Topofilia: la geografía sentimental de Emily Zhukov

  • 12/07/2026 00:00

A partir de mapas intervenidos y técnicas mixtas, Emily Zhukov construye una cartografía de experiencias personales e históricas. La muestra propone una mirada al territorio donde convergen la memoria, las migraciones y la identidad cultural

Pero lo que a mí me queda claro es que a través de esta obra he logrado comprender que, aparte de los mapas, que nos informan y describen paisajes, ciudades, pueblos y territorios, hay una serie de mapas sentimentales que vamos organizando de acuerdo con nuestras experiencias, viajes y conocimientos. Hay un elemento de libertad individual, de un ensayo de crear y organizar un mundo de acuerdo con coordenadas propias que no son tampoco necesariamente arbitrarias.

No es fácil entrar en el mundo que nos revela un artista, o, mejor dicho, el mundo de un artista ofrece muchas revelaciones que requieren atención cuidadosa de su trabajo. Es una aproximación lenta, de seguimiento, y de conversaciones.

Mi primera aproximación a la obra de Emily Zhukov no fue a través de catálogos, de libros o de exposiciones. Pude haber visto su obra en algún texto, sobre todo, en los catálogos de las bienales de Panamá, donde vive la artista estadounidense desde 1994, un año que sucedieron muchas cosas como el fin del apartheid en Sudáfrica. En efecto, mi primera aproximación con la obra de Zhukov fue físico, sí, físico, porque me tocó cargar una de sus obras en Berlín, subirla a un tercer piso, y, mientras mecía mi cuerpo entre aquellas escaleras, me pregunté cómo puede hacerse un trabajo así de pesado, cuyo nombre es Paisaje rojo, en bronce, bañado en platina.

Para alguien, cuya filosofía de vida ha sido la ligereza y la flexibilidad, por haber vivido en varias ciudades y países, y por viajar ininterrumpidamente entre Panamá y Berlín, aquella obra de Zhukov contrasta completamente con la obra que ahora presenta en Espacio Fiera, a partir del 14 de julio, por su ligereza, por su movilidad y por su transportabilidad: son mapas e imágenes montadas sobre una superficie tridimensional de 15 x 15 x 2 cm. Para escribir este artículo, visité a la artista en su casa y en su taller. Reconocí algunos trabajos, del mismo material, que me hicieron recordar la pieza que conservo en Berlín.

Antes de ver su nueva obra, ya había venido conversando con la artista sobre el tema, pero todavía no tenía una idea muy clara de lo que podía ser, porque, si bien he vivido en muchas geografías, pocas veces he utilizado mapas. Soy de aquellos que, más bien, preguntan, pero evidentemente ya hoy utilizo waze o Google para llegar a mi lugar de destino. Sin embargo, viendo el trabajo de Zhukov lo primero que sentí fue un sentimiento de perplejidad, es decir, reconocí esa serie de pequeños mapas, montados sobre cajitas y desplegados sobre la mesa, marcándose así un conjunto de imágenes bajo mis ojos.

Traté, por supuesto, de evitar el comentario vacío o la aprobación compulsiva y comencé a aproximarme muy lentamente a esta obra para salir de aquel primer momento, de la perplejidad, frente a una propuesta de la artista.

Por ella misma, sabemos que es una apasionada de la historia, que investiga sus propuestas, y este trabajo es un buen ejemplo de lo que significa conectar el arte con la historia y a la geografía. En efecto, Topofilia, como se expresa en la tarjeta de invitación, proviene <<del griego topos, “lugar” y philia, “amor a”. Se define como ‘un fuerte sentido de pertenencia a un lugar, que a menudo se mezcla con el sentimiento personal de identidad cultural y el afecto por ciertos aspectos de dicho lugar’.

Unificadas por el uso del mapa como punto de partida conceptual y material, las obras de técnica mixta de la exposición abarcan décadas de exploración de las relaciones personales y geopolíticas con el lugar, el espacio y el territorio>>. Observando los mapas elaborados por Zhukov desplegados sobre la mesa, no pude menos que pensar en la historia de la cartografía, que ha sido la historia de las navegaciones y de las conquistas, de los Estados nacionales y de las guerras, de una ciencia que ha venido perfeccionando sus métodos e instrumentos de medición, acercándonos cada vez más a la realidad. Dentro de este contexto, ¿cómo podemos entender la propuesta de la artista? ¿Como una ruptura, superación o alejamiento de la realidad? Esta es una pregunta que cada observador podrá responder por sí mismo.

Pero lo que a mí me queda claro es que a través de esta obra he logrado comprender que, aparte de los mapas, que nos informan y describen paisajes, ciudades, pueblos y territorios, hay una serie de mapas sentimentales que vamos organizando de acuerdo con nuestras experiencias, viajes y conocimientos. Hay un elemento de libertad individual, de un ensayo de crear y organizar un mundo de acuerdo con coordenadas propias que no son tampoco necesariamente arbitrarias.

Lo que aquí designo como una especie de mapas sentimentales, pues testifican la libertad individual, es en el caso de Zhukov una lectura del mundo que también está intervenida por la conciencia de vivir en un mundo de migraciones y por su crítica política o, exactamente con la geopolítica moderna y contemporánea, que, con la finalización de la Guerra Fría, no ha dejado de ser agresiva, e, incluso, colonialista, donde los poderes, ya no solo occidentales, marcan nuevos mapas de dominios e influencias.

Aquí la artista, sin duda alguna, no se despide de la realidad, en mapas imaginarios sin sentido, sino que levanta una geografía de vivencias y observaciones, de críticas y lecturas, y lo que aparece como un juego onírico a primera vista es, en verdad, una composición que, por su temática y por su forma, no pesa menos que el trabajo en bronce que conservo en Berlín.