Evolución: ¿Por qué se estudian los fósiles de plantas?
- 10/04/2026 00:00
La IA es una nueva frontera para entender el pasado y el futuro de la Tierra
Carnaval de 2025. Lejos de los culecos y tarimas animadas, la científica Oris Rodríguez Reyes buscaba pistas del pasado: maderas petrificadas, hojas, frutos y semillas de millones de años. Acompañada de estudiantes y colegas, examinaron playas, potreros y ríos de la península de Azuero en Panamá.
La Dra. Rodríguez Reyes es la primera paleobotánica panameña y ha seguido ejecutando el proyecto “Colonización de los bosques más antiguos de Panamá” con fondos de la convocatoria pública FID-2024 de la Dirección de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico de la Senacyt.
Recientemente presentó los resultados de este trabajo en el Coloquio Mid-Continent de Paleobotánica #43, realizado en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI).
“Empezamos el año pasado, colectamos muchas plantas fósiles, frutos, semillas, troncos fósiles y mineralizados, y otros fósiles que aportan datos al sitio de estudio. Estamos avanzando en varias fases del proyecto, incluyendo, la preparación de las maderas y frutos fósiles para catalogarlos, y los datos geológicos, detalló Rodríguez Reyes, afiliada a la Universidad de Panamá y al STRI.
Con su equipo, han desarrollado la parte geológica con un récord detallado de los tipos de rocas donde se encuentran los fósiles para hacer una reconstrucción más profunda del ambiente en que las plantas llegaron y se desarrollaron. Hay que recordar que las islas volcánicas emergentes se cubrieron de bosques tropicales y manglares. Las plantas que estudian los científicos son las más antiguas que poblaron Panamá, cuando Azuero era una isla.
“Estuvimos integrando la bioestratografía, que consiste en estudiar algunos organismos que son marcadores de la edad en la que, potencialmente, vivieron estas plantas. Esto incluye nanoplancton y pólenes fósiles para obtener edades. Gracias a estudios, sabemos que las plantas de Panamá son del Eoceno temprano, de alrededor de 50 millones de años”.
La investigadora y miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI) de la Senacyt y la estudiante Yeritza Cabrera, de la Universidad de Panamá, hicieron una estancia en el Museo Field de Historia Natural de Chicago, Estados Unidos. Cabrera se está entrenando para hacer su tesis sobre las palmas y los cocos más antiguos en Panamá. Realizaron estudios de tomografía computarizada —una técnica no invasiva— para ver los detalles internos de la anatomía y morfología interna de los frutos, sin tener que cortar secciones de ellos y poder conservarlos.
Yinela Solís Mendoza, geóloga y exbecaria de la Senacyt, está empezando una maestría en Colombia, con Camila Martínez, coinvestigadora del proyecto que también ha estudiado la evolución de maderas fósiles de Panamá.
También participaron los doctores Fabiany Herrera y Diana Ochoa, coinvestigadores del proyecto panameño. Herrera, del Museo Field de Historia Natural de Chicago, ha estudiado la paloflora de Panamá y compartió su experiencia en la Formación Cucaracha en el Corte Culebra (Canal de Panamá) con fósiles de aproximadamente de 20 millones de años. “Hemos encontrado cocos, uvas, Heliconias, Humiriáceas y Anacardiáceas, familias que hay en Panamá hoy día, y otras plantas que venían de Suramérica, quizás de Asia y África y que se dispersaron”.
Ochoa, adscrita a la Universidad de Salamanca, colaboró con muestras de polen que rindieron buenos datos. En su presentación del Mioceno de Perú, Ochoa mencionó que, en los últimos 10 años, ha estudiado el origen y evolución de la corriente de Humboldt, una de las más ricas en peces del mundo, clave para la alimentación en Perú, Chile y Ecuador. Sus investigaciones muestran que, debido al cambio climático, esta corriente podría debilitarse, reduciendo la pesca y afectando a las comunidades costeras.
Los estudios han mostrado que zonas hoy desérticas antes albergaban bosques secos con especies que ya no existen allí. Esto se evidencia por fósiles de plantas y de animales, lo que permite reconstruir antiguos ecosistemas. En particular, en la cuenca de Pisco (Perú) se han hallado fósiles muy bien conservados de vertebrados como ballenas, pingüinos —incluidos los más antiguos de Sudamérica—, lobos marinos, cocodrilos y otros animales, revelando cómo las comunidades marinas han cambiado en el tiempo.
Los paleobotánicos son investigadores de fósiles vegetales, y al igual que los investigadores de una “escena de crimen”, recolectan indicios, usan el método científico, formulan hipótesis y reconstruyen un hecho en el pasado.
Para los científicos que estudian fósiles vegetales, la “escena” puede ser un bosque, formaciones rocosas, etc. Cuando encuentran un fósil, se registra la ubicación, se mide, se fotografía y se analiza con microscópicos y otros aparatos de imágenes en laboratorios. Otras técnicas permiten conocer la antigüedad estimada de los fósiles.
Con este material, los científicos pueden formular hipótesis para reconstruir cómo era el ambiente en ese tiempo, si hubo un evento geológico o meteorológico en el pasado, qué especies existían antes del surgimiento del istmo, y qué plantas colonizaron ciertos sitios. La información es útil para aumentar el conocimiento, elaborar publicaciones científicas, tesis y libros.
“Los fósiles nos ayudan a entender cómo se adaptaron las plantas a los cambios en la Tierra y, potencialmente, cómo se van a adaptar a los nuevos cambios climáticos”, dice Rodríguez Reyes.
El Dr. Carlos Jaramillo, investigador del STRI, apunta que el pasado es la clave del futuro. “En la medida que el clima ha estado cambiando, especialmente en las zonas tropicales, estamos en climas que el planeta no ha experimentado desde que los humanos aparecieron. Estamos entrando en climas nuevos. El registro fósil nos ayuda a entender el pasado geológico, el clima, la vegetación y cómo la biota se acomodó al clima del pasado”.
Jaramillo añade que la Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta importante para el estudio de las plantas fósiles de las zonas tropicales, donde la diversidad es gigantesca y un humano no se puede aprender la morfología de 20 mil especies diferentes. “Nos permite identificar un montón de cosas y construir librerías de fósiles. En Panamá hemos digitalizado la colección entera de polen que tienen 15 mil especies y hemos sacados como 70 millones de fotos de un millón de granos de polen diferentes. Es una nueva frontera que aplica a un montón de campos, no para reemplazar a la gente, sino para incrementar la productividad”.