De centro de conquista a ruta del imperio: cómo Panamá cambió tras la expedición de Pizarro

El viaje autorizado por ‘Pedrarias’ Dávila en 1524 cambió el destino del istmo.
Tras la conquista del Perú, Panamá se convirtió en la principal ruta de tránsito del oro y la plata hacia España.
  • 24/05/2026 00:00

La expedición que partió desde Panamá rumbo al sur terminó redefiniendo el papel del istmo en la historia mundial: de centro de exploraciones a puente estratégico entre América, Europa y Asia

La autorización que el gobernador Pedro Árias ‘Pedrarias’ Dávila concedió el 20 de mayo de 1524 a la expedición de Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque no solo abrió el camino hacia la conquista del Imperio inca: también cambió para siempre el destino de Panamá. Aquella empresa que partió meses después desde el istmo terminó convirtiendo al territorio panameño en el principal corredor comercial del Imperio español y en una pieza clave de las primeras redes globales de comercio entre América, Europa y Asia.

Esta fecha marcó un punto de inflexión para la historia del istmo panameño y de América. Ese día, el gobernador ‘Pedrarias’ autorizó la expedición, una empresa que partiría meses después desde Panamá rumbo al sur y que terminaría con la conquista del Imperio inca.

La expedición zarpó oficialmente el 14 de noviembre de 1524 desde Panamá, en momentos en que la ciudad recién fundada por los españoles comenzaba a consolidarse como el principal punto de salida hacia nuevas exploraciones en el Pacífico. La llamada “Compañía del Levante”, como fue conocida la alianza entre Pizarro, Almagro y Luque, contó con el respaldo político y económico de Pedrarias Dávila, entonces figura clave del poder colonial en Tierra Firme.

Aunque las primeras expediciones estuvieron marcadas por el hambre, enfermedades y enfrentamientos con pueblos indígenas, aquellas travesías terminaron abriendo el camino hacia el Perú y sus inmensas riquezas minerales. El impacto de ese proceso no solo transformó Sudamérica, sino también al propio istmo panameño.

Panamá comienza a vaciarse

Con el auge de las expediciones hacia Centroamérica y especialmente hacia Perú, Panamá empezó a sufrir un progresivo despoblamiento de sus principales asentamientos españoles. Muchos aventureros y colonos abandonaron el istmo atraídos por las noticias de oro y plata en los territorios andinos.

El cronista español Pedro Cieza de León describió esa situación en 1535 al referirse a la ciudad de Panamá. Según sus relatos, los nuevos pobladores ya no pensaban en establecerse definitivamente en el territorio, sino únicamente en enriquecerse rápidamente antes de partir hacia otras regiones del continente.

La ciudad dejó entonces de ser el gran centro de exploraciones y conquistas que había sido durante las primeras décadas del siglo XVI. En su lugar, Panamá asumió un nuevo rol dentro del Imperio español: convertirse en el gran puente comercial entre América y Europa.

El istmo como eje del comercio mundial

Tras la conquista del Perú, enormes cantidades de oro y plata comenzaron a movilizarse desde Sudamérica hacia España. Panamá se convirtió en la principal ruta de tránsito de esos metales preciosos.

Las mercancías llegaban desde Perú por el Pacífico hasta la ciudad de Panamá. Desde allí eran transportadas por tierra atravesando el istmo hasta los puertos del Caribe, desde donde partían las flotas hacia Europa.

Ese sistema dio origen a las famosas ferias comerciales del Atlántico panameño. La primera gran sede fue Nombre de Dios, donde desde 1544 se realizaban encuentros comerciales para distribuir productos europeos en América y enviar las riquezas americanas hacia España. Más tarde, desde 1597, las ferias se trasladaron a Portobelo, ciudad que se transformó en uno de los puertos más importantes del continente.

La magnitud de este comercio fue enorme. Diversos registros históricos indican que entre 1531 y 1660 aproximadamente el 60% del oro que llegó a España desde el Nuevo Mundo cruzó por el istmo de Panamá.

Durante más de dos siglos, la economía panameña giró alrededor de esa función estratégica de tránsito. Comerciantes, cargadores, funcionarios reales, marineros y viajeros dependían del flujo constante de mercancías que atravesaban el territorio.

Panamá y la conexión con Asia

El papel geopolítico del istmo no se limitó al comercio atlántico. Panamá también se convirtió en una pieza fundamental dentro de las rutas transpacíficas del Imperio español.

A través de los llamados Galeones de Manila, España mantenía una conexión comercial entre Asia y América. Las mercancías provenientes de Filipinas —como seda, porcelana, especias y otros productos asiáticos— llegaban primero a América y luego eran redistribuidas hacia Europa.

En ese circuito, Panamá funcionó como un nodo de apoyo logístico y comercial. Su importancia aumentó aún más en 1579, cuando la Corona española eliminó el monopolio comercial que mantenía Acapulco con Manila y permitió que Panamá pudiera comerciar directamente con Asia y Filipinas.

Gracias a esa decisión, el istmo quedó integrado a una de las primeras redes globales de comercio de la historia, enlazando Europa, América y Asia.

El legado de la expedición de 1524

La autorización concedida por Pedrarias Dávila a Pizarro, Almagro y Luque en 1524 no sólo desencadenó la conquista del Perú. También modificó para siempre el destino histórico de Panamá.

El istmo pasó de ser una frontera de exploración a convertirse en el gran corredor comercial del Imperio español. Su ubicación estratégica lo transformó en punto clave del comercio mundial durante la época colonial y consolidó una vocación transitista que continuaría siglos después con el ferrocarril y posteriormente con el Canal de Panamá.

Aquella expedición que salió discretamente desde Panamá en noviembre de 1524 terminó redefiniendo el papel del territorio panameño en la historia universal.