La paradoja del empleo: menos desempleo, más subempleo

Más allá de las cifras, el mercado laboral en Panamá es un tema vigente y en constante transformación, esto implica investigar más allá de la cantidad de personas que pertenecen a la fuerza laboral, sino que es obligatorio cuestionarse en qué condiciones se emplean.
  • 18/10/2026 00:00

Hablar del mercado laboral en Panamá implica mirar no sólo cuántas personas consiguen trabajo, sino también qué tipo de relaciones laborales se están construyendo y quién asume los costos de la flexibilidad implementada

Más allá de las cifras, el mercado laboral en Panamá es un tema vigente y en constante transformación, esto implica investigar más allá de la cantidad de personas que pertenecen a la fuerza laboral, sino que es obligatorio cuestionarse en qué condiciones se emplean.

Esto involucra analizar el ingreso, temporalidades de contrataciones, los derechos que pueden exigir, entre otros; y desde una vista más amplia las dinámicas empresariales, decisiones y regulaciones estatales y la evolución del propio mercado laboral ante los desafíos actuales.

Los recientes datos de la Encuesta de Mercado Laboral del INEC muestran que, en septiembre de 2025, la población ocupada era de 1,968,748 y para agosto de 2026 de 2,045,979. En términos porcentuales representa un aumento de 3.9%; y el desempleo pasó de 10.4% en septiembre de 2025, a 8.5% en agosto de 2026.

Desde el sentido común y perspectivas políticas tradicionales, puede parecer motivo de felicitación a los actuales mandatarios y empresas privadas, sin embargo, al adentrarse en las estadísticas detrás de los datos genéricos se observan ciertas categorías necesarias para comprender la empleabilidad en realidad social de Panamá.

La desigualdad en las condiciones de empleo

Para no entrar en errores conceptuales, el INEC define a los empleados en distintas categorías de condición, primeramente lo empleados plenos quienes trabajan 40 horas o más sin desear aumentar su jornada; ocupados a tiempo parcial, que trabajan menos de 40 horas; por otra parte el subempleo visible que se refiere a los que trabajan menos de 40 horas y que desean trabajar más horas; y subempleo invisible son aquellos que trabajan 40 o más horas y que perciben ingresos por debajo del salario mínimo (INEC 2026).

Este último concepto es clave, demuestra que se trata de un grupo poblacional con dos características cruciales, por un lado, trabajan 40 horas o más y consiguiente su ingreso es menor al mínimo. Y como veremos en el siguiente cuadro son los que obtendrán mayor crecimiento de 2025 a 2026.

Principales hallazgos del cuadro:

El empleo total aumentó en Panamá; sin embargo, esta mejora no se reflejó en todas las condiciones de ocupación. • Ocupación plena: disminuyó un 13.29%.• Trabajo a tiempo parcial: aumentó un 1.63%.• Subempleo visible: creció un 16.22%.• Subempleo invisible: registró el incremento más significativo, con un 93.62%, casi el doble que el año anterior.

En conjunto, estas cifras matizan la reducción del desempleo: más que un avance generalizado, muestran un desplazamiento hacia formas de inserción laboral más precarias. Las cifras muestran que el desempleo disminuyó del 10.4% al 8.5%. Sin embargo, este descenso no significa que la población ocupada acceda mayoritariamente a empleos plenos.

Por el contrario, los datos revelan un aumento de las inserciones laborales inestables y precarias. En este contexto, no basta con afirmar que la población está ocupada. También es necesario preguntarse hasta qué punto el crecimiento del empleo en Panamá se sustenta en condiciones laborales dignas.

Cuando la flexibilidad se convierte en incertidumbre

El economista y sociólogo Guy Standing (2011), nos plantea un estado de emergencia en cuanto al precariado. Este concepto que involucra formas de trabajo inseguras, falta de garantías en cuanto a derechos laborales y económicos, expresa una crisis que va más allá de lo visible. En palabras del sociólogo, se está viviendo una “Inestabilidad crónica” que no solo se basa en el quehacer del individuo, sino en cómo el sistema económico del mercado laboral se desarrolló y avanza a partir de empleos temporales, trabajos con tiempos definidos, informalidad en los periodos de contratación. Todo este entramado da a conocer un desequilibrio para una población con necesidad de un ingreso versus empresarios que fijan sus interesen en la movilidad de contrataciones; y todo ello repercute en inestabilidad e inaccesibilidad para organizarse frente a la desestabilización de derechos.

En la misma línea David Harvey (1990), geógrafo y crítico social, concibe el concepto de “acumulación flexible”. Este concepto trata de formas en que el capitalismo contemporáneo, se desarrolla en un mercado laboral heterogéneo, fragmentado, donde ajusta la fuerza laboral conforme a las demandas cambiantes del mercado. Ante ello, coexisten distintas formas de inserción laboral: desde empleos relativamente estables, subcontrataciones, trabajos temporales, segmentaciones de la fuerza de trabajo y proyectos inestables,

Esta flexibilidad no tiene las mismas consecuencias para ambas partes, mientras puede representar capacidad de adaptación y mayor producción para las empresas, también puede significar bajos ingresos, más horas laborales e incertidumbre para quienes dependen de su trabajo como principal fuente de ingresos. Ante ello, el autor cuestiona ¿flexibilidad para quién?

Más allá de las cifras

Las condiciones en las que se trabaja también reorganizan la vida cotidiana. Si bien, una persona que trabaja jornadas extensas; y aun así, recibe ingresos por debajo del salario mínimo enfrenta limitaciones que trascienden su condición material de trabajo. Ello implica: menor tiempo de descanso, permanencia en la familia, el cuidado, la educación o incluso para buscar otras alternativas laborales u organizarse sindicalmente para obtener mejores condiciones.

El problema, no puede reducirse a tener o no empleo, los cuestionamientos también deben dirigirse hacia la calidad del empleo y las posibilidades reales que ofrece para sostener una vida digna. Desde la perspectiva del sociólogo Arnés Kalleberg (2018), la precarización del empleo no se limita a la ausencia de trabajo; también puede manifestarse dentro de relaciones laborales formalmente existentes, mediante bajos ingresos, inseguridad y escasa protección.

En este sentido, el aumento del subempleo invisible merece especial atención. Estar ocupado no significa necesariamente estar protegido, y tener un empleo tampoco garantiza por sí mismo bienestar económico pleno. Por ello, hablar del mercado laboral en Panamá implica mirar no sólo cuántas personas consiguen trabajo; sino también qué tipo de relaciones laborales se están construyendo y quién asume los costos de la flexibilidad implementada. Sin embargo, cuando la permanencia en el empleo es incierta, reclamar mejores condiciones puede representar un riesgo para quien depende de ese ingreso.

Las condiciones descritas por el INEC y abordadas desde la sociología crítica abren una ventana para nuevas investigaciones. Sobre todo, para cuestionarnos si la baja del desempleo indica mejores condiciones para la población; o solo una curita en una problemática de desigualdad de mayor índole.

La autora es socióloga y docente de la Universidad de Panamá

Misión y visión
Pensamiento Social (PESOC) está conformado por un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales que, a través de sus aportes, buscan impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de estas disciplinas.
Su propósito es presentar a la población temas de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.