¿Lo que dijiste o lo que entendí?
- 23/08/2026 00:00
Entre lo que ocurre y lo que creemos que ocurrió existe un espacio lleno de interpretaciones. El coaching propone detenerse, cuestionar nuestras suposiciones y aprender a escuchar.
En coaching solemos observar que muchos conflictos no nacen de la mala intención, sino de las interpretaciones. Creemos que reaccionamos a los hechos, cuando en realidad respondemos al significado que les atribuimos. Y entre una cosa y la otra existe una distancia más grande de lo que imaginamos.
Las palabras son el final de un proceso, no el principio. Antes de hablar, nuestro cerebro selecciona información, interpreta intenciones, activa emociones y construye una narrativa que da sentido a lo que ocurre. Así subimos, muchas veces sin darnos cuenta, la Escalera de la Inferencia, concepto desarrollado por Chris Argyris, confundiendo nuestras conclusiones con la realidad. De hecho, el Economist Intelligence Unit reportó que el 44% de los ejecutivos ha experimentado retrasos o fracasos en proyectos debido a problemas de comunicación.
La neurociencia aporta una explicación complementaria. Según la investigadora Lisa Feldman Barrett, el cerebro interpreta lo que sucede apoyándose en experiencias previas, creencias y aprendizajes acumulados. Por ello, ante un mismo hecho, dos personas pueden construir significados diferentes y sentirse igualmente convencidas de que tienen razón.
Desde la perspectiva del coaching, la clave no está en tener respuestas más rápidas, sino en desarrollar una mayor conciencia sobre cómo observamos el mundo. Como afirmaba Sir John Whitmore, pionero del coaching moderno, ”crear conciencia y responsabilidad es la esencia del buen coaching”. Esa conciencia nos permite distinguir entre lo que efectivamente ocurrió y la historia que construimos acerca de ello.
¿Y cómo se entrena esa conciencia? A través de la escucha activa. Escuchar activamente implica suspender el juicio, dejar de preparar respuestas mientras el otro habla y prestar atención no solo a las palabras, sino también a las emociones, preocupaciones e intereses que hay detrás de ellas. Se entrena haciendo pausas antes de responder, formulando preguntas abiertas, verificando lo que entendimos y mostrando genuina curiosidad por la perspectiva del otro.
Cuando escuchamos para comprender y no para responder, disminuyen los malentendidos, mejora la colaboración y se fortalece la confianza. En las organizaciones, esta capacidad puede marcar la diferencia entre un equipo que supone y uno que conversa; entre una cultura donde se juzga y otra donde se aprende.
La próxima vez que algo te parezca evidente u obvio, prueba detenerte un momento:
¿Qué ocurrió realmente?
¿Qué estoy interpretando o suponiendo?
¿Qué conversación necesito tener para verificarlo?
Porque muchas veces la diferencia entre el conflicto y el entendimiento no está en lo que dijiste, sino en lo que yo entendí. En coaching, escuchar es crear el espacio reflexivo para desarrollar la consciencia y un espacio creativo, para crear nuevas posibilidades. Y es precisamente en ese espacio, entre los hechos y nuestras interpretaciones, donde el coaching abre la puerta a conversaciones más conscientes, humanas y transformadoras.