Panamá Viejo: evolución urbana de una ciudad indivisible
- 15/08/2026 00:00
Cinco siglos de historia urbana se concentran en Panamá Viejo, desde la ciudad colonial destruida en 1671 hasta la metrópoli actual. Sus ruinas, los antiguos arrabales y el crecimiento de barrios y proyectos inmobiliarios cuentan una historia de transformación y presión sobre el patrimonio
El sitio arqueológico de Panamá Viejo, vestigio de la ciudad destruida por el ataque pirata de Henry Morgan en 1671, es hoy apenas la memoria física de una ciudad mucho más extensa. De las 60 hectáreas que ocupó la primera capital del istmo, sobreviven 28 hectáreas: un fragmento que, sin embargo, sigue narrando cinco siglos de transformación urbana.
Tras la reubicación en el sitio del Ancón, la coexistencia de los asentamientos viejo y nuevo se convirtió en un eje recurrente de la narrativa sobre la ciudad. Casi la totalidad de los mapas costeros desde la época colonial a inicios del siglo XX mostraban tanto las ruinas de Panamá Viejo, como a la nueva ciudad amurallada, convirtiendo a la cartografía en la representación más tangible de esta doble identidad.
La comprensión de la ciudad de Panamá como dos entes no se relaciona exclusivamente con su traslado luego del ataque del pirata Henry Morgan en 1671. Aborda también los mecanismos internos de segregación social y racial que marcaron la historia en la vieja y nueva ciudad. Especialmente en lo que respecta a la dicotomía entre la ciudad formal y los arrabales, lo cual constituye una parte central en cómo se entiende y se cuenta la historia de la ciudad.
De acuerdo con los historiadores, Mirta Linero Baroni y Arturo Guzmán Navarro, el estudio del trazado urbano de Panamá Viejo (1519–1671) revela una profunda segmentación socio-espacial que estructuró la vida cotidiana de sus habitantes a lo largo de más de un siglo y medio. Esta división, característica de las fundaciones coloniales hispanoamericanas, - y que el traslado y construcción de la ciudad amurallada replica-, opuso un centro o ‘ciudad formal’ reservada para los estamentos dominantes de la sociedad frente a una periferia desvalorizada o ‘arrabal’, destinado a los sectores populares y excluidos de la pirámide social.
Con la llegada del siglo XX las antiguas ruinas, que habían pasado casi 270 años entre el olvido y el recuerdo nostálgico, se ven amenazadas por la expansión de los barrios informales modernos, que empiezan a ocupar el entorno de Panamá Viejo durante el siglo XX, lo que se confronta de lleno con la pretensión de proteger el patrimonio que representan las ruinas de los edificios y trazado más institucional y formal de la antigua ciudad.
El arquitecto Eduardo Tejeira -Davis en un informe preparado para el Patronato de Panamá Viejo en 2003, describe con bastante exactitud como las distintas propuestas de protección del antiguo asentamiento de Panamá Viejo, se vieron mutiladas por el avance acelerado de asentamientos informales.
Tejeira-Davis en su informe, señala que, “la reducción del área protegida, ante todo entre 1955 y 1976, refleja el proceso de formalización de la tenencia de tierra de las barriadas de precaristas surgidas a partir de la década de 1940, esta reducción fue una clara respuesta a la creciente presión sobre la tierra urbana disponible. Vale la pena destacar que aun antes del surgimiento de la barriada de Panamá Viejo se había pensado utilizar la zona donde no había ruinas visibles para otros fines: en 1946 se había propuesto construir allí el nuevo hipódromo. La redefinición de 1976 redujo el área protegida a su mínima expresión”.
“En los años 70 y 80 los precaristas contaban con un sólido apoyo oficial para las tomas de tierra, por lo cual pudieron adentrarse con cierta impunidad en el Sitio Arqueológico, en la década de 1990 e inicios del siglo XXI también se han incrementado los rellenos en la desembocadura del río”.
Para mediados de la década de 1970, en apenas una generación, el entorno de Panamá Viejo pasó a encontrarse integrado con el resto de la ciudad. En su entorno más próximo se podría encontrar: el aeropuerto de Paitilla, el barrio de San Francisco, el Parque Omar, las avenidas Ernesto T. Lefevre, Santa Elena y Cincuentenario, el Jardín de Paz, y los barrios de Panamá Viejo y Puente del Rey, además del vertedero de Panamá Viejo. En 1976 el conjunto es declarado Conjunto Monumental Histórico, un reconocimiento que llega, precisamente, en medio de esta ocupación acelerada del entorno inmediato del sitio.
Desde una perspectiva de ciudad, el proceso descrito consolida 507 años de historia, al vincular físicamente las viejas ruinas de Panamá Viejo con la ya no tan ‘nueva ciudad amurallada’ y con la ciudad moderna. A escala más local, la acelerada ocupación por asentamientos informales resulta en una paradójica victoria de los arrabales sobre la ciudad formal, que como cuenta Tejeira-Davis, luchó a través de diversos mecanismos legales por detener el avance de estos barrios sobre los antiguos arrabales coloniales.
A esta primera oleada de desarrollo urbano en el entorno de Panamá Viejo, le seguiría una más a finales de la década de 1990 e inicios de 2000 con la construcción del Corredor Sur, Costa del Este y el realineamiento de la desembocadura del Matías Hernández, que dejaría de confluir con la desembocadura del Río Abajo, y que había sido hasta ese momento un eje central del paisaje.
A su vez, los datos de los censos del INEC entre 1980 y 2023 muestran dinámicas demográficas contrastantes en los barrios que rodean el sitio. Así, mientras se refleja un declive poblacional en los barrios de Panamá Viejo (pasó de 7.740 habitantes en 1980 a 5.296 en 2023), y similar tendencia en Puente del Rey y Villa del Rey. En Costa del Este se muestra un crecimiento explosivo, que pasó de estar en construcción en 2000 a tener 8.247 habitantes en 2023, lo que ilustra la intensidad de la presión inmobiliaria sobre el borde costero adyacente al sitio arqueológico.
La distancia física que había separado Panamá Viejo y el Casco Antiguo hasta la década de 1970s, es también, un arco narrativo que une sus puntos extremos a través del desarrollo urbano reciente alrededor de ambos sitios. Este arco físico y narrativo debe llevarnos a la comprensión de que, en realidad, la historia de Panamá Viejo va más allá de las ruinas y comprende tres momentos en el flujo continuo e indivisible de la historia de la ciudad de Panamá.
Panamá Viejo, como el asiento primigenio colonial, el primero en el Pacífico americano. El Casco Antiguo, la ciudad amurallada que lleva sobre si la historia de la transición de la era colonial a la modernidad de los siglos XIX e inicios del XX. Finalmente, la ciudad del skyline y los asentamientos informales, esa que en su expansión acelerada, desordenada y desregulada ha llegado a convertirse en una enorme metrópoli.
La adopción de esta visión como eje fundamental para entender la ciudad, requiere su materialización a través de la educación y la construcción de instituciones que preserven y den forma a esta narrativa. La organización de una nueva sala en el actual museo de sitio de Panamá Viejo que aborde este tema, o la creación de un ‘Museo de Historia de la Ciudad’, serían algunas de las posibles propuestas que desde esta tribuna nos atrevemos a presentar para materializar esta visión, hoy que se celebra otro aniversario en la historia de la muy noble y leal ciudad de Panamá.