Entre letras en Chorrera

En mi querida tierra chorrerana, los hijos de la banda sanchista, sienten complacencia.
  • 14/02/2026 00:00

Esta jornada literaria, inicia con nubes cargadas de humedad. Es el ambiente de la pista musical, la que apura mis sentidos. Es inevitable recurrir a estas escenas, en la labor de la escritura creativa. Un día con altas y bajas notas. Esta oratoria se enaltece, al recordar los pasillos de mi clase de mundo global. A pesar de la tos, que aqueja mis pulmones, siento dibujar colinas en medio del Cerro Cabra.

En mi querida tierra chorrerana, los hijos de la banda sanchista, sienten complacencia. Un sentimiento que expulsa el veneno de los corticoides. La letra se vuelve humana, al palpar interés en los círculos de lectura y mayor afluencia a las jornadas. Hoy este hijo quiere evocar poemas, a cientos de poetas, ultrajados entre las sombras.

Un regalo es sentir la vibra de ser sanchista y miembro de la periferia. Es un obsequio que delata rocas basálticas en medio del río de la vida. El ingenio de este taller creativo y de la extensión personal es una ola de sentimientos. Quizás esta escrito dejar huellas de plomo sobre la cera perdida. Una que valore los vientos tenues de los noveles escritores. Algo que no es mentira es llevarme, victorias, en medio de ese amor humano perdido.

Esta experiencia como profesor, de verano, ha sido muy buena. Un ambiente colgado de viejos alumnos. El destino del maestro es enseñar, más allá del contenido. Estos códigos se escriben en el tacto de saber al joven cansado de la papelería. La ausencia no perdona al universitario. Entre el juguetear con mi café de madrugada se calientan las arepas preparadas con queso y carne.

Un olfatear a nuevo siento al beber el ron abuelo de la despensa. Viejas chispas de mi etapa de bebedor de latas de soberana en Cerro Cama. El olor a tierra se realiza al preparar el aporque. Una fiesta que se junta en la chicha de maíz y el baile por las campanas. Una que beben de boca en boca cada bebedor. Una dama muy galante camina bajo el son de la calculadora: es la profesora de matemáticas.

Es un verano muy dichoso. Mi alma sanchista se renueva, cada año, al lanzar sobre la mesa la quina. Una que siente la brisa en el Cerro Centenario y las clavadas en el río Las Mendozas. El que vislumbra caminar, bajo sol, para rebajar. Unas libras ganadas en diciembre. Y una que exhala las prosas tiradas a mi doctora general. Es la vida de un bohemio la vida entre letras.