El Incidente de la Tajada de Sandía, primera insurrección antinorteamericana

La Tajada de Sandía pasó de una discusión por el pago de una fruta a un enfrentamiento que dejó muertos y abrió una crisis internacional.
  • 03/05/2026 00:00

Hoy debemos conmemorar aquella gesta, no como un hecho inusual en nuestra historia, sino como el primero de una larga lista de luchas generacionales

El 15 de abril de 1856 se produjo la primera insurrección popular panameña contra la presencia norteamericana. Hecho de dimensiones históricas que ha pasado a conocerse como El Incidente de la Tajada de Sandía, y que tuvo como saldo 14 norteamericanos, y un francés, muertos, y 18 heridos; mientras que por el lado panameño murieron 2 personas, con media docena de heridos.

El suceso se inició cuando un norteamericano, de nombre Jack Oliver, y apodado New York Jack, tomó un pedazo de sandía del puesto atendido por el pariteño José Manuel Luna y no lo quiso pagar. Ante el reclamo de Luna, Jack respondió con la conocida frase yanqui: “bésame el culo”. A lo cual el frutero le dijo sabiamente: “Cuidado, aquí no estamos en Estados Unidos, págame el real y estamos al corriente”.

Uno sacó su cuchillo y el otro su pistola. Se arremolinó la gente por bando y bando, pues ese día había cerca de 1,000 norteamericanos en ruta a California traídos por la llamada “Fiebre del Oro”. La gresca fue subiendo de tono y para el atardecer se había convertido en una pequeña guerra, en la que el pueblo de los arrabales de la ciudad, apoyado por la gendarmería panameña, acorraló en la estación del ferrocarril a los norteamericanos, quienes atrincherados respondían con armas de todo calibre, incluso un pequeño cañón.

Al final, se impuso el pueblo, las autoridades y las leyes nacionales y a los sobrevivientes se les permitió partir. Pero se abrió un proceso judicial con ribetes internacionales que, al cabo de los años, terminó con el pago de una indemnización al gobierno de Estados Unidos de más de 400 mil dólares por parte del gobierno de Colombia, de la cual Panamá era una provincia.

La pregunta clave respecto al Incidente de la Tajada de Sandía es: ¿Qué factores se conjugaron para producir aquel estallido social del pueblo panameño contra la presencia norteamericana? El historiador Aims McGuinness (“Aquellos tiempos de la California” In Historia General de Panamá, edited by Alfredo Castillero Calvo, 141-159. Panamá: República de Panamá, 2004.) nos aporta tres elementos decisivos.

La pérdida de los panameños del control y los beneficios de la ruta transístmica

Entre 1845 y 48, Estados Unidos se extendió hacia el oeste tragándose la mitad del territorio mexicano a punta de pistola. Y, casi por casualidad, hacia 1848 se descubren importantes yacimientos de oro en California, naciendo la llamada “Fiebre del Oro”, debidamente incentivada por el gobierno norteamericano, para forzar la migración de decenas de miles que colonizaran el lejano oeste.

A California se podía llegar atravesando el territorio norteamericano, con todas las dificultades que muestran las películas de vaqueros. Pero había una ruta más rápida, aunque tampoco exenta de dificultades por Nicaragua y por Panamá. De manera que, el inicio de la Fiebre del Oro produjo un renacimiento de la zona de tránsito. Decenas de miles de viajeros empezaron a llegar a nuestras costas volviendo a reactivar el transporte en botes por el río Chagres y de mulas por el antiguo Camino de Cruces.

Incontables testimonios de la época señalan lo inhóspito del clima, los peligros del camino, la falta de alojamientos y restaurantes. Pero, mal que pese, al inicio todo el negocio, con su correspondiente inflación de precios, estuvo en manos de los habitantes del Istmo. Esto fue cambiando, pues los empresarios norteamericanos se dieron cuenta que podían “hacer su agosto” y empezaron a abrir sus propias instalaciones. Por ejemplo, se dice que el poblado de Chagres, creció como dos pueblos diferentes, uno a cada orilla del río. Las chozas de paja de los panameños, de un lado, y un moderno pueblo con hoteles, cantinas y casinos, del otro, controlado por norteamericanos.

El control principal de la ruta transístmica a manos de empresas norteamericanas se dio cuando en 1848 el gobierno de la Nueva Granada firmó con la Pacific Mail Steamship Co. el contrato para la construcción de un ferrocarril, creándose la Compañía del Ferrocarril de Panamá. La obra se inició en 1850, inaugurándose por tramos, quedando completamente abierta para enero de 1855 (Araúz y Pizzurno. El Panamá Colombiano (1821-1903). 1993).

De modo que los actores principales del Incidente de la Tajada de Sandía son elementos populares que se sentían desplazados del negocio por la Compañía del Ferrocarril. Aims McGuinness da cuenta de múltiples quejas al municipio, entre ellas de los boteros de la ciudad que perdieron sus negocios con el vapor Taboga, propiedad de una de estas empresas norteamericanas.

La conciencia política del arrabal y la revolución liberal

Aims McGuinness nos aporta otro elemento clave para la comprensión de los sucesos: la revolución liberal de mitad del siglo XIX. La Revolución de 1848 en Europa tuvo indudables consecuencias en la Nueva Granada (Colombia), la principal fue la irrupción en el gobierno del liberalismo radical, también llamado “Draconiano”.

Los gobiernos liberales que se sucedieron en aquella época aportaron una serie de reformas sociales y políticas de positivas consecuencias: eliminación de la esclavitud, voto universal masculino, federalismo, etc.

En Panamá el liberalismo colombiano tuvo un bastión importante, destacándose la figura de Justo Arosemena, inspirador del federalismo, no sólo panameño, sino luego extendido a todos los Estados Unidos de Colombia. Pero hubo sectores mucho más radicales, asentados en el arrabal de Santa Ana, que dieron origen al llamado “liberalismo negro”, cuyo líder histórico fue Buenaventura Correoso.

Según McGuinness, esto forjó una conciencia de sus derechos entre esa población pobre de la ciudad de Panamá, y llevó al ejercicio de importantes cargos públicos a gente de “color”. Lo cual chocó con el racismo consuetudinario y el desprecio que los norteamericanos sentían por la población istmeña. Aims da cuenta de una carta firmada por centenares de viajeros norteamericanos quejándose ante el gobierno de Colombia porque autoridades negras o mulatas les obligaban a cumplir las leyes del país.

No olvidemos que, para esa época, en la mente de los yanquis gobernaba la filosofía del Destino Manifiesto, por la cual los norteamericanos se creían llamados por Dios para llevar la civilización a los bárbaros (hoy le llaman “democracia”). Y que la eliminación de la esclavitud en Norteamérica todavía tardaría unos 20 años más.

Este choque entre dos visiones distintas, entre una población marginada que había adquirido plena conciencia de sus derechos y unos migrantes cargados de prejuicios es otro de los combustibles sociales que hicieron ignición el 15 de abril de 1856.

El filibusterismo y la unidad latinoamericana

Uno de los subproductos de la guerra contra México fue el surgimiento de bandas paramilitares norteamericanas que empezaron a actuar en la región para imponer por la fuerza sus intereses. Eran bandas privadas, parecidas a lo que hoy serían las empresas de “seguridad”, al estilo de Blackwater, que funcionan en Irak y otros países. Se les llamó filibusteros.

El más conocido filibustero fue William Walker, contratado por empresarios norteamericanos para imponer su control en Nicaragua, y que terminó autoproclamándose presidente de ese país, justamente en 1855. Walker pretendió que Nicaragua fuera anexionada a Estados Unidos como un estado más. Lo cual no logró, siendo derrocado en 1856 y posteriormente ejecutado hacia 1860 en Honduras.

La lucha contra Walker había revivido los sentimientos de unidad latinoamericanos y, de hecho, es la lucha unificada de los centroamericanos la que le derroca y expulsa de Nicaragua. El historiador Aims McGuinness afirma que de esta época data el concepto “latinoamericano” por oposición al “anglosajón”, y un renovado sentimiento de unidad hispana contra la dominación norteamericana, que había quedado dormido tras el fracaso de Simón Bolívar. El panameño Justo Arosemena sería uno de los primeros en apelar a esta idea a mediados del XIX.

El asunto viene a cuento porque un elemento poco conocido en Panamá es que los filibusteros tuvieron un papel relevante en el Incidente de la Tajada de Sandía. Según Aims, el 15 de abril de 1856, se encontraban en Panamá unos 40 filibusteros que se dirigían a Nicaragua para reforzar el ilegítimo gobierno de Walker. La prensa panameña había alertado de su presencia, prevaleciendo el temor de que podrían intentar aquí una aventura semejante a la de Nicaragua.

Y no estaban errados quienes así creían, pues las indagaciones judiciales posteriores informan que los filibusteros jugaron un papel central en el enfrentamiento. Uno de ellos, Joseph Stokes, muerto en la estación del ferrocarril, liderizó la resistencia armada contra las autoridades panameñas. Lo cual fue reconocido por Horace Bell, otro de los filibusteros, quien llegaría a ser cronista en la ciudad de Los Ángeles, California.

La fuerza demostrada por el pueblo panameño durante el “incidente”, no constituyó simplemente una respuesta frente a la marginación y el racismo yanquis, sino que fue una lucha consciente contra cualquier intento anexionista de los norteamericanos, un acto de solidaridad con el hermano pueblo de Nicaragua, y un gesto hacia la unidad latinoamericana.

Hoy debemos conmemorar aquella gesta, no como un hecho inusual en nuestra historia, sino como el primero de una larga lista de luchas generacionales, a las que se suman la Huelga Inquilinaria de 1925, el Movimiento Antibases del 47, el 9 de Enero de 1964, etc., por la soberanía panameña y la unidad latinoamericana que, en el fondo son la misma cosa, ya que una es imposible sin la otra.

El autor es sociólogo. Docente e investigador de la Universidad de Panamá

Pensamiento Social (PESOC) está conformado por un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales que, a través de sus aportes, buscan impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de estas disciplinas.
Su propósito es presentar a la población temas de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.