Quien escucha consejos, no llega a viejo
- 10/10/2026 00:00
Nos acostumbramos a dar consejos, incluso cuando nadie los pide. Pero ¿realmente ayudamos o invadimos el espacio de los demás? Una mirada crítica al refrán popular invita a repensar el valor de la escucha, la libertad de decidir y la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos
¡Sí! es muy probable que usted lo haya escuchado al revés “quien oye consejo llega a viejo” ... sin embargo, hoy vamos a romper ese mito tan “sagrado” que ha pasado de generación en generación.
Cuando usted concluya la lectura, probablemente tenga que cuestionarse hasta usted mismo, porque estamos claros que a la humanidad le gusta dar consejos, en especial cuando nadie los pide.
Y es que aquí, viene el primer punto que debemos tocar: hay personas que les encanta dar consejos sin considerar antes, si el otro lado lo necesita, quiere o pidió. También no podemos perder de vista que, cuando aconsejamos, solemos hacerlo con base en nuestras experiencias de vida y, aquí viene el otro meollo del asunto, las experiencias de vida, las épocas, variables y circunstancias nunca serán las mismas con respecto a mi contraparte. Podrán ser similares, sí, pero jamás iguales.
Y se lo pongo de una manera pintoresca... usted podrá tener el lienzo de Picasso, sus pinceles, estudio, iluminación ambiental, modelos, clima, tonalidades y mezclas de colores exactas que él usó en su momento para realizar sus obras y, jamás podrá pintar como él.
Le pongo otro ejemplo: a usted le pueden dar la compañía que su padre fundó, tener los mismos socios, colaboradores, clientes, flota, estructura y, probablemente, o no pueda hacer lo mismo que hizo su fundador o, lo haga mejor y diferente pues los tiempos cambian.
Entremos pues amigo lector al alma de la frase “quien escucha consejos, no llega a viejo” ya que esta, juega con la lógica de ese refrán tradicional para provocar una reflexión más profunda.
A primera vista se sonará absurda, incluso contradictoria ya que, en la mayoría de las culturas, se promueve la idea de que escuchar consejos es una virtud asociada con la prudencia o experiencia y, en consecuencia, con una vida más larga y plena. Sin embargo, al invertir el sentido esperado, la frase invita a cuestionar hasta qué punto seguir consejos ajenos puede limitar la vida propia.
En un sentido literal, la afirmación no se sostiene: escuchar y aprender de otros suele evitar errores, peligros y decisiones impulsivas. La experiencia acumulada de generaciones anteriores ha sido clave para la supervivencia humana. Sin embargo, la frase no busca ser literal, sino provocadora. Funciona como una crítica a la obediencia excesiva o a la dependencia de la opinión ajena. Quien vive únicamente bajo el consejo de otros podría estar renunciando a experimentar, a equivocarse por sí mismo y, en última instancia, a construir una identidad propia.
También puede interpretarse como una ironía sobre el riesgo. Muchas veces, los consejos están orientados a evitar peligros: “no hagas esto”, “no vayas allá”, “no te arriesgues”, “mejor no hagas nada”, “quédate callado”. Si una persona siguiera todos estos consejos al pie de la letra, su vida probablemente sería más segura, pero también más limitada y pusilánime. Desde esta perspectiva, “no llegar a viejo” podría entenderse, no como una muerte física, sino como muerte espiritual (que nada tiene que ver con la religión), también tiene que ver con una vida incompleta, carente de intensidad o de experiencias significativas y esta, es mucho peor que la muerte física.
Por otro lado, la frase también puede leerse como una crítica a la saturación de consejos en la sociedad moderna. En la era de la información, todos opinan, todos aconsejan: redes sociales, expertos, amigos, familiares, incluso la IA. Esta abundancia puede generar confusión o parálisis. Escuchar demasiadas voces puede impedir tomar decisiones propias. Así, quien escucha todo, termina sin actuar con autenticidad.
Es más, mi cardiólogo con respecto a esto, tiene una frase interesante: “un médico es cura, dos es duda y tres es muerte segura”.
Quiero aclarar que el título y este escrito no desacredita el valor del consejo, sino que pone en evidencia la necesidad del equilibrio. Escuchar es importante, pero también lo es filtrar, cuestionar y decidir. La sabiduría no reside únicamente en atender a los demás, sino en saber cuándo hacerlo y cuándo seguir el propio criterio. Vivir plenamente implica asumir riesgos, aprender de los errores y construir un camino propio, aun cuando este contradiga lo que otros recomiendan.
Así, la aparente paradoja se convierte en una invitación: no dejar de escuchar, pero tampoco dejar de vivir.
Entonces ¿damos consejos? yo prefiero usar la frase recomendaciones, apuntes o notas: 1) porque la persona no se sentirá jamás juzgada o cuestionada ya que, al igual que los consejos, las recomendaciones, los apuntes o notas se toman o no. 2) psicológicamente cuando una persona le dice a otra “te voy a dar un consejo”, curiosamente ya se activó en nuestro cerebro una alarma de defensa y no de escucha activa. 3) al dar un consejo sin ser pedido, usted se está metiendo a un territorio que no lo invitaron... ¡así de simple como suena!
Usted dirá amigo lector “es que es mi hijo(a), socio, pareja, amigo, cómo no lo voy a aconsejar”, ok, sin embargo, la primera pregunta que debe hacerse antes de emplear este pensamiento y, donde entra más la consideración, el respeto y amor legítimo hacia el otro es: ¿lo quiere?, ¿lo pidió?, ¿me dio señales de que necesita un consejo?
Cuando se quiera entrar a este terreno, se debe trabajar con asertividad, empatía y escucha activa pues la contraparte agradecerá el hecho de que primero le escuchó y, a veces, el silencio también es un buen consejo y, de hecho, hasta es una virtud.
Usted puede, desde su silencio decir mucho ¿o no?, desde su silencio, puede dar consejos e incluso transformarse en un Pepe Grillo, que no era nada más y nada menos que la conciencia de Pinocho.
Porque también viene la otra parte, para cada acción hay una consecuencia y, quienes no tienen la madurez ni la inteligencia emocional para aceptar que las consecuencias de sus acciones son únicamente responsabilidad de ellos, son quienes que dirán “es que tú me dijiste”, “tú me aconsejaste” y, hasta usarán el dedo acusador; ¿por qué? porque no son capaces de aceptar los resultados de sus propias decisiones, acciones y consecuencias.