Enrique Jaramillo Levi: “La tenacidad y la disciplina siempre terminan dando frutos”

A sus 81 años, la vitalidad y la intensidad del escritor y poeta Enrique Jaramillo Levi permanecen intactas como el primer día.
  • 17/03/2026 00:00

A sus 81 años, el escritor panameño Enrique Jaramillo Levi vive en Querétaro y atraviesa una etapa de intensa actividad literaria, con tres nuevos libros de cuentos aceptados por editoriales de México, Honduras y Panamá. Mientras prepara dos antologías y una futura autobiografía, el autor reflexiona sobre su trayectoria, influencias y el legado que desea dejar en la literatura panameña

A sus 81 años, la vitalidad y la intensidad del escritor y poeta Enrique Jaramillo Levi permanecen intactas como el primer día. Actualmente vive, por razones de salud, en Querétaro (México) y se encuentra inmerso en varios proyectos literarios, entre ellos la publicación de tres colecciones distintas de cuentos, ofrecidas a editoriales de México, Honduras y Panamá.

En paralelo, Jaramillo Levi prepara dos nuevas antologías. La primera reunirá trabajos de ensayistas vivos de Panamá relacionados con el pasado y el presente de la literatura nacional. La segunda será una antología de cuentos nacionales —escritos por autores panameños y por escritores internacionales residentes en el país— centrada en los géneros del horror y la fantasía. Además, ha comenzado a recabar información sobre diversos momentos clave de su vida con miras a una autobiografía que, por ahora, llevará el título ‘Retrospecciones: Memorias de ida y vuelta’.

Tres de sus libros de cuentos han sido aceptados recientemente por editoriales de México, Honduras y Panamá. ¿Qué le dice esta recepción internacional sobre el alcance de su obra?

En efecto, tras mantenerme escribiendo durante dos años en la ciudad mexicana de Querétaro, al cuidado de una de mis hijas mexicanas por razones de salud y de edad, logré integrar tres colecciones distintas de cuentos, que fui ofreciendo a diversas editoriales. La Universidad Autónoma Metropolitana, en su Unidad de Xochimilco, en la Ciudad de México, aceptó para su próxima publicación mi libro ‘Tiempo sin fin’, con un agudo prólogo de la crítica literaria mexicana Araceli Soni Soto.

Asimismo, la editorial hondureña Editorial Guaymuras prepara la publicación de “Dar en el clavo y otros cuentos”, con prólogo del prestigioso escritor hondureño Julio Escoto; y una nueva pequeña editorial panameña, Cardamomo y Estrellas Ediciones (propiedad de los autores nacionales Ela Urriola y Marco Ponce Adroher), está por publicar otra colección de mis cuentos recientes: “El punto de quiebre y otras disonancias”, con prólogo de Ela Urriola.

Además, mi reciente antología de cuentistas panameños vivos denominada “Cuentistas de Panamá: Antología generacional selecta” será publicada por la Universidad Tecnológica de Panamá, institución donde laboré durante 25 años consecutivos. Y no me vas a creer, pero aún me quedan inéditos otros cuentos y minicuentos bastante recientes, así como todo un libro de poesía.

En un panorama literario donde muchos autores luchan por visibilidad, usted parece haber construido una trayectoria sólida. ¿Qué cree que distingue su obra de la de otros narradores de su generación?

A la creación literaria hay que amarla, literalmente. Yo lo he hecho con total entrega desde la década de los sesenta del siglo pasado, cuando aparecen en periódicos panameños mis primeros poemas, se escenifican varias de mis obras teatrales y, en 1965, el Ministerio de Educación de aquella lejana época publica mi primer libro de cuentos: “Catalepsia”, de la mano de quien fuera mi primer mentor, el gran escritor panameño Rogelio Sinán, por entonces director de Publicaciones de aquella entidad.

Cuando mira hacia atrás, ¿qué momentos considera decisivos en la consolidación de su prestigio como cuentista?

En primer lugar, la influencia y amistad de Rogelio Sinán; luego, en la Universidad de Panamá, el apoyo moral de la poeta Elsie Alvarado de Ricord y del profesor y crítico literario Ricardo Segura.

También mi gusto por la lectura desde muy joven. Entre mis primeros autores favoritos: el nicaragüense Rubén Darío; el uruguayo Horacio Quiroga; y los norteamericanos Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway y Ray Bradbury.

Más adelante, el haber sido alumno del gran escritor mexicano Juan Rulfo, cuando fui becario centroamericano del Centro Mexicano de Escritores durante todo 1971, donde escribiría mi libro más reconocido internacionalmente: ‘Duplicaciones’ (1973).

También, cómo negarlo, el haber sido favorecido por el lúcido estudio de mis cuentos por críticos como el chileno Fernando Burgos Pérez, la española Angela Romero Pérez, las mexicanas Mónica Lavín y Araceli Soni Soto, así como por los críticos panameños Fredy Villarreal Vergara, Ela Urriola, Danae Brugiagti Boussounis y Melquiades Villarreal Castillo, y más recientemente por los venezolanos María de los Ángeles Pérez-Talavera y Joel Bracho Ghersi, entre otros.

Sus nuevos proyectos editoriales coinciden con una etapa de gran productividad. ¿Se encuentra en lo que podría considerarse el momento más pleno de su carrera?

No sé si el más pleno, pero sí el de mayor constancia escritural, salvo durante la pandemia, cuando el obligado encierro también me permitió crear un número considerable de obras que se fueron publicando en diversos países.

Por otra parte, ha sido muy importante para mí haber logrado publicar en México en editoriales de gran prestigio como Joaquín Mortiz, el Fondo de Cultura Económica —el más antiguo de América Latina— e incluso Alfaguara, que, como es sabido, en general solo publica novelas.

¿Cómo le gustaría que los lectores y la crítica definieran su legado dentro de la literatura panameña?

Como el resultado de un afán permanente de creatividad renovada, siempre en búsqueda de nuevas vertientes a explorar. También como el incansable promotor cultural que he sido y como el editor de más de 200 libros de poesía y cuento de colegas panameños entre 1982 y 2026.

Muchos escritores hablan de influencias; otros prefieren subrayar su singularidad. En su caso, ¿qué tanto pesa la tradición y qué tanto la conciencia de haber construido una voz propia?

Me encanta la singularidad y agudeza de tus preguntas, José; su tenaz capacidad indagatoria. Por eso te respondo con toda la sinceridad de la que soy capaz: de alguna manera ya mencioné ciertas influencias, y por supuesto la tradición pesa no solo al inicio, sino también a lo largo del desarrollo intelectual y literario que se va gestando con el tiempo.

Pero no creo ser ególatra al pensar que, en efecto, he logrado construir una voz propia como cuentista panameño, sobre todo porque he incursionado en modalidades muy diversas entre sí: el realismo, lo fantástico, lo erótico, la crítica sociopolítica, lo metafísico, la ciencia ficción, lo onírico, el horror, la metaficción y también, a lo largo de los años, la escritura de varios cientos de minicuentos.