‘Te lo prometo’: Cuatro pintores panameños

‘El pecado del gesto’ de Gilberto Vallarino.
‘De compras periféricas’ de Radamés Pinzon.
‘”Te lo prometo”, colectiva de artistas del Programa de Residencias de la Fundación Ramón Almanza en Casa Regina, Casco Viejo.
  • 22/03/2026 00:46

“Te lo prometo”, exposición colectiva organizada por la Fundación Ramón Almanza para la Segunda Semana del Arte – PINTA Panamá, presenta obras recientes de cuatro artistas panameños: Jorge Chen, Yury Guevara, Radamés Pinzon y Gilberto Vallarino, bajo la curaduría de Humberto Vélez. Reproducimos aquí su texto explicativo en torno al trabajo de estos creadores y a los desafíos del arte panameño de nuestro días.

¿Se puede prometer la felicidad?

Un viejo amigo, algo dicharachero y sabelotodo, como manda la época, intentaba paliar mis penas con un convencido: “Todo irá bien. Te lo prometo”. Al igual que él, las promesas en el mundo del arte son tan volátiles como las de los amantes o las del mercado. Los museos y bienales suelen adormecer la rebeldía de artistas con invitaciones a colectivas y a ferias que seducen bajo promesas de visibilidad en plataformas que atraen el capital de coleccionistas.

Hay quienes sí creen —diríase “a la antigua”— en la verdadera vocación del artista y en las bases de su formación. Ese es el caso de la Fundación Ramón Almanza. La presente muestra colectiva vuelve a cumplir una promesa sostenida durante años: honrar a los artistas y ofrecer a la ciudadanía panameña la oportunidad de apreciar sus obras en espacios íntimos y libres de pompa. “Te lo prometo” presenta pinturas recientes de Jorge Chen (1994), Yuri Guevara (1978), Radamés Pinzón (1975) y Gilberto Vallarino (1971), todos galardonados en concursos de carácter nacional, como los del Banconal y del Roberto Lewis.

Cada uno de estos cuatro artistas propone una visión del arte que se aparta de las estéticas y temas dominantes, tanto de la escena internacional como de los estereotipos aspiracionales del panorama local. ¿Con quiénes y para quiénes dialogan? ¿Cuál es su lugar en la creación contemporánea del país? ¿En qué se diferencian de otros creadores locales con marcada tendencia “global”? ¿Cuáles son las variables que baraja el establishment nacional para validar a estos artistas y otros similares? ¿Qué rasgos podrían considerarse “panameños” en el arte actual y cómo se representan dentro y fuera de nuestras fronteras?

Jorge Chen vive y trabaja en su Azuero natal. Fue orador estudiantil y hoy es ingeniero mecánico. De pequeño tomó un curso de arte de verano y el resto de su formación pictórica es autodidacta.

Las obras que presenta causan perplejidad por ser dispares en composición y temática. Son testimonios de los enormes cambios personales que ha sufrido el artista en un corto periodo. Infierno sostenido (2022) es fruto de la pandemia, la introspección y la fragilidad mental. Chen se identifica con el pintor expresionista Mark Rothko, conocido por sus contrastantes combinaciones de rectángulos y colores.

Recuerdos de mi infancia en el jardín de mi abuela (2024), en cambio, se aleja por completo de esa técnica para brindarnos una mirada figurativa, idílica e hipnótica de su pasado, transformando un estudio de la luz en memoria viva y vibrante.

Cargo residual (2026) regresa al juego geométrico, pero con un tema opuesto: es un comentario al envenenamiento de los ríos de Azuero por una industria brutal aunada a la apatía y la pusilánime respuesta gubernamental. ¿Será la obra de Jorge Chen parte de una conversación nacional sobre el arte o se le habrá encasillado en el nicho de “la producción interiorana”?

Gilberto Vallarino entró hace pocos años en la escena artística con retratos que captan, como pocos pintores de su generación, la esencia del gesto. De niño fue estudiante en las escuelas sabatinas de arte. Después trabajó como tripulante de cabina, diseñador gráfico y pintor autodidacta.

Su mayor influencia artística ha sido su profesora de arte en línea: una valenciana con la que tomó un curso durante la pandemia. Se describe como “figurativo impresionista”, aunque no niega que sus pinturas delatan un temperamento romántico, expresionista y algo freudiano.

En su obra Así soy yo (2025), una chica desafiante, de rostro andrógino, abraza a un pez en un estanque turbio. Caída libre (2026) y El pecado del gesto (2025) presentan lo que parecen ser dos momentos de un mismo personaje. El primero, a lo Ícaro, representa la tragedia del mal paso y del abismo. El segundo momento muestra a un joven pilluelo, guapo, seductor y caravaggiesco, que remite al origen del pecado sin temor a la expulsión.

Radamés Pinzón es un artista incansable y obsesionado por gestar intrincados paisajes de gran formato, cargados no solo de líneas profusas, sino de una multiplicidad de referencias históricas, artísticas, vivenciales y populares.

Bosch Road (2024) es una alegoría de nuestra centralísima Plaza 5 de Mayo: encuentro de batallas, polvorines, monumentos, estaciones de trenes y autobuses, viajeros y soldados; frontera entre los barrios de Calidonia y la avenida Central, la Asamblea Legislativa y la antigua Zona del Canal.

El título asocia dos referencias insospechadas: El concierto del huevo de Hieronymus Bosch (El Bosco) y la célebre novela Balboa Road Gang, del panameño Beleño, son un testimonio brutal del racismo y la segregación en el antiguo enclave militar estadounidense en suelo patrio.

En cuanto a De compras periféricas (2026), se trata de una bitácora de sus viajes entre las ciudades de Panamá y La Chorrera, donde vive. También incluye a sus queridos compañeros de viaje, trashumantes insomnes que se pasan la vida yendo a sus trabajos en la ciudad y regresando a sus hogares en la periferia. ¿Podrá esta visión —tremendista, abigarrada en formas e ideas, retrato existencial de nuestra neurosis urbana y actual: ¿encontrar un espacio digno en un medio artístico inclinado a los temas identitarios?

Yuri Guevara estudió Arquitectura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá (UP), y después producción de televisión, guitarra y teatro de títeres. En 2019 obtuvo el segundo premio en el Concurso de Artes Visuales Roberto Lewis.

Su obra En el bosque las encuentras (2023), pintada durante su residencia en la Fundación Almanza, se inspira en lecturas filosóficas y científicas que proponen que la realidad que percibimos a través de la conciencia es falsa. Y en Infinitas obras curvas en el diseño de la vida (2024) mezcla arquitectura, naturaleza y metafísica. Guevara nos afirma: “La curva es el ciclo natural de la vida y de la muerte”.

Estos cuatro artistas, todos pintores autodidactas, son hombres entre los treinta y los cincuenta años, que viven en el interior del país o en la periferia de la capital, con o sin títulos académicos. Con experiencias de trabajo muy distintas, tienen limitados contactos sociales que puedan ayudarlos a ascender en el mundo del arte. Se les conoce bien en el ámbito de los concursos locales. Plantean obsesiones personales que se alejan de las tendencias en boga, más inclinadas estas a las políticas de la identidad.

Sin embargo, sus obras se preocupan por las cambiantes identidades panameñas desde la perspectiva de lo cotidiano, la familia, la salud mental, la sexualidad y el erotismo, la trashumancia, nuestra trágica y triste tendencia aspiracional y la fragilidad económica de la inmensa mayoría.

“Te lo prometo”, más que un compromiso, es una pregunta: ¿Podremos acercarnos a nuestra complejidad sin estereotipos o exclusiones, e integrar estas y otras voces en las historias del arte panameño?

Prometamos solo lo que podemos cumplir.

“Te lo prometo” se presenta en la Casa Regina, Ave. B, entre Casa 9 y 10, San Felipe (Casco Antiguo), del 18 al 31 de marzo.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).