Gioconda Belli: salvada por las palabras

Gioconda Belli es autora de novelas como ‘La mujer habitada’, ‘Sofía de los presagios’, ‘El pergamino de la seducción’ y ‘Waslala’.
Ha obtenido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Internacional Carlos Fuentes al conjunto de su obra.
Gioconda Belli conversa con su colega Juan Gabriel Vásquez (Colombia) durante el Centroamérica Cuenta 2025 en Guatemala.
  • 01/03/2026 00:00

Gioconda Belli conversa sobre sus años luchando contra la dictadura de Anastasio Somoza, sobre el régimen actual en su Nicaragua actual y valor de la imaginación literaria en su vida

Cada obra de Gioconda Belli es el resultado de un momento clave en la vida de esta escritora nicaragüense, quien reside exiliada en Madrid desde el 2023 por ser una abierta crítica al gobierno de Daniel Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Su principal materia prima es la memoria. La suya, la de otros, la de todos. La va llenando y la va construyendo hasta convertirse en ficción. “Los escritores somos ladrones de experiencias. Andamos siempre observando. Me emociona mucho pensar que los seres humanos desde el principio de los tiempos hemos tenido esa necesidad de contarnos. Desde Homero nos vamos dando cuenta de cómo nos parecemos. Y por eso es que podemos relacionarnos con la literatura y a través de ella vivir vidas alternas”.

Piensa que la imaginación literaria seguirá teniendo el poder de transformar a la sociedad. “Nos recuerda que tenemos humanidad, que tenemos ese vínculo entre los seres humanos que nunca pasa, que lo hemos vivido juntos y que somos parte de una enorme cadena de personas que estamos compartiendo y ese compartir es lo que hace la literatura. A mi me ha salvado la literatura”.

Pone como ejemplo su novela La mujer habitada (1988). “Yo sentía que mi poesía era muy autobiográfica, que no reflejaba toda la experiencia colectiva en la que había estado inmersa. Es un poco los antecedentes, que para mí eran muy importantes, de la historia de América Latina. La presencia indígena, lo que significó la colonia española para tanta gente. Hay una mujer que lucha contra una dictadura y otra que lucha contra la colonia y ambas se juntan. Ambas tienen una necesidad de participar, de ser parte. Y como son mujeres, tienen que combatir obstáculos de gente que no las deja participar”.

Mientras que su autobiografía El país bajo mi piel (2001) es lo que recuerda. “No toda mi infancia o adolescencia, es más sobre el periodo de 1970 hasta principios del 2000. Donde cuento cómo fue que me involucré en la revolución sandinista (que derrocó a Anastasio Somoza en 1979). Cuáles fueron los grandes hitos del Sandinismo hasta que perdió las elecciones (ella se desvinculó del partido Sandinista en 1993). Cómo me enamoré de un periodista norteamericano y me fui a vivir a Estados Unidos porque no quería ver cómo se destruían todo lo que tratamos de hacer”.

La familia

Vayamos a su libro de ficción más reciente: Un silencio lleno de murmullos (2024). En 2020, cuando llegó la pandemia, la encontró en Nicaragua. Pensó que bajo esta nueva circunstancia -en que los habitantes del planeta se detuvieron- habría tiempo de sobra para escribir. “Pero era tanta la angustia de la gente que se moría, que empecé con tumbos este libro”.

“Lo inicié varias veces hasta que la novela empezó a funcionar, a recoger un poco esa historia de la desilusión hacia el sandinismo. La idea fue: ¿Cómo cuento esta entrega a una causa y que de repente todo eso se deshaga? Se deshizo por el efecto de las mismas personas que estuvieron en la Revolución y ahora se convirtieron en personas que quieren retenerse en el poder y donde el poder es más importante que todo lo demás”, rememora durante un conversatorio digital organizado por Centroamérica Cuenta, festival que estará en Panamá del 18 al 23 de mayo de 2026 de la mano del Ministerio de Cultura y que tendrá entre sus invitados a Gioconda Belli.

Sabe en carne propia que los hijos son quienes terminan afectados por las decisiones de sus padres. “Con esa idea empecé esta novela. Yo tuve cuatro hijos (Maryam nacida en 1969; Melissa, 1973; Camilo, 1978 y Adriana, 1993). Y los tres primeros vivieron la Revolución conmigo y viví el tiempo después de la Revolución con todos. Mi entrega y mi lucha a ese proyecto me afectó como madre porque chocaba con el tiempo que mis hijos querían que les dedicara. Quería hacer en esta novela un reconocimiento a esos otros sacrificios que no se cuentan en la historia en mayúscula: los sacrificios de las familias”.

En Un silencio lleno de murmullos una madre se aleja de Nicaragua y llega España, donde muere de añoranza en medio del Covid-19 que obliga a todos a encerrarse. La hija llega al nuevo hogar de su progenitora a recoger sus cosas y allá desierta los recuerdos en común.

Es cuando ocurre una serie de acontecimientos a través de los cuales la hija encuentra a una mamá que le es desconocida. “La va descubriendo en su intimidad. Porque siempre las madres guardamos una distancia relativa con los hijos. No les contamos todo. Aunque traté de contarles casi todo a los míos. Pero hay esa casi imposibilidad de conocer la verdadera esencia de la madre o el padre de uno. Son figuras que juegan un papel importantísimo en nuestras vidas y que sin embargo son lejanas”.

Un silencio lleno de murmullos le permitió a Gioconda Belli revisar su pasado inmediato: las protestas sociales en Nicaragua en el 2018 contra el régimen, la llegada de la pandemia y perderlo todo en su país en el 2023 (su nacionalidad, sus propiedades, sus ahorros). De alguna manera se encontró que debía hacer cuentas sobre la Revolución, el hecho de residir en otra parte y el exilio forzado.

Por eso aconseja no sentir presión si sentimos que no hemos logrado cambiar el mundo “porque eso toma mucho tiempo. Eso lo aprendí en la Revolución, teníamos esas ilusiones tremendas de que íbamos a lograr cambiarlo todo y no pasó. Pero esos sueños son importantísimos, aunque no se cumplan en el tiempo que nosotros vivimos. Y eso hay que entenderlo”.

¿Qué sueños tiene por cumplir? “Un Afganistán libre para las mujeres. Y además las mujeres, mientras más poderosas nos pongamos, mejor va a ser este mundo. Ver la paz en Ucrania y Gaza. Un mundo menos cruel, más solidario y más empático. Vamos a llegar a eso, aunque yo no lo vea. Vamos a pasar un tiempo malo, sobre todo hasta que nos acostumbremos a las nuevas tecnologías y que estas no nos consuman el cerebro y que las nuevas generaciones aprendan la sabiduría de ver el mundo y de no estarlo viendo a través de un aparatito”.