En la vida hay muchas vidas

  • 06/06/2026 00:00

Hay quienes creen que la vida es una línea recta, un trayecto claro con un inicio y un destino. Sin embargo, la experiencia nos enseña otra cosa. La vida es más parecida a un bosque

En la vida todos hemos perdido algo, un amigo, un familiar, una pareja, el trabajo, una oportunidad y, aunque el mundo se nos detiene por un tiempo, él sigue girando y nos regala otra oportunidad.

A simple vista, el título parece un juego de palabras, una especie de eco que se repite a sí mismo. Pero cuando uno se detiene a sentirla, a dejar que repose en el pecho y en especial en la mente, revela una verdad profundamente humana: no estamos hechos de una sola historia, sino de muchas versiones de nosotros mismos, de comienzos y finales que se entrelazan como estaciones.

Hay quienes creen que la vida es una línea recta, un trayecto claro con un inicio y un destino. Sin embargo, la experiencia nos enseña otra cosa. La vida es más parecida a un bosque: a veces caminamos por senderos iluminados y, otras veces, nos encontramos perdidos entre sombras, sin saber muy bien cómo llegamos ahí. Aun así, cada paso, incluso el más incierto, forma parte de algo más grande.

“En la vida hay muchas vidas” significa que no estamos condenados a ser siempre quienes fuimos. Que aquella versión de usted que soñaba, reía o confiaba no ha desaparecido por completo; y que, a pesar de los cambios, a veces dolorosos, simplemente hemos sido transformados por el tiempo. También significa que la persona que hoy se sienta cansada o sin rumbo, no está llegando al ocaso de una historia.

Le recuerdo algo especial amigo lector: la vida, es una colección de capítulos. Y aunque tengamos miedo, siempre debemos pasar las páginas.

Hay vidas que terminan sin previo aviso y en esos momentos, el dolor puede ser tan grande que parece ocuparlo todo. Se instala la sensación de vacío, de haberlo perdido todo, incluso a uno mismo. Es ahí donde esta frase cobra un sentido urgente: aunque una vida haya terminado, no significa que todas hayan terminado.

La vida tiene una forma misteriosa de ofrecernos regalos, incluso cuando creemos que solo nos ha quitado cosas. A veces esos regalos no vienen envueltos en alegría, sino en forma de pausa o cambios forzados. Nos obligan a detenernos, a mirar hacia adentro, a cuestionar lo que dábamos por hecho. Y, aunque duela, también abre la posibilidad de elegir otro rumbo pues, reinventarse no es empezar desde cero, es empezar desde lo vivido.

Cada experiencia, incluso la más difícil, deja algo en nosotros: una enseñanza, una sensibilidad distinta o una fortaleza que no sabíamos que teníamos.

Tal vez hoy sienta que ha perdido demasiado. Que los planes se rompieron, que la identidad que conocía ya no encaja. Es válido sentirlo. Es humano, sin embargo, incluso en medio de ese derrumbe, hay algo que permanece: la capacidad de volver a elegir.

Puede elegir intentarlo de otra manera. Puede elegir darse una nueva oportunidad, aunque sea pequeña. Puedes elegir descubrir qué partes de usted siguen vivas, aunque estén dormidas.

Porque la vida no se agota en un solo intento. No se define por una sola caída. No se mide únicamente por lo que se perdió, sino también por lo que aún puede nacer.

A veces, re-encontrarse no implica volver a ser quien era, sino aceptar que ya no es esa persona y, aun así, permitirse descubrir quién puede llegar a ser. Es un acto de valentía silenciosa: levantarse sin certezas, caminar sin garantías, confiar sin pruebas.

Le invito amigo lector a escuchar el CD de mi socia, Nora Cedeño Maglione en Spotify que se llama Re-Creándome, que significa, en otras palabras, “volviéndome a hacer”.

El título también es una invitación a soltar la rigidez con la que a veces nos juzgamos. No está obligado a tener todo resuelto. No tiene que seguir el mismo camino para siempre. Puede cambiar de rumbo, sueños o prioridades. Puede volver a empezar tantas veces como sea necesario. Porque vivir no es mantenerse intacto, es transformarse. Eso sí, ¡vivir es un acto urgente!

Y sí, transformarse duele. Pero también implica crecimiento, expansión, nuevas formas de sentir y de entender el mundo.

Quizá hoy no lo vea con claridad. Quizá todo parezca borroso. Está bien. No necesita tener todas las respuestas para seguir adelante ni hoy ni mañana. Pero basta un pequeño acto: levantarse o, respirar profundo y abrir los ojos.

Recuerde esto: no es la suma de sus pérdidas. Es la suma de todas las veces que ha seguido adelante, incluso cuando no sabía cómo hacerlo y perdió el miedo. Nadie le puede decir que contenga sus emociones, déjelas fluir, permítase volver a nacer y creer.

¿Alguna vez escuchó la maravillosa canción que el compositor Yanni adaptó para el cantante José José llamada Volver a Creer? Le comparto solo las dos primeras estrofas para cerrar mi artículo:

“No hay antes ni después, no hay relojes ni plazos solo hoy. Vivir así sin titubear, cada instante un encanto especial. Las huellas del tiempo en la piel. Tejiendo historias que nos hacen crecer.

El mundo es como es. Lo más hermoso es lo que nunca ves. No es lo que tienes es lo que das. Lo más simple es lo que vale más” ...

Recuerde amigo lector, en la vida, hay muchas vidas y, quien salva una vida, salva al mundo entero.