La guerra vista por tres chicos
- 04/10/2026 00:00
El novelista uruguayo Ruperto Long compartió con sus lectores panameños su libro más reciente, ‘Éramos tres niños perdidos en la niebla’
La novela Éramos tres niños perdidos en la niebla está construida alrededor de tres chicos judíos que proceden de diferentes lugares de Europa: Lizzy, de 7 años, vive en Hamburgo; su prima Riki, de 11 años, es de orígenes italianos y reside en Belgrado y Alex, de 6 años, pertenece a una familia polaca de Stanislawow.
Los tres amigos pasan sus vacaciones en un balneario en las montañas de Yaremcha, pero su visita de 1938 será diferente para ellos y para el resto del Viejo Continente.
Esta obra del escritor e ingeniero uruguayo Ruperto Long se estructura en una introducción que funciona como preámbulo de lo que será la Segunda Guerra Mundial, tres capítulos que representan el devenir de cada uno de los personajes durante este conflicto bélico y un epílogo sobre los primeros meses después de recuperar la paz.
Ruperto, ¿de qué forma la memoria individual y colectiva colaboran a ver qué hay más allá de las nieblas de la vida?
Hay todo un componente de incertidumbre muy grande. A veces uno lo intenta disipar diciendo, cuando hemos tenido situaciones extremas, con frases como: ‘esto en Uruguay no puede pasar’. Pero los niños tienen otra lectura porque miran con inocencia, ven la realidad sin tantos filtros, sin prejuicios. Los niños de la novela, que son niños reales, venían de diversos lugares y se llevaban muy bien. La niebla tiene ese componente, uno ve, pero no ve y esto es lo mismo que les pasa a los niños. Se dan cuenta que se viene algo serio porque en la escuela a veces les gritaban o los dejaban de lado.
La historia de Alex tiene un fundamento biográfico. El personaje está inspirado en Alejandro Landman, al que conociste en Uruguay y te compartió sus experiencias infantiles durante la guerra. Es la memoria luminosa de un sobreviviente.
Él tenía como 90 años. Lo conocía como ingeniero. Habíamos hablado de construcción durante 20 años y ese tema del Holocausto nunca había salido. Hasta que un día se animó y me dijo su historia a raíz de que había leído mi libro La niña que miraba los trenes partir. Y ahí se comienza a armar el rompecabezas. Y algo que tú decías Daniel que no quiero dejar de mencionar: Éramos tres niños perdidos en la niebla, a pesar de que es sobre una época oscura, la más oscura de la historia de la humanidad, lo dicen las cifras, encuentras tantas historias de lucha, resiliencia, gente aferrándose a algo para seguir adelante.
Hablemos de la arquitectura de la novela. No está escrita desde una voz, sino que son una veintena de voces de todas las edades, de todos los oficios. ¿Cómo crear el equilibrio entre serle fiel a los recuerdos de personas como Landman y serle fiel a la literatura?
Cuando uno escribe una novela sobre estos temas tan delicados tiene que hacer todo lo posible por reflejar cómo fue la realidad. Sé que a veces hay colegas que dicen: ‘altero esto para que la trama resulte más atractiva’. ¿Dónde está el límite? Uno tiene que tratar de ser muy fiel a los hechos reales y con los documentos uno puede ir viendo cómo fueron las cosas, pero, ¿cuál es la diferencia entre la novela y la historia? La novela es una comunicación de corazón a corazón, es una transmisión de emociones. En los diálogos uno sí tiene libertad para la ficción, para decir cómo la persona se paró o cómo lo dijo. Todo eso va creando el clima. Es la ficción respetando a los hechos reales.
El personaje de Lizi le permite al lector recordar un dato: la barbarie nazi fue un proceso. Todo comenzó con discriminación, exclusión, aislamiento, pérdida de trabajo, pérdida de derechos humanos, reclusión y después la muerte. El lector comprende que la maldad también es un proceso.
Lo que puede transmitir una historia de este tipo con los niños y con otros personajes que son más grandes, es que tienen que tomar decisiones muy difíciles. A veces no son decisiones de vida o muerte, pero son de: ‘¿saludo a tal persona?’. El nazismo en Alemania, en las mejores votaciones, llegó al orden del 40% de los votos, nunca tuvo mayoría, pero Daniel tú lo dijiste muy bien: cuando se va instalando la fuerza, la violencia, eso va logrando un camino de destrucción que va arrastrando a la gente.
El personaje de Riki nos permite visitar Yugoslavia y los territorios ocupados por los italianos. Entre los personajes que aparecen en la novela está Vittorio Castellani, funcionario italiano que impidió que 4,000 judíos fueran entregados a los nazis. O los diplomáticos uruguayos y brasileños que refugiaron a judíos durante la Noche de los cristales rotos de 1938. En el periodo más tenebroso de persecución y odio hay gente de alma buena.
Hay muchos héroes anónimos que actuaron como les pareció, como pudieron y así salvaron a un montón de gente. A los judíos los iban sacando de cada país y los llevaban al este y ya se sabía lo que eso significaba: los campos de concentración. Lo que hacen los italianos es absolutamente increíble por la cantidad de gente que se involucró. Esos son ejemplos que le levantan el ánimo. En las peores circunstancias aparece gente capaz de cosas casi demenciales a favor de los demás.
Hay una notable diferencia entre hacer el bien cuando yo no corro peligro y cuando hacer el bien se convierte en un peligro para mí. A eso agregar otra idea: hay gente que se puede definir así misma como buena, pero es indiferente ante el dolor de los otros.
Esas personas que se animan a dar el paso son los que quedan después en la historia porque deciden esconder en su casa a una persona que está en peligro. Ahora viene la otra gente, que no aprueba estas cosas, pero que pertenecen a la famosa frase de Martin Luther King: ‘el atronador silencio de la gente buena’. No las descalifico porque había que vivir en esas circunstancias, hay que enfrentarse a esa realidad para darse cuenta cómo reaccionarías. Ojalá mucha gente se hubiera animado a manifestarse en contra del nazismo, probablemente la historia hubiera cambiado, pero no hubo grandes manifestaciones de protesta.