Panamá Viejo: de la ruina a la urbe

Este mapa de 1943 muestra el sitio de las ruinas de Panamá Viejo como un espacio con una escasa ocupación urbana, la cual estaba contenida hacia el sur del Puente del Rey.
La protección del sitio arqueológico requiere una mirada que integre su conservación con el entorno.
  • 14/02/2026 00:00

De ruina expoliada tras 1671 a Patrimonio Mundial, Panamá Viejo refleja siglos de abandono, rescate y gestión. Hoy enfrenta amenazas por urbanización, inundaciones y cambio climático, mientras la Unesco exige planes de riesgo y manejo integral que protejan el sitio y sus barrios como una sola unidad

Tras la destrucción de 1671 y el traslado oficial de la ciudad al Ancón en 1673, Panamá Viejo dejó de percibirse como ‘ciudad’ y pasó a leerse como un lugar perdido. Un paisaje de ruinas útiles y vulnerables, donde el recuerdo del emporio colonial se mezcló con la idea de sitio insalubre y mal defendido.

En ese abandono, la práctica dominante fue el expolio sistemático: la vieja Panamá funcionó como cantera para la nueva ciudad. Ocupación dispersa, chozas y caserío rural dentro o junto al perímetro histórico, y una relación cotidiana con la ruina como parte del entorno, -no como monumento-, mientras la vegetación tropical avanzaba y borraba trazas.

Durante el siglo XIX la percepción sobre Panamá Viejo se bifurcó: para la administración local seguía siendo un lugar sin valor urbano inmediato. Para viajeros, científicos y artistas comenzó a adquirir un atractivo romántico y contemplativo, asociado a la estética de la ‘eterna ruina’. Esa nueva mirada impulsó prácticas distintas: visitas, excursiones, descripciones y registro visual, incluyendo fotografía y grabados que consolidaron la imagen de Panamá Viejo como escenario melancólico y objeto de curiosidad histórica.

En la primera mitad del siglo XX, Panamá Viejo se mantuvo como un lugar de memoria emocional. Mientras el Estado empezaba a reconocer su importancia con decisiones como su declaratoria como Monumento Público (1912). En 1919, con motivo del IV centenario de la fundación, Juan B. Sosa, junto con el arquitecto Leonardo Villanueva Meyer y el fotógrafo Carlos Endara, realizaron los primeros esfuerzos sistemáticos de documentación e investigación histórica del sitio.

En 1932 se construyó una carretera que conectaba el barrio de San Francisco de la Caleta con Panamá Viejo. Pero el evento más traumático para la traza urbana colonial ocurrió en 1953, con la inauguración de la Vía Cincuentenario. Esta carretera dividió físicamente el yacimiento en dos partes, alterando severamente la lectura histórica de la ciudad al sepultar estructuras y ejes viales originales.

A partir de la década de 1930, y agudizado por la crisis económica, se inició un proceso de poblamiento espontáneo en los terrenos aledaños a las ruinas, dando origen a la comunidad de Panamá Viejo. Lo que comenzó como un asentamiento de precaristas se consolidó legalmente con la Ley 1 de enero de 1949, la cual permitió la urbanización de áreas que históricamente formaban parte de la periferia colonial.

Hacia mediados de siglo, la percepción del sitio se tornó compleja; por un lado, era un monumento nacional, y por otro, un área de vivienda marginal carente de planificación urbana adecuada.

En la década de 1970 se aprueba la Ley 91 del 22 de diciembre de 1976, que reguló los Conjuntos Monumentales Históricos de Panamá Viejo, Portobelo y el Casco Antiguo. Esta ley definió los límites del polígono de las áreas históricas, -aproximadamente 28 hectáreas para Panamá Viejo-, y estableció que el sitio se destinaría a la formación de un centro cultural, histórico y turístico-social

A partir de 1995,- con la creación del Patronato de Panamá Viejo-, la prioridad fue detener el deterioro, resolver la pérdida de integridad y reducir la presión urbana acumulada, ordenar la administración y construir un relato interpretativo basado en evidencia, apoyado por acciones tempranas como la maqueta de la ciudad (1995) y la apertura del primer Museo de Sitio (1997), preparando el camino para un manejo más planificado.

El salto de escala en la valoración del sitio se daría con el reconocimiento como Patrimonio Mundial de la UNESCO (2003). El énfasis estuvo en remover estructuras discordantes, conservar hitos (como la torre) con criterios contemporáneos, reconectar el sitio fragmentado por infraestructura moderna y fortalecer la investigación para reposicionar a Panamá Viejo a su condición de pieza estructurante de la memoria urbana de la ciudad.

Panamá Viejo: situación actual y perspectivas futuras

Panamá Viejo y los barrios adyacentes se entienden mejor como un sistema urbano–socioecológico. La conservación patrimonial depende de cómo se gestiona el territorio alrededor, -infraestructura, usos de suelo, paisaje urbano y seguridad-, y ese entorno, a su vez, está condicionado por una vulnerabilidad hídrica y social recurrente.

En 2019, la UNESCO resaltó los avances en la protección y conservación del sitio (p. ej., mejoras de acceso e infraestructura urbana). En 2021, elevó el tono técnico: pidió concluir y remitir un plan de riesgo y desastres y un plan de mitigación/adaptación climática, actualizar el plan de manejo y reforzar análisis urbanos como corredores visuales. El llamado de atención implícito es que la mayor amenaza puede ser la transformación urbana y de la infraestructura del entorno, más que el deterioro puntual del monumento.

Los eventos de inundaciones registrados durante el período 2019–2025 sostienen la lectura de recurrencia respecto a amenazas como las inundaciones con cifras que se repiten en los mismos sectores. En noviembre de 2019 el MIVIOT reportó inspecciones por viviendas afectadas en zonas que incluyen Puente del Rey y Villa del Rey.

En agosto de 2020 el Municipio de Panamá informó asistencia a más de 54 familias en Puente del Rey. Esto se repitió en junio de 2021, cuando SINAPROC estimó alrededor de 50 casas afectadas (Puente del Rey y Morelos). En octubre de 2022 TVN Noticias reportó al menos 77 viviendas afectadas y más de 290 personas impactadas, y en agosto de 2025 Telemetro volvió a documentar el reclamo comunitario de revisar el alcantarillado.

A esta situación de inundaciones recurrentes, se suma un componente que empuja la planificación hacia plazos más largos: el riesgo costero y el aumento del nivel del mar. En 2023, las proyecciones divulgadas por MIAMBIENTE de Panamá muestran afectaciones potenciales hacia 2050, incluyendo áreas como Villa del Rey y el propio entorno de Panamá Viejo.

Los manglares de Panamá Viejo están fuertemente afectados también por la contaminación: la lluvia arrastra desde la cuenca media y baja del Río Abajo basura y desechos plásticos, electrodomésticos, junto con aguas residuales. Este ecosistema clave de la Bahía de Panamá se deteriora al acumular residuos cuando baja la marea lo que reduce su biodiversidad y debilita su papel como barrera natural de protección costera.

Leído junto al marco de recomendaciones de UNESCO y al patrón de inundaciones, el mensaje sobre la preservación del sitio es uno solo: la conservación sostenible de Panamá Viejo depende de un ‘paquete’ urbano integral que incluye: zonificación efectiva + control del paisaje/cuencas visuales + evaluación de impactos + gestión del drenaje y adaptación climática + condiciones mínimas de seguridad, que trate el sitio y sus barrios como una sola unidad de riesgo y gobernanza.

Desde el Observatorio de Riesgo Urbano de la Florida State University, y con apoyo de ESRI Panamá, hemos querido enfatizar en estas fechas que se conmemoró el traslado de la ciudad al ‘sitio del ancón’ el 21 de enero de 1673, la reflexión sobre los impactos del desarrollo urbano y el cambio climático en la conservación de sitios de importancia cultural global como Panamá Viejo, a través de la elaboración de un storymaps en el cual podrás navegar por mapas detallados que recuentan esta historia. Para visitar este storymaps puedes visitar el enlace: https://url-shortener.me/C9YS