‘Celebrábamos las pequeñas victorias’: el duro camino de una pareja frente a la infertilidad
- 25/07/2026 00:00
La infertilidad afecta a cerca del 15 % de los panameños, según especialistas. Expertos explican las principales causas, los tratamientos disponibles y la importancia del diagnóstico temprano, mientras una paciente relata el impacto físico y emocional del proceso hasta lograr convertirse en madre mediante reproducción asistida
Una vez terminado el matrimonio, hay parejas que sueñan con formar una familia. En algunas ocasiones, lo consiguen en pocas semanas. No obstante, otras tardan meses o años en lograrlo, hasta que deciden consultar con un especialista y reciben un diagnóstico devastador: que uno de los dos, o ambos, padece infertilidad.
Si bien en algunos casos la causa puede llegar a ser inexplicable, existen diversos factores que estarían detrás de la infertilidad, que, según cifras de la clínica de fertilidad y reproducción asistida IVI, afecta al 15% de los panameños.
Las causas de la infertilidad femenina pueden ser diversas, entre ellas la edad avanzada —ya que a partir de los 35 años disminuye el potencial reproductivo y, después de los 40, la probabilidad de embarazo es inferior al 10 %—; el factor tuboperitoneal, que consiste en lesiones de las trompas de Falopio; la endometriosis; y otros factores de riesgo, como los miomas, las enfermedades de transmisión sexual y enfermedades crónicas, entre ellas la diabetes, el cáncer, los trastornos de la tiroides, el asma o la depresión. Asimismo, el consumo de determinados medicamentos, como los antidepresivos, también puede influir en la fertilidad.
En cambio, entre las causas de la infertilidad masculina se encuentran las alteraciones del tracto genital, así como de la producción de semen, que se traducen en una disminución de su calidad y cantidad; las anomalías anatómicas y la obesidad extrema, entre otras.
El director médico de la clínica IVI, Saúl Barrera, explicó en entrevista con La Estrella de Panamá que la infertilidad es considerada una enfermedad desde el año 2010. Además de los factores ya conocidos, Barrera sumó otro que responde al contexto actual: la postergación de la maternidad.
“Hace dos generaciones nuestras abuelas tenían hijos antes de los 20 años; nuestras madres, entre los 20 y los 30. En cambio, hoy muchas mujeres deciden ser madres después de los 30, 35 e incluso 40 años. Biológicamente, el ovario sigue funcionando igual que hace décadas y, desde el punto de vista reproductivo, su función comienza a disminuir con la edad. Cuando a esa realidad se suman condiciones como la obesidad, la malnutrición, el síndrome de ovario poliquístico, los fibromas o la endometriosis, las posibilidades de lograr un embarazo disminuyen considerablemente”, desarrolló el especialista en medicina reproductiva.
En lo que se refiere a la búsqueda de un diagnóstico temprano, Barrera recomienda que aquellas parejas que hayan intentado concebir durante un año sin lograr el embarazo consulten a un especialista.
“Mientras más temprano se haga la evaluación, más rápido sabremos si el problema tiene una solución sencilla —como medicamentos, vitaminas o una cirugía— o si realmente requiere un tratamiento de reproducción asistida”, precisó.
En este sentido, los tratamientos de fertilidad no se limitan a la fertilización in vitro —una técnica de reproducción asistida que consiste en unir un óvulo y un espermatozoide en un laboratorio—, sino que también incluyen la inseminación artificial, la ovodonación —un tratamiento que utiliza óvulos de una donante sana para lograr un embarazo mediante fecundación in vitro— y la congelación de óvulos, entre otros métodos de reproducción asistida.
En cuanto al tratamiento de la congelación de óvulos, Barrera explicó que, si bien los óvulos técnicamente pueden congelarse a cualquier edad, la efectividad del procedimiento depende en gran medida del momento en que se realice.
“Lo ideal es hacerlo antes de los 35 años. Incluso antes de los 40 todavía puede ser una alternativa efectiva. Después de los 40 años el procedimiento sigue siendo posible, pero las probabilidades de que esos óvulos den lugar posteriormente a un embarazo disminuyen debido a la edad y a la calidad de los óvulos”, señaló Barrera.
La diversidad de tratamientos es un reflejo del avance que ha experimentado la reproducción asistida en las últimas décadas. Hoy, el objetivo no es únicamente lograr un embarazo, sino favorecer un embarazo saludable que llegue a buen término y culmine con el nacimiento de un bebé sano.
“Actualmente tratamos de reducir el riesgo de abortos, complicaciones obstétricas y partos prematuros. Un ejemplo claro es que hoy, en los tratamientos de fertilización in vitro, normalmente se transfiere un solo embrión, mientras que hace veinte años era habitual transferir entre tres y cinco. Esto permite disminuir la incidencia de embarazos múltiples, que tienen un mayor riesgo de complicaciones. Otro gran avance es el análisis genético de los embriones, que permite conocer si un embrión presenta una dotación cromosómica normal antes de ser transferido. Esto resulta especialmente útil en mujeres de edad materna avanzada”, analizó.
La especialista en Medicina Funcional y Preventiva, Carole Healy, resaltó en conversación con este diario que atiende con frecuencia, en su clínica Wellhaus, a parejas que buscan mejorar su salud metabólica para desafiar el pronóstico de la infertilidad. Problemas como la resistencia a la insulina, el sobrepeso y la obesidad también pueden influir significativamente en la salud hormonal y, por tanto, en la capacidad reproductiva.
“En mi consulta, uno de los principales motivos de atención es precisamente ese. Muchas pacientes presentan sobrepeso, resistencia a la insulina o el llamado síndrome ovárico metabólico poliendocrino, anteriormente conocido como síndrome de ovario poliquístico. Por eso, una de las primeras cosas que abordamos en consulta es mejorar el terreno metabólico mediante cambios en la alimentación, pérdida de peso cuando es necesario y otras estrategias para restaurar la fertilidad”, describió Healy.
En la mujer, la diabetes tipo 2 también puede ser una causa de infertilidad, mientras que, en el hombre, los niveles elevados de azúcar pueden afectar la calidad de los espermatozoides.
Healy sugirió además que la infertilidad debe abordarse de forma multidisciplinaria, incluyendo el tratamiento de la salud metabólica y, en algunos casos, el cuidado de la salud mental, ya que se trata de un proceso no solo costoso desde el punto de vista económico, sino también emocional.
“Ese proceso puede ser muy difícil emocionalmente. Muchas personas describen cada prueba de embarazo negativa como un pequeño duelo, porque representa la pérdida de la esperanza depositada en ese ciclo. Además, es una situación particularmente frustrante porque cada intento depende del paso de un nuevo mes. Cuando el embarazo no llega, la espera puede generar una gran carga emocional. También existen comentarios que suelen hacerse con buena intención, como decirle a una pareja que ‘deje de pensar en eso’ o que ‘cuando se relaje quedará embarazada’. Sin embargo, ese tipo de consejos suele ser poco útil. Cuando una persona desea profundamente convertirse en madre o padre, no es posible simplemente desconectarse de ese anhelo. En esos casos, el acompañamiento psicológico puede ser de gran ayuda para gestionar mejor las emociones durante el proceso”, dijo Healy.
Una paciente que logró concebir a un hijo mediante la fertilización asistida habló con La Estrella de Panamá, bajo condición de anonimato. Al enterarse de que tenía problemas de fertilidad y que necesitaría reproducción asistida, recibió un fuerte golpe emocional.
“Pasas por distintas etapas; no sé si llamarlo un duelo, pero al principio estás en negación. Luego empiezas a pensar cómo vas a pagar el tratamiento y, cuando finalmente te subes al ‘carrito’, aprendes a celebrar las pequeñas victorias. Es un camino de resistencia más que una carrera por llegar rápido a la meta. Al menos para muchas mujeres y parejas no es un proceso corto”, narró.
En su caso, el proceso comenzó cuando, después de un año intentando quedar embarazada de forma natural, le indicaron iniciar el protocolo de fertilidad, el cual tiene varias etapas.
“Primero me estimularon únicamente a mí y nos indicaron seguir intentando de forma natural. No funcionó. Después pasamos a la inseminación artificial y tampoco dio resultado. Entonces comenzaron a estudiar a mi esposo y descubrimos que él también tenía problemas de fertilidad. En ese momento todavía desconocíamos todo lo que ocurría conmigo. En estos procesos se va de menos a más. Cada vez que aparece un obstáculo, además de la frustración y el llanto, uno se pregunta si realmente podrá ser madre o si simplemente terminará siendo una pareja que viaja y vive sin hijos. Incluso llegas a cuestionarte muchas cosas y hasta a enojarte con Dios, si eres creyente”, prosiguió.
Después de que la inseminación artificial no funcionó, inició su primer ciclo de fertilización in vitro. Ella y su esposo lograron obtener varios embriones e hicieron varias transferencias, pero ninguna funcionó. Sin embargo, cada fracaso también permitió descubrir más sobre su situación médica como pareja.
Gracias a esos intentos supieron con mayor precisión cuáles eran los problemas médicos que tenían tanto ella como su esposo y, tras cambiar de especialista, finalmente lograron el embarazo en el primer intento.
En ese lapso, también descubrió que tenía un problema en su útero. “Tuve que someterme a una segunda cirugía —ya me habían operado una vez con el primer médico— y, una vez resuelto eso, realizaron la transferencia embrionaria. El embrión se implantó correctamente y hoy ya tengo a mi bebé”, recordó.
Lo fundamental en su proceso fue el acompañamiento emocional y, sobre todo, mantener una comunicación fluida y constante con su esposo y su familia.
“A nivel emocional sí puedo decir que, en mi caso, me aislé mucho. Mi propio cerebro bloqueaba determinadas situaciones. Por ejemplo, si una amiga hacía un baby shower, inconscientemente lo evitaba. Recuerdo una anécdota: yo misma diseñé la invitación para el baby shower de una amiga. Llegó el día del evento y simplemente se me olvidó asistir. Tenía un asado familiar en mi casa y tuvieron que llamarme para recordármelo. No creo ser una persona tan despistada; siento que mi mente simplemente bloqueó ese momento. También entras en conflicto contigo misma. Me sentía mal porque otras personas cercanas ya tenían hijos o quedaban embarazadas y yo no. Entonces aparecía un sentimiento que no sé si llamarlo envidia o tristeza, pero uno se siente culpable incluso por sentirlo. No es algo consciente y eso también duele. La psicóloga me ayudó a entender que esa reacción era completamente normal porque, de alguna manera, estaba viviendo un duelo constante”, narró.
El principal mensaje que deja para las mujeres que atraviesan un proceso similar es que comprendan que la infertilidad no se resuelve de un día para otro.
“Les aconsejaría expresar siempre cómo se sienten, especialmente con su pareja, y buscar acompañamiento psicológico. Ese sentimiento que muchas veces llamamos envidia, pero que en realidad es tristeza, puede generar mucha culpa. Es importante entender que es una reacción normal”, señaló.
Asimismo, recomienda asumir un papel activo durante el tratamiento, involucrándose en cada etapa del proceso y entendiendo que el éxito no depende únicamente del especialista, sino también del compromiso y la participación de la propia paciente y de su pareja.