“Ego Sum” (1915), la afirmación identitaria

  • 10/05/2026 00:00

El poema anticipa problemáticas centrales de la negritud y del pensamiento decolonial, no desde la formulación teórica, sino a través de una elaboración poética de gran densidad simbólica

El poema Ego Sum (1915), de Gaspar Octavio Hernández, ha sido tradicionalmente leído dentro del modernismo latinoamericano, destacando su lirismo, el simbolismo del mar y la afirmación del yo. Sin embargo, desde una lectura crítica contemporánea, el texto también revela una afirmación identitaria, inscrita en lo que hoy conceptualizamos como colonialidad en América Latina, en tanto gesto de reapropiación del cuerpo, del espacio y del ser frente a parámetros históricamente eurocéntricos.

Contexto social y geográfico de Santa Ana

Gaspar Octavio Hernández (1893-1915) nació en el arrabal de Santa Ana, en Calle 14, uno de los barrios populares y racializados de la ciudad de Panamá a comienzos del siglo XX. Este sector se caracterizaba por la convivencia de comunidades afrodescendientes, mestizas y migrantes, así como por profundas desigualdades sociales.

Ese contexto urbano periférico, situado simbólica y materialmente fuera de las élites blancas, resulta fundamental para comprender la afirmación identitaria que articula “Ego Sum”. Según Armando Fortune (1970), los barrios populares de Panamá, como Santa Ana, fueron espacios donde la población afrodescendiente desarrolló formas de resistencia cultural y afirmación identitaria frente a la exclusión social y racial.

La reivindicación de una piel “tostada”, de unos “ojos negros” y de un origen a las faldas del Cerro Ancón frente al Océano Pacífico puede leerse como una inscripción poética de esa experiencia barrial y racializada, donde el sujeto se sabe históricamente situado en los márgenes del proyecto nacional moderno.

En este contexto, el yo poético convierte la marginalidad social en una fuente de dignidad personal. Por eso, el poema no nace de ideas abstractas o del simple lirismo, sino de experiencias concretas de clase, raza y territorio, que alimentan y fortalecen su acto de autoafirmación.

Rechazo del canon europeo y afirmación del cuerpo

El poema se abre con una negación explícita del ideal estético dominante:

Ni tez de nácar, ni cabellos de oro

veréis ornar de galas mi figura”.

Estos versos operan como un rechazo frontal del canon blanco europeo, que décadas más tarde Fanon identificará como núcleo del proceso de alienación del sujeto colonizado. En Piel negra, máscaras blancas, Fanon (1952) señala que el colonialismo no solo domina territorios, sino que impone una jerarquía estética y ontológica, donde la blancura se asocia con lo humano pleno.

Hernández nombra su piel “tostada” y sus ojos “negros”, términos históricamente cargados de negatividad. Sin embargo, el poema no reproduce la lógica del desprecio, sino que la subvierte: el yo poético se nombra a sí mismo, recuperando el control del discurso sobre su cuerpo. Anticipa, en el plano poético, una problemática que Aimé Césaire (1950) entiende como el primer acto de la negritud: decir sí a lo que el colonialismo ha negado.

La afirmación corporal no implica aquí una glorificación esencialista de la raza, sino una desactivación del dispositivo colonial de la vergüenza, uno de los mecanismos centrales que Fanon identifica en la psicología del colonizado.

Interioridad, subjetividad y el mar como metáfora

Uno de los aportes fundamentales de Fanon es su crítica a la reducción del sujeto racializado a su epidermis. El “hecho negro”, como él lo denomina, convierte al individuo en objeto de mirada, negándole profundidad subjetiva. En “Ego Sum”, esta reducción es superada mediante un desplazamiento hacia el interior:

“Porque en mi alma

hay –como sobre el mar– noches de calma,

indefinibles cóleras sin nombre”.

Aquí el poema rompe con la lógica colonial que fija al sujeto en lo visible. El yo poético afirma una interioridad compleja, contradictoria y dinámica, que desborda cualquier categorización racial simplista. Fanon sostiene que la descolonización implica precisamente este gesto: reclamar la totalidad del ser, más allá del cuerpo racializado.

Este movimiento también dialoga con Maldonado-Torres, quien amplía la reflexión “fanoniana” al señalar que la colonialidad produce una negación ontológica, es decir, una duda estructural sobre el ser del sujeto colonizado. El poema puede leerse como una respuesta a esta negación mediante una afirmación radical del yo: Ego Sum (yo soy), no como abstracción cartesiana, sino como existencia situada, corporal y emocional.

El símbolo central del poema es el mar, que funciona como metáfora del alma y del ser:

“Soy un hijo del Mar...

¡pienso que soy un mar trocado en hombre!”

Esta imagen resulta clave para evitar una lectura esencialista de la identidad racial. El mar no es fijo ni homogéneo: es cambio, tensión, profundidad, violencia y calma. Esta metáfora permite pensar la identidad como proceso y devenir, no como esencia cerrada.

Grosfoguel (2011) advierte que uno de los riesgos en ciertas políticas identitarias es reproducir lógicas esencialistas que terminan siendo funcionales al sistema colonial que se pretende criticar. El poema de Hernández esquiva este riesgo al proponer una identidad fluida y contradictoria, más cercana a una ontología de la relación que a una definición racial rígida.

En este sentido, el mar encarna una subjetividad que se resiste a la fijación colonial. El yo poético no se define únicamente por su raza o su cuerpo, sino por una experiencia existencial compleja, en constante movimiento.

Territorio, identidad racializada y conciencia decolonial

El anclaje geográfico del poema es explícito desde sus primeros versos:

del Ancón a la falda verde oscura nací frente al Pacífico sonoro.”

Esta enunciación desplaza el centro de la voz poética fuera de Europa y lo sitúa en un espacio históricamente marginal dentro del sistema-mundo moderno/colonial. Más aún, al ser Hernández originario de Santa Ana, su afirmación poética no solo establece un vínculo con un territorio concreto, sino que inscribe su subjetividad en un espacio socialmente marcado por la marginalidad, la diversidad racial y profundas desigualdades sociales.

Como plantea Grosfoguel (2007), la colonialidad no opera únicamente en el plano racial, sino también en los ámbitos epistémico y geopolítico: ciertos lugares son reconocidos como productores legítimos de conocimiento, mientras que otros son sistemáticamente desautorizados. Al situar su origen en Santa Ana y frente al océano Pacífico, Hernández realiza un gesto de relocalización ontológica que convierte el espacio no en un telón de fondo exótico, sino en una fuente constitutiva del ser.

Desde esta perspectiva, Maldonado-Torres (2007) sostiene que la descolonización implica una reinscripción del sujeto en su propio espacio, rompiendo con la lógica que lo define siempre desde un “otro lugar”. El poema puede leerse, entonces, como una expresión poética descolonizante, en la que identidad, cuerpo y territorio se entrelazan en una afirmación del ser negado por la colonialidad.

Corolario

En este sentido, Ego Sum funciona como una afirmación identitaria latinoamericana que desafía el orden colonial del ser, del cuerpo y del saber. El poema anticipa problemáticas centrales de la negritud y del pensamiento decolonial, no desde la formulación teórica, sino a través de una elaboración poética de gran densidad simbólica.

Hernández construye así un yo que se nombra, se afirma y se piensa a sí mismo desde la contradicción, la profundidad y el arraigo territorial. De este modo, a la luz de debates actuales sobre raza y colonialidad, Ego Sum no es únicamente un poema modernista, sino un texto que se inscribe en una genealogía crítica de la subjetividad racializada en América Latina.

El autor es Sociólogo

Pensamiento Social (PESOC) está conformado por un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales que, a través de sus aportes, buscan impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de estas disciplinas.
Su propósito es presentar a la población temas de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.