Casa del Soldado y CAF: dos agencias extranjeras comprometidas con la cultura panameña
- 08/02/2026 00:00
Dos instituciones internacionales, Casa del Soldado y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), colocan a Panamá en el centro de la conversación cultural regional, con programas comunitarios, alianzas artísticas y un festival de ideas que vincula cultura, desarrollo, identidad y proyección internacional
Dos instituciones internacionales desarrollan tareas significativas para la cultura en Panamá. Una es estatal: Casa del Soldado, la sede panameña de la red de centros culturales que gestiona la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Y la otra es privada: CAF, que son las siglas del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, está conformada por veintiún países y trece bancos privados de la región.
El pasado 27 de enero, CAF nos ofreció “Voces por nuestra región: cultura que mueve al mundo”, una jornada dedicada a la cultura latinoamericana, que fue la antesala del Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026 en el Panama Convention Center.
El año pasado, después de que Elena González se hiciera cargo de su dirección, Casa del Soldado, en el paseo Esteban Huertas del barrio de San Felipe en el Casco Antiguo, se ha convertido en uno de los espacios más dinámicos de la capital. El Visitante la entrevistó sobre el éxito de su gestión.
El Visitante: Elena, ¿podrías contarnos de tu trabajo antes de llegar a Panamá?
Elena Gonzalez: Tengo una trayectoria de más de veinte años en gestión y cooperación cultural, sobre todo en el ámbito internacional y desde instituciones públicas españolas. En los últimos años estuve al frente de la Subdirección de Cultura en la AECID. También he trabajado en Casa de América, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Casa Árabe y otras instituciones, siempre manejando la estrategia de los programas culturales. Cuando me surgió la oportunidad de venir como directora a Panamá, me ilusioné porque es un país que no conocía. Me ha sorprendido gratamente. Panamá está llena de posibilidades y eso para un gestor cultural es muy alentador.
EV: El año pasado ofrecieron muchísimos proyectos comunitarios y participativos en el barrio de San Felipe.
EG: Las actividades formaron parte del programa que hemos denominado “Hacer barrio, hacer ciudad”. Se desarrollan en el Casco Antiguo porque comprendí la importancia de involucrarnos activamente en el barrio donde se ubica el Centro Cultural.
La recuperación, revitalización y, sobre todo, la valoración de los espacios públicos para la ciudadanía constituyen una línea de trabajo fundamental tanto para los centros culturales en España como para la Cooperación Española. Quisiera destacar un proyecto especialmente significativo: la revitalización de la cancha de fútbol en la playa de Santo Domingo, muy cerca de Casa del Soldado.
Esta iniciativa consistió en una intervención artística realizada por el colectivo de arte urbano Boa Mistura, a quienes invitamos a transformar la cancha. Se trató de un proyecto participativo, en el que convocamos a cerca de 80 niños y jóvenes que con frecuencia usan ese espacio. Viven en el propio San Felipe y en barrios aledaños, como El Chorrillo.
Ellos participaron al inicio respondiendo una encuesta sobre cómo imaginaban la cancha ideal, y en base a sus propuestas, el colectivo artístico diseñó la intervención. La experiencia fue muy colaborativa, ya que los mismos jóvenes pintaron la cancha, aportándole vida y color. Gracias a este proceso, el espacio se usa ahora mucho más. Lo más importante es que estos niños y jóvenes sienten la cancha como propia y la cuidan, porque al final, este proyecto les pertenece.
EV: Casa del Soldado también ha estado trabajando en colaboración con distintas instituciones de arte y de investigación.
EG: Así es. Siempre he pensado que, para poder sumar con tu programación en cualquier lugar, ciudad o barrio, debes buscar aliados. Debemos tratar de complementar y reforzar con nuestra programación, alianzas y sinergias, el trabajo fantástico que ya están haciendo otras instituciones. Destacaría nuestra colaboración con el Biomuseo en una línea de trabajo que se llama “Sembrando conciencias” y que tiene que ver con la divulgación de la espléndida biodiversidad de Panamá y la toma de conciencia para combatir el cambio climático.
Con el Biomuseo hemos organizado cinco actividades enmarcadas en la biodiversidad del Casco Antiguo. Hemos hecho visitas guiadas para ver las aves, un taller sobre las mareas y un curso botánico en acuarela para estudiar las flores en el Casco Antiguo. Otra alianza destacada ha sido con el Museo de Arte Contemporáneo – MAC Panamá tras descubrir la carencia que hay en el país de una formación adecuada en la historia del arte. Juntos creamos un curso enfocado en la formación en prácticas curatoriales llamado “Método: curatorial”, que ha sido muy exitoso y del que también nos sentimos muy orgullosos.
Otra entidad valiosísima con la que hemos trabajado de manera muy cercana es Ciudad del Saber. Para este año estamos organizando una exposición conjunta que presentaremos en el mes de abril. El un proyecto, que ya Ciudad del Saber ha trabajado intensamente, se centra en la ruralidad, en la vida en el campo.
EV: También has trabajado con Manuel Alcántara, el director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS).
EG: Sí, con CIEPS hemos hecho una colaboración muy fructífera. El año pasado, para celebrar los 50 años de libertad y democracia en España desde la muerte del dictador Francisco Franco, llevamos a cabo una serie de conferencias que resaltaron la importancia de la democracia desde distintas perspectivas. Estuvo muy enfocada hacia los jóvenes.
EV: Recuerdo con mucho entusiasmo esa serie de conferencias. Creo que la educación de la democracia debe interesar a todas las generaciones, en especial por lo que pasa hoy en el mundo. En lo personal, las charlas me inspiraron para hablar sobre la relación entre arte, democracia, las instituciones artísticas y sus incongruencias en nuestro país. ¿Cuáles son las líneas programáticas del Centro Cultural de España en Panamá?
EG: Son cuatro. Una es “Hacer barrio, hacer ciudad”, que, como te decía, busca recuperar los espacios públicos, valorar el patrimonio urbano y, sobre todo, crear comunidad en el barrio donde estamos. En ese mismo sentido, el año pasado hicimos un proyecto que se llamó “Danza en las plazas”.
Un proyecto educativo al que le vamos a dar continuidad a lo largo del 2026 es “Mini Quijotes”, que realizamos con la Asociación NiMu (Niñez-Mujer). Trabajamos con cinco colegios del Casco Antiguo. Todos los viernes de 1 a 3 pm vienen niños entre 7 y 12 años, que necesitan refuerzo escolar. Tenemos a nuestros miniquijotes leyendo y haciendo sus tareas. Nos entusiasma muchísimo verlos aprender. Otra línea programática se llama “Panamá somos Todos”.
Está enfocada en las comunidades más vulnerables, ya que tienen menos visibilidad en el día a día, como son las afrodescendientes, las indígenas, los colectivos LGTBIQ+ y los que tienen diferentes discapacidades.
A través del arte y la cultura creamos talleres formativos, por ejemplo, de teatro. Otra línea es “Memoria y territorio”, mediante la cual creamos espacios para la reflexión y el pensamiento crítico en torno a la defensa de los derechos humanos y la historia de Panamá.
En este sentido, hemos realizado el año pasado una exposición de fotografías sobre el tema de la memoria y la identidad, así como conferencias en torno a la libertad de expresión y la libertad de prensa. Este año seguiremos abordando estos asuntos desde distintos ámbitos y ángulos. La cuarta línea es “Sembrando conciencias”.
Es un proyecto que promueve la diversidad medioambiental de Panamá y trata de inculcar la urgencia de combatir el cambio climático.
Lo hacemos en alianza con el Biomuseo y también a través de la actividades educativas en Casa del Soldado. Por ejemplo, este año, los talleres infantiles que tenemos un sábado al mes, y que se llaman “Sábados Súper Pritty”, van a estar enfocados en temas medioambientales.
Además, vamos a crear una línea sobre el feminismo que será un aspecto crucial de la programación, ya que abordará, desde el pensamiento crítico, el valor y la condición de las mujeres desde distintos ámbitos.
EV: Eso nos lleva a su próxima exposición.
EG: Exacto. Su título es “La dimensión de lo invisible: rastros ecofeministas en el arte panameño“. Gladys Turner Bosso es la curadora y ha hecho un trabajo de investigación exhaustivo. Lleva meses trabajando para reconocer, en la historia del arte panameño más reciente y contemporáneo, qué artistas se identifican con una línea de trabajo que se denomina “ecofeminismo”.
En esta muestra pone de relieve un enfoque de género en el trabajo artístico integrado con el medioambiente y la naturaleza, no solo por los materiales que emplean, sino por su mismo discurso artístico. Participan diez mujeres, incluyendo una española. “La dimensión de lo invisible: rastros ecofeministas del arte panameño” inaugura el miércoles 11 de febrero a las 7 p. m. en Casa del Soldado.
Panamá fue por un día el corazón de la cultura latinoamericana y caribeña con el “festival de ideas” titulado “Voces por nuestra región: cultura que mueve el mundo”, antesala del Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026. Panamá presentó para la apertura una combinación de danzas y música de distintas regiones y grupos originarios. Debo añadir que la coreografía del ballet nacional no fue memorable.
Uno se pregunta: ¿Se atreverá Micultura algún día a representarnos en eventos similares con expresiones contemporáneas, urbanas o populares, como lo hizo Francia en las Olimpiadas? ¿Seguiremos condenados a mostrar una sola faceta al mundo? Urge vincular la tradición con lo contemporáneo.
El festival reflexionó sobre la cultura como motor de desarrollo sostenible, integración y cohesión social, y reunió a líderes culturales, artistas y expertos que hablaron sobre música, literatura, arte originario y contemporáneo, moda sostenible, plataformas digitales, infraestructura cultural y políticas públicas. Alejandra Claros Borda, secretaria general de CAF, conversó con El Visitante sobre esta jornada.
El Visitante: ¿Cómo se llegó a concebir que la inauguración de CAF, un evento de carácter económico y político, estuviese dedicado a la cultura y su desarrollo? ¿Cuál fue el concepto y la estrategia, y quiénes dentro de la directiva de CAF lo propulsaron?
Alejandra Claros: Es crucial aclarar que fueron dos instancias distintas y complementarias. Por un lado, el festival de ideas “Voces por nuestra región”, dedicado a la cultura latinoamericana y caribeña, y por otro, el foro económico internacional.
El festival no fue la inauguración formal del Foro, sino su antesala conceptual: un espacio previo pensado para abrir el marco de reflexión desde el cual luego se desarrollaron las discusiones económicas y políticas. La decisión de impulsar un festival cultural en ese contexto no fue un giro improvisado. Fue el resultado de una reflexión estratégica que CAF viene gestando desde hace tiempo y que parte de una convicción central.
El desarrollo sostenible no puede pensarse únicamente en términos de infraestructura física, sino que necesita apoyarse en aquello que sostiene a las sociedades en el largo plazo. Desde esa mirada, la cultura aparece como un tejido social vivo: es identidad, es memoria, es capacidad de diálogo y también es la base desde la cual las comunidades pueden imaginar y construir un futuro compartido.
Sin ese entramado simbólico y social, las políticas de desarrollo pierden anclaje y sentido. Esta visión se impulsó desde la alta dirección de CAF, bajo el liderazgo de su presidente ejecutivo, Sergio Díaz Granados. Forma parte de un enfoque integral del desarrollo en América Latina y el Caribe, que entiende que economía, política, cultura y ciudadanía no son esferas separadas, sino dimensiones interdependientes de un mismo proceso.
EV: Las charlas y conversatorios tocaron temas relevantes e incluyeron participantes destacados que viajaron a Panamá. Sin embargo, hubo poca asistencia y participación juvenil y comunitaria, y se pudo haber aprovechado mejor la presencia de estos estupendos invitados con otros eventos colaterales en las comunidades. ¿Cómo se imaginan que puede mejorar la próxima jornada cultural a partir de esta primera experiencia?
AC: “Voces por nuestra región: cultura que mueve el mundo” marcó un hito para CAF. Fue la primera vez que la institución impulsó un espacio de estas características, dedicado íntegramente a la cultura con la intención de ampliar el marco desde el cual se piensa el desarrollo en América Latina y el Caribe.
Concebido como un punto de encuentro entre voces diversas, el festival propuso poner en primer plano a la cultura latinoamericana y caribeña en toda su pluralidad, no como un concepto cerrado ni como una definición institucional, sino como una conversación viva.
El objetivo fue abrir un espacio de reflexión donde las identidades, las expresiones culturales y las miradas contemporáneas dialogaran con los desafíos económicos y políticos de la región. De cara al futuro, CAF evalúa esta experiencia como parte de un proceso en construcción, atento a los contextos y a las realidades de cada país anfitrión.
Más que replicar un modelo único, el desafío es seguir ajustando las propuestas culturales para que dialoguen de manera pertinente con los públicos, los territorios y las agendas locales, manteniendo siempre el equilibrio entre reflexión, intercambio y proyección regional.
Desde esa perspectiva, el festival se concibió como un punto de partida. Un espacio para volver a poner en el centro a la cultura latinoamericana y caribeña, entendida como tejido vivo y diverso. Desde allí, se busca abrir preguntas sobre cómo esas identidades, voces y expresiones se integran a la conversación más amplia sobre desarrollo, integración y futuro en la región.
EV: ¿Cuáles son los planes de CAF en materia cultural en América Latina? ¿Jugará Panamá un papel crucial?
AC: La agenda cultural de CAF se concibe como un eje transversal, en diálogo permanente con los objetivos de desarrollo sostenible, integración regional y fortalecimiento del tejido social en América Latina y el Caribe.
Desde la Secretaría General llevamos adelante una línea de trabajo orientada a valorar la cultura como un activo estratégico para la región. En ese marco, CAF continúa impulsando programas orientados al fomento de la lectura y la escritura infantil, como el concurso de relatos “Macondo sí tiene quien le escriba”. Ya han participado más de 6,300 niñas y niños. El año pasado, el premio lo obtuvo Teresa Caro González, del distrito de San Miguelito. Pienso que es importante seguir fomentando la lectura, los libros y la escritura en Panamá.
En 2024 apoyamos el primer pabellón de Panamá en la Bienal de Arte de Venecia. En el marco del programa de visibilización de artistas latinoamericanos y caribeños, queremos seguir fortaleciendo esta iniciativa.
Además, seguiremos promoviendo el programa de mediación comunitaria de visitantes del MAC Panamá, entre otras líneas que combinan acceso cultural, circulación de contenidos y evaluación de impacto. Estas iniciativas buscan no solo difundir expresiones culturales, sino también generar capacidades, redes y apropiación local.
En ese marco, Panamá ocupa un lugar relevante como punto de articulación regional, por su historia, su diversidad y su rol como espacio de encuentro entre distintas tradiciones y miradas. La experiencia reciente en el país permitió abrir conversaciones valiosas y explorar nuevas formas de vinculación, que forman parte de una agenda en evolución.
La vocación de CAF es seguir fomentando la identidad cultural de la región, adaptándose a los contextos locales y construyendo, junto a los distintos actores, propuestas que contribuyan a una integración más profunda y a una comprensión más amplia del desarrollo en América Latina y el Caribe.
Una de las presentaciones más inspiradoras de la jornada fue la primera mesa redonda, titulada “La cultura como tejido vital de América Latina”; en ella participaron la activista y nobel guatemalteca Rigoberta Menchú, Keina Eleyson, directora de Investigación y Contenido de la Bienal de las Amazonas, y Emiliano Valdes, curador guatemalteco.
Entrevisté a Menchú hace más de 30 años en Panamá, cuando recién había recibido el premio Nobel de la Paz. Fue maravilloso para mí recordar sus dotes diplomáticas y su enorme capacidad de empatía. El Visitante conversó con Emiliano Valdés sobre este encuentro.
Emiliano Valdés: El conversatorio envió dos mensajes principales: la cultura es el motor de todo y es el contexto en el que se da cualquier tipo de proceso humano. Por ejemplo, el que un festival cultural preceda a un foro internacional de economía tiene sentido porque sitúa los procesos económicos en el marco de la cultura. Finalmente, la cultura es lo que hacemos y somos como seres humanos, como sociedad, como región, como productores de sentido y de civilización material e inmaterial.
En el conversatorio titulado “Territorios del arte, coleccionismo y patrimonio en América Latina y el Caribe” participaron Antonio Murzi, presidente de la Junta Directiva del MAC Panamá, Leanne Sacramone, curadora jefe de la Fundación Cartier, y Edmar Pinto Costa, destacado coleccionista brasileño.
Lo moderó María Lucía Alemán, directora ejecutiva del MAC Panamá. Murzi y Alemán hablaron con El Visitante sobre el encuentro.
Antonio Murzi: Creo que una de las conclusiones significativas es la diversidad de formas en que un coleccionista, ya sea un individuo o una institución, define su línea de trabajo y el proceso de investigación que hay detrás para ir armando sus colecciones. Al tener visibilidad, las obras de las colecciones se van valorando y vinculando con el contexto internacional, lo que es de suma importancia.
En ese sentido, Edmar compartió varios ejemplos que ilustran cómo, después de que él adquirió cierta obra, esta comenzó a exhibirse en museos internacionales. Influye de forma positiva el hecho de que los coleccionistas se involucren activamente en las escenas locales en sus respectivos museos. Esto es crucial porque muchos coleccionistas tienen sus piezas escondidas o en privado.
Sin embargo, hay coleccionistas que quieren ir más allá y apoyar las instituciones locales. En mi caso y el de Edmar, formamos parte de círculos y grupos de coleccionistas que apoyan instituciones internacionales.
En este punto, se inicia una segunda o incluso tercera etapa. Esta consiste en generar vínculos no solo a nivel individual—con esos círculos, instituciones y otras personas que desarrollan actividades similares en sus respectivos países—sino también en conectar a las propias instituciones y la producción artística de estos países de origen con los circuitos y profesionales internacionales.
Esto incluye curadores y directores de museos que brindan apoyo a nivel global. Se trata de construir todo un ecosistema internacional, de acompañar de cerca estos procesos y observar cómo se tejen redes y se dispersan semillas por el mundo.
Así, el acto primario de comprar y coleccionar una obra se transforma en la construcción de un patrimonio institucional. Esto requiere también un compromiso, como el demostrado por la Fundación Cartier. Hablamos de una colección privada orientada a adquirir y visibilizar artistas que no forman parte del mainstream del circuito global contemporáneo. Aunque suele partir de un objetivo particular, ya sea de la colección o de la institución, va generando patrimonio.
El acto de coleccionar, conservar y preservar, en sí mismo, es una forma de crear patrimonio. Pueden existir colecciones abiertas al público y otras no, pero el hecho de que alguien se dedique a investigar, reunir y apoyar financieramente contribuye a la sostenibilidad del ecosistema artístico. Por ejemplo, al comprar obras en galerías y a los propios artistas, se activa y dinamiza el sector.
Finalmente, cabe destacar el rol esencial de las publicaciones en estas colecciones. Los coleccionistas no solo publican obras, sino que también apoyan las ediciones de los artistas que integran sus colecciones, contribuyendo así a dar mayor visibilidad tanto a los creadores como a sus creaciones.
Maria Lucía Alemán: La conclusión del conversatorio es que en América Latina ya existe una red de coleccionistas, un mercado e instituciones que promueven el arte contemporáneo de manera organizada y significativa, al igual que el resto del mundo. Esto se debe a que tenemos una historia opulenta gracias a artistas que tuvieron una notable presencia décadas atrás, abriendo caminos para la creación de arte en América Latina y poder así entrar en la modernidad.
Este mercado del arte se ha venido desarrollando tanto por el coleccionismo como por instituciones. Los mayores retos de hoy siguen siendo el financiamiento de las instituciones dedicadas a la promoción del arte, tales como fundaciones y museos.
Nuestra región es política y económicamente inestable. Eso hace que los valores y los precios de las obras fluctúen, por lo que le cuesta al coleccionista saber hacia dónde va la tendencia de esos valores. Eso es una desventaja, además de la devaluación de las monedas y otros males. Al mismo tiempo, hay un sólido interés a nivel global por nuestra región, justamente por nuestra historia y nuestro presente.
También se interesa por la diversidad y riqueza cultural presente desde las primeras creaciones de los pueblos originarios, pasando por el periodo colonial, ya sea en Brasil o en otras naciones más jóvenes, como Panamá. Si el coleccionismo es escaso, hay países cuyos gobiernos invierten para desarrollar un mercado, instituciones y colecciones.
¿Qué recomendaría a una persona que quiere empezar a coleccionar arte? Que empiece educándose y formándose. Es decir, leyendo, visitando museos y galerías, conociendo a los artistas, yendo a sus estudios y conversando con otros coleccionistas y curadores. Una vez que entiendes cómo funciona la historia, el mercado y el ecosistema del arte, empiezas a desarrollar una mirada, a entender cuáles son los temas que te interesan. Desde allí puedes comenzar a comprar obras.
Por supuesto, ello depende de tu presupuesto. Hay obras para todos los presupuestos. Lo otro es saber escuchar, no para dejarte influir por los demás, sino para ayudarte a crear tu propio camino. Tu colección debe reflejar tus intereses, tus cuestionamientos y tus ideas.
Durante el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026, el MAC Panamá y CAF comisionaron la instalación de obras de tres artistas en la Terminal 2 del Aeropuerto de Tocumen. Una serie de fotografías de Sandra Eleta (Panamá, 1942), una instalación de José Braithwaite (Panamá, 1980) y otra de Rafael Álvarez (Panamá, 1990). Sobre el tema, Juan Canela, curador jefe del MAC Panamá, nos cuenta:
Juan Canela: Sandra Eleta es una artista reconocida cuya fotografía nos habla de la diversidad cultural, identitaria y étnica de Panamá. José Braithwaite también toca esa complejidad cultural desde la dignidad de las personas que habitan los barrios populares. Braithwaite recorrió los barrios de Santa Ana y El Chorrillo, solicitando a cada vecino un fragmento de su hogar, activando así un intercambio que trasciende lo material para inscribirse en lo afectivo y lo simbólico.
Al diseccionar y reconfigurar estos restos domésticos, los convirtió en una casa, en la réplica de un hogar. En cuanto a la obra de Rafael Álvarez, se trata de una instalación que colgará del techo del aeropuerto. Por esta pieza pasará una luz que se reflejará en todo el espacio que la rodea. Los elementos que componen la obra remiten a mariposas, lo que a su vez hace pensar en la biodiversidad de Panamá.
Diego Costa y la segunda Semana de Arte PINTA Panamá Diego Costa Peuser, fundador y director global de Pinta Group y de PINTA Panamá Art Week, ofreció una charla sobre la segunda edición de este evento, a realizarse del 18 al 22 de marzo. Costa conversó con El Visitante sobre CAF y PINTA Panamá 2026.
El Visitante: ¿Por qué fue significativo que CAF iniciara su foro con una jornada dedicada a la cultura antes de su cumbre política y financiera?
Diego Costa: Refleja un compromiso concreto con una visión compartida con PINTA: la cultura forma parte del desarrollo, lo que implica poner a la cultura en el mismo nivel de relevancia que la economía y las políticas públicas. Para Panamá, esto implica visibilidad, posicionamiento y la posibilidad de mostrar su escena cultural ante actores clave vinculados al crecimiento, a la inversión y al desarrollo regional.
EV: ¿Qué se puede anunciar sobre lo que viene en marzo con la segunda edición de Pinta Panamá Art Week?
DC: La segunda edición de Pinta Panamá Art Week busca sostener el impacto logrado en 2025, al tiempo que amplía actores, acciones y propuestas. Este año, el foco está puesto en cómo el arte conecta la región, con una programación centrada en Panamá y Centroamérica. La agenda incluye una exposición central en la Ciudad de las Artes, un foro con invitados internacionales de distintas latitudes, recorridos curados y activaciones que integran arte, música, gastronomía y cultura. Una agenda diaria que resalta la excelencia y la diversidad que caracterizan a Panamá, consolidando al PINTA Panamá Art Week como una plataforma de visibilidad para la escena local en diálogo con el contexto internacional.