El rol educativo y la salud mental
- 30/05/2026 00:00
Las instituciones educativas orientan y forman, pero no reemplazan el rol de los padres ni el trabajo clínico en salud mental. Escuelas y universidades deben acompañar al estudiante, sin asumir funciones terapéuticas ni sustituir responsabilidades parentales
Desde años se ha estado confundiendo el rol del sistema educativo y sus instituciones académicas pues muchos padres, por la razón que sea, no solo las ven como guarderías (incluyendo universidades) sino que, además, traspasan sus responsabilidades a dichas instituciones para que se encarguen de sus hijos y que, estas, vean cómo solucionan problemas que ellos no quieren o saben cómo resolver, sobre todo, cuando se trata de salud mental.
Le recuerdo amigo lector, la educación real inicia en casa y, tantos las escuelas como universidades, son formadoras técnicas de conocimientos, ofreciendo carreras que llevan a tener un perfil profesional determinado. Una institución académica puede guiar, aconsejar e incluso apoyar hasta económica y socialmente a un joven, sin embargo, es en el hogar, sus padres, quienes tienen que educarlos y formarlos en valores, ética, disciplina y sentido de responsabilidad para enfrentar los retos que las instituciones académicas y, más adelante, el mundo laboral, les exigirá.
¿Este modo de pensar va en contra del sentido humanista y formador de una institución? Por el contrario, si realmente una institución académica se auto denomina humanista, socialmente responsable, ética, moral y consciente es, justamente, la institución, quien debe sentarse con los padres y hacerles ver con ejemplos claros y directos hasta dónde llega su rol formador.
Cuando el camino está demasiado nublado en cuanto a futuro profesional se refiere, se debe conversar con todas las partes y razonar con hechos que, ciertas carreras, por sus exigencias profesionales retarán a un joven que ya de por sí está siendo retado por su propia salud mental y, flaco favor se le hace al estudiante, futuro profesional y vida misma, si, desde el ambiente protegido de una institución académica le “facilitamos el camino” porque allá afuera, todos sabemos que la vida misma incluida la vida laboral, es una maestra muy dura y no ofrece sustitutos ni da prorrogas de entrega o les habla diplomáticamente.
¿Por qué una institución académica y sus docentes, no deben tomar el rol de una clínica psicológica ni ser sustitutos de sus padres? 1) por razones éticas, 2) por razones legales y profesionales, 3) por razones formativas. Definir con claridad estos límites no solo es conveniente, sino necesario para proteger al estudiante, al docente y a la propia institución.
La naturaleza del rol educativo: La misión fundamental de una institución académica es la formación intelectual. Su propósito es desarrollar competencias cognitivas, pensamiento crítico, habilidades profesionales y valores ciudadanos además de reforzar lo que YA debe venir de casa. Aunque el entorno educativo influye inevitablemente en la dimensión emocional del estudiante, su función, no es llevar a cabo tratamientos terapéuticos para con el estudiante a través de su carrera o de una materia.
La práctica de la psicología clínica requiere formación especializada, protocolos específicos, supervisión profesional e idónea y marcos regulatorios claros, cosa que, en muchas instituciones latinoamericanas no entienden o quieren entender.
Organismos como la American Psychological Association establecen estándares rigurosos para el ejercicio de la psicoterapia, delimitando competencias, responsabilidades y condiciones éticas de intervención. Pretender que docentes o directivos asuman estas funciones en medio de una clase sin la preparación adecuada, supone actuar fuera de su ámbito profesional y es asumir un riesgo grandísimo.
Riesgos de la sustitución clínica: Si, un joven puede ir a la universidad y, al mismo tiempo, ser atendido por profesionales de la salud idóneos, sin embargo, cuando una institución educativa intenta ser inclusiva y aceptar a un joven con un caso clínico serio, surgen varios riesgos. En primer lugar, la falta de especialización en los docentes puede conducir a formaciones académicas incompletas o inadecuadas. En segundo lugar, la contención emocional inicial es una acción legítima y necesaria; sin embargo, el tratamiento de trastornos psicológicos requiere evaluación diagnóstica formal previa, seguimiento terapéutico y, en algunos casos, intervención interdisciplinaria, incluso ANTES de que un alumno entre a un aula y se transforme en un riesgo potencial para él, el docente y compañeros.
En tercer lugar, la ausencia de un encuadre clínico apropiado puede generar responsabilidad legal. Las decisiones relacionadas con la salud mental están reguladas por normativas específicas en la mayoría de los países. Actuar sin el marco jurídico correspondiente puede derivar en conflictos éticos y responsabilidades civiles.
El límite frente al rol parental: De manera similar, la institución académica no puede ni debe sustituir a los padres. La familia constituye el espacio primario de formación afectiva, acompañamiento personal y toma de decisiones íntimas. Aunque el entorno educativo participa en el proceso formativo, no posee la autoridad ni la responsabilidad originaria de crianza.
Cuando los docentes asumen un rol parental, pueden generarse dinámicas de dependencia emocional, confusión de límites y desprofesionalización del vínculo pedagógico. La relación educativa debe sustentarse en el respeto, orientación académica y autoridad formativa, no en la sustitución afectiva.
Corresponsabilidad y complementariedad: La formación integral del estudiante se construye a partir de un principio de corresponsabilidad. La familia, institución académica y los profesionales de la salud cumplen funciones complementarias. Ninguno reemplaza al otro; todos cooperan dentro de sus respectivas competencias.
Esto no significa que la institución educativa deba desentenderse del bienestar emocional ¡NO! y este artículo no está enfocado a ello. Por el contrario, le corresponde detectar señales de alerta, brindar contención inicial y canalizar oportunamente hacia especialistas y promover programas preventivos de salud mental, además, debe formar adecuadamente a su cuerpo docente cómo lidiar con estos casos. De no hacer lo anterior, es un acto tremendamente irresponsable y temerario. La salud mental es un tema muy descuidado en estos tiempos, sobre todo, en la educación a todo nivel.