De enseñar a gobernar un país

Centroamérica: Rendir cuentas para que la gente cuente es uno de los dos volúmenes de la colección Las Cuentas de Centroamérica.
  • 17/05/2026 00:00

Luis Guillermo Solís coordina el proyecto editorial Las Cuentas de Centroamérica, una idea que surge en el 2023 y que forma parte de las iniciativas del festival Centroamérica Cuenta

Luis Guillermo Solís (Costa Rica, 1958) es un habitual participante de Centroamérica Cuenta durante sus ediciones en Guatemala, Panamá y España.

Desde el 2023, este expresidente costarricense coordina el proyecto editorial Las Cuentas de Centroamérica, una iniciativa de este festival que mañana 18 de mayo comienza sus actividades en Panamá de la mano del Ministerio de Cultura.

Este proyecto ha dado como resultado la publicación de los volúmenes Las Cuentas de Centroamérica: semblanza de la Centroamérica contemporánea (2024) y Centroamérica: Rendir cuentas para que la gente cuente (2025).

Ambas obras observan la región desde diversos aspectos relacionados con lo social, lo económico y la gestión pública.

Los siguientes dos volúmenes estarán bajo la coordinación de Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica.

Don Luis, ¿cómo llegó usted a Centroamérica Cuenta?

Yo ya conocía al escritor Sergio Ramírez y a periodistas de Nicaragua como Fernando Chamorro. En una edición del festival a la que asistía, le preguntaron al público sobre qué temáticas agregarían a Centroamérica Cuenta para que no fuera solo de literatura y cultura. Varias personas propusieron que se hablara más de cosas públicas como periodismo y ciudadanía. Entonces se fueron incorporando estos temas. Fue allí donde comencé a colaborar de manera directa.

Así surgen las Cuentas de Centroamérica.

Correcto. Entonces se me ocurrió proponerle a Sergio sacar un libro, convocar a hombres y mujeres de la región para que escribieran sobre temas variados. La primera edición la presentamos en Panamá y la segunda en Guatemala.

¿Por qué es especial Centroamérica Cuenta?

Te lo digo sinceramente. Yo aprendo más de lo que puedo aportar y aprendo mucho de las participaciones, del diálogo.

¡Qué maravilla que el festival sea un oasis de ideas!

Absolutamente. Estar en el festival me hace sentir alegre, optimista. Fue triste que salió de Nicaragua, pero eso negativo se convirtió en positivo porque va a distintos países y distintos públicos tienen acceso al festival.

Quizás sea un estereotipo, pero me sorprende que un expresidente esté involucrado en actividades intelectuales.

Es que la mayor parte de mi vida fue académica. Fui profesor y me metí en política ya tarde. No es que no tuviera experiencia política previa, ya estaba. Pero no había sido ministro, ni nada de eso. Entonces, volver a mi vida previa, después de terminar los cuatro años de presidente, fue fácil. Estar en este mundo de las letras te da una perspectiva diferente de las cosas. Usted tiene razón, sigo siendo una excepción a la regla.

¿Será porque la política absorbe bastante?

Claro. Estás metido en una burbuja todo el tiempo. Y de alguna manera te aísla. Al alineamiento del mundo político se suma el halago y el boato, ¿verdad? Entonces tus colaboradores tratan de protegerte. Y el que no está muy bien hecho para esto, que se preocupe de la crisis que le están armando. Y se pierde el contacto con la realidad.

Usted era un profesor de Historia y Ciencias Políticas. ¿Cuándo le picó el bichito de la política?

Desde joven. Yo tenía 22 años cuando volví a Costa Rica con la maestría de Estudios Latinoamericanos de Portugal. Y di clases por 30 años. Tuve dos pasadas por la vida política durante la década de 1980. Una, porque trabajé en la Cancillería de mí país y me tocó los preliminares del Plan de Paz (en esa época había conflictos armados en Guatemala, Nicaragua y El Salvador) y luego ser parte del equipo de negociadores del Plan de Paz de Esquipulas (para establecer la paz duradera en Centroamérica).

¿Después se involucró de manera partidista?

Sí, después me acerqué un poco más cuando fui electo secretario general del Partido de Liberación Nacional. En ese momento había un bipartidismo casi perfecto de 70 años en Costa Rica (entre el Partido Liberación Nacional y el Partido Unidad Social Cristiana). Había que hacer algo al respecto. Yo pensé que lo podía hacer. Me afilié a un partido que denunciaba eso: el Partido Acción Ciudadana.

¿Luego trabaja en Panamá?

En el 2010 fui a Panamá a trabajar como representante de la Secretaria General Iberoamericana para Centroamérica y Haití. Y en Panamá tomé la decisión de volver a consultar con amigos a ver cómo veían la política en Costa Rica. Y me dijeron que estaba loco.

¿Y qué tiempo estuvo en Panamá?

Estuve de 2010 a 2012. Vivía en Clayton y la oficina la teníamos en Ciudad de Saber. Muy lindos fueron esos años. Yo viajaba los fines de semana a Costa Rica porque mi esposa tenía trabajo en San José y se quedó con los hijos. Ellos venían a Panamá cuando podían o iba yo los fines de semana a San José.

¿Le gustó Panamá?

Tienes un lindo país. Por el trabajo viajaba mucho a zonas fronterizas para ver el tema de las migraciones. Varias veces fui a Darién. Luego hice con mi familia rutas turísticas. Nos encantó Los Santos y Portobelo. También nos gustó mucho Coclé y el Parque Arqueológico de El Caño, así como las comarcas indígenas.

Regresemos a la contienda. Las elecciones fueron en el 2014

Le metí dos años muy duros a una campaña muy diferente, de alegría. Me daban por descartado en octubre de 2013 cuando empezó la campaña. Estaba de cuarto. En febrero de 2014 estaba casi empatado con el segundo. La primera ronda de la elección nacional fue el primer domingo de abril. Gané por un punto porcentual.

¿En la segunda ronda?

Gané con el 78% de los votos. El problema fue que los diputados se eligen en la primera ronda. Y yo solo tenía 10 diputados de 57. Eso, más la curva de aprendizaje, más la resistencia de los grupos económicos del país, hicieron que mí gestión fuera complicada. Al final, creo que salió mejor de lo que alguna gente esperaba y quedó la ciudadanía con ganas de más. Mi partido, de hecho, ganó una segunda presidencia después de la mía. Después volví a la academia.

¿Cómo fue el equilibrio entre política y familia?

Eso no me costó mucho porque tenemos una relación familiar muy ordenada. Somos una familia grande, seis hijos, salíamos y teníamos activado nuestro rumbo. Luego de la presidencia lo retomamos aún más. Porque uno no se pone a pensar que llegas a un cargo electivo, y le sirves al país, pero de alguna manera no puedes mantener el mismo ritmo con tu relación de tu primer país que es tu familia.

¿Volvería al ruedo?

Fue un honor inmenso haber sido presidente. En la campaña dije que no volvería a ser presidente nunca más y que la reelección no la buscaría.