de uno de los cuentos para darle nombre a la obra?
Quería que la gente se preguntara por qué se llamaba así. ¿Cómo te vas a dar cuenta de que eres feliz si no vives la tristeza? Me gusta que la gente diga: “hay cuentos que no son felices”, y yo digo: “pues sí, así es la vida”. Me lo comentan en la calle: “oye, tal cuento me hizo llorar, o este me hizo reír”. Para mí es un gran halago y me hace tener ganas de seguir escribiendo.
En varios de los relatos conviertes lo inquietante en algo normal, en términos de creación, ¿te interesaba más contar lo extraordinario o recordarnos que la realidad ya en sí misma es extraordinaria?
Creo que las dos. Mi método de creación es que, de repente, hay algo en la realidad que me llama la atención, y digo: “me gustaría experimentar y llevar esto lo más lejano posible en términos de imaginación”. Pero luego resulta que la realidad es más fantástica que la misma ficción y no hay que olvidar que la vida te puede dar muchas sorpresas. No me gusta tanto la literatura que se apega a lo real. Desde muy chico lo primero que leía era ciencia ficción y lo agradezco porque me hizo poder pensar que el mundo puede ser distinto a lo que es.
Escribir un libro también es hacerse preguntas. ¿Qué preguntas te hiciste en Final feliz?
Quería hacer un libro que tuviera cuentos sobre padres, madres, hermanos. Que la familia fuera el hilo conductor, pero de repente fueron saliendo otro tipo de ideas y fue cambiando. Eso es lo que me gusta de la ficción: uno cree que está escribiendo fantasía, pero después te das cuenta de que es como desnudar tu mente y tu cabeza y que la gente vea todo lo que traes allá adentro.
¿Qué aprende un escritor de un autor de canciones y viceversa?
Muy buena pregunta. Yo aprendí a tocar la guitarra porque quería escribir canciones. No quería ser el guitarrista que tocara más rápido o el más virtuoso. Quería escribir canciones que la gente cantara y que les hiciera sentir algo. Las letras siempre han estado en mi vida desde muy pequeño. Hay canciones que he escrito que parecen cuentos. Hay amigos escritores que me han dicho: “se nota que eres músico porque tienes un ritmo al escribir”.
¿Habría algo en la estética del cuento que quizás no te permita una canción?
Lo que leo más es novela. No leía tantos cuentos, pero lo que me salía eran cuentos y me pregunté: ¿por qué? Me di cuenta de que los cuentos se parecen mucho a las canciones: son cortos y van directo al grano. En el cuento tienes que entrar ya casi con la acción del personaje. El chiste es atrapar al lector y no soltarlo hasta que termine el cuento. El cuentista aprendió mucho del escritor de canciones, ¿no?
¿Cuál es el nuevo reto?
Escribir una novela, pero me cuesta trabajo. Tengo ahí varias novelas que no he terminado. Quizás porque me gusta más lo corto, lo concreto y la novela se trata de lo contrario.
¿Y cuáles son tus novelistas favoritos?
El estadounidense Philip K. Dick y los argentinos Julio Cortázar, Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. Entre los mexicanos están Julián Herbert, Juan Pablo Villalobos, Alberto Chimal y Aura García-Junco.
¿Qué recuerdas de Panamá y qué sientes ahora que has regresado?
El calor afuera y luego el frío cuando entras a los lugares. Ponen el aire acondicionado súper frío (ríe). Hace mucho tiempo que no vamos a tocar, lo cual es una lástima. Ojalá que pronto podamos regresar. Estar en la Feria del Libro de Panamá me entusiasma porque llego con la faceta de escritor. Cuando voy como músico toco y me regreso al día siguiente. Ni tengo chance de salir ni de conversar con nadie. Ahora tengo dos o tres días para conocer. Las Ferias del Libro me permiten conocer a otros escritores, intercambiar ideas y libros. Algo que no sucede en las giras de música, ¿no?