Por ellas y para ellas

  • 01/08/2026 00:00

La igualdad de las mujeres no debe limitarse a una conmemoración en marzo: requiere respeto, oportunidades y acciones concretas durante todo el año

Este es el mes internacional de la mujer. Un espacio muy significativo que debería ser una celebración única y sin marchas que aún buscan igualdad. En el mundo (en especial en Latinoamérica) y en pleno siglo XXI, la mujer sigue estando para algunos en un segundo peldaño. ¡Idea más retrograda la verdad!

Y no es que quiera desmeritar a los “machos que se respetan” pero, sin la mujer, en especial, sin las madres, creo que el mundo estaría más desbaratado de lo que está, porque afrontémoslo, entre las fortalezas de algunos hombres no suelen estar en el top five la prudencia, diplomacia y en algunos casos hasta la razón.

Tan solo veamos las noticias más recientes, siempre estamos a punto de una guerra gracias a la terquedad, narcisismo, psicopatía, megalomanía y mitomanía de unos cuantos egocéntricos y, si retomamos la historia, son pocas y raras las mujeres que tomaron la decisión de ir a la guerra.

Marzo es un espacio en el año que nos invita a reflexionar profundamente sobre el papel y el valor de la mujer en nuestra sociedad. Es una fecha que no solo conmemora luchas históricas, sino que también reafirma la necesidad permanente de justicia, respeto e igualdad.

Hablar del valor de la mujer no es un gesto simbólico ni un acto de cortesía: es reconocer su dignidad intrínseca, su capacidad transformadora y su aporte esencial en todos los ámbitos de la vida, en la familia, educación, ciencia, cultura, política y en el desarrollo social. A lo largo de la historia, las mujeres han demostrado fortaleza, liderazgo y sensibilidad, aun cuando muchas veces se les negó la voz y oportunidades.

Conceder a la mujer los mismos principios de igualdad y valores no es otorgar un privilegio; es hacer justicia. La igualdad implica reconocer que sus derechos, sueños y aspiraciones tienen el mismo peso y la misma legitimidad que los de cualquier hombre. Significa garantizar acceso equitativo a la educación, al trabajo digno, a la participación en la toma de decisiones y a una vida libre de violencia y discriminación o asesinatos impunes.

Respetar su ser es aceptar su identidad, diversidad y autenticidad. Respetar su libertad es defender su derecho a elegir su camino, a expresar sus ideas, a pensar y actuar conforme a sus convicciones. Respetar su pensamiento es valorar su voz, escucharla con apertura y reconocer la riqueza que aporta a la construcción de una sociedad más humana.

No acepto, y lo diré claramente, a todos aquellos que salen a defenderle sus derechos a conveniencia en momentos puntuales, porque más bien lo hacen para “taquillar” y no para pelear en lo que realmente es justo, digno y necesario. Porque de ser así, permanentemente deberían estar en la calle. Si usted valora el rol de la mujer, no puede estar presente un día y, al otro, guardar silencio.

Una sociedad que honra y protege a sus mujeres es una sociedad que avanza. Cuando se promueve la igualdad real, florece el talento, creatividad e innovación. Cuando se fomenta el respeto, se fortalecen los valores fundamentales como la justicia, solidaridad y empatía.

Los hombres, sus derechos y nada más; las mujeres, sus derechos y nada menos... una frase que invita a reflexionar de verdad porque abarca muchísimo.

Que este mes de marzo no sea solo una conmemoración, sino un compromiso permanente. Que cada palabra de reconocimiento se traduzca en acciones concretas y no en gritos, pancartas falsas y taquillas convenientes, porque valorar a la mujer, es valorar la vida misma, es apostar por un futuro más justo, más libre y más digno para todos.

Mahatma Gandhi decía que “Llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia, es la injusticia del hombre hacia ella y su mente”.

Nuestra sociedad, ya no debe aceptar que muera una sola mujer más con una boleta de alejamiento en mano; no debe aceptar a los Epstein impunes alrededor del mundo ni sus múltiples cómplices, no debe aceptar ningún tipo de ofensa a su dignidad, al valor de su pensamiento, palabra o acto.

Para todo lo anterior se necesitan mejores leyes, condenas más duras y, sin duda, mejor entendimiento hacia el rol de la mujer desde nuestro núcleo social porque es, desde el hogar, donde inicia la verdadera educación y respeto hacia la mujer.

También es necesario trabajar desde su niñez en su autoestima para no hacerles creer que son menos y que solo sirven para procrear o cocinar (como algunas mentes retrogradas así lo piensan). ¡No!

Tampoco pueden seguir existiendo estadísticas que hablen de que, a una niña de ocho años, se le deba vacunar en contra del virus del papiloma (estadística vigente en Panamá) pues para ello, existe la educación sexual asertiva. No podemos seguir dándole ratings a los programas que las denigran porque, si en casa tiene a una madre, hermana, esposa o hija, no lo debe aceptar como “normal”. Tampoco debemos seguir escuchando a los “artistas” que, de quitarles la “música” a sus letras, son la confesión de un violador serial, como, tampoco, debemos seguir guardando silencio en casos como los de los albergues.

Este artículo se lo dedico a todas las mujeres que han impactado positivamente mi vida, a quienes aún luchan por ser respetadas, aceptas y valoradas, a mis alumnas y amigas. A todas aquellas grandes mujeres que, en algún momento sintieron la soledad ,no sólo física, sino también espiritual en su batalla por sacar adelante a su familia.

¿Quiere usted honrarlas amigo lector? Imprima este artículo y repártaselo a todas las mujeres que conozca, valore, quiera, respete, apoye o, simplemente demuestre que la escucha, porque al final, entre otras cosas, eso es lo que quieren... ¡ser escuchadas para ser valoradas!